Full text of "SER 03"
«ONIJOWN ONVIAVIA,.
7
SS
sp
ÓN
Dd)
ts
S
a
a)
N >
a
o SS
Se
ES)
JON VIMOS] Yi 30 OGVIOSHHOJA 130 SOSANY SOT 34 VISIMA
Argentina
República -
Hecho el depósito que marca la Ley
Printed in Argentine
Impreso en la Argentina
Revisia de los Cursos del Profesorado de la Escuela
Normal "Mariano Moreno” de C. del Uruguay
Director
Roberto A. Da rodii
Secretario
Alberto J. _Masramón
Consejo de Redacción
Darío Dereti Eduardo Ciqueaux
Miguel A Gregori Héctor Izaguirre
ANO 1 - 1964 - No, 3
Concepción del Uruguay (Entre Ríos) República Argentina
CURSO DEL PROFESORADO
N:D dC E
Rector
A o Hacia una nueva visión de la realidad
Vice Rector por Juana Alicia Angió de Chappuls ...<..-. «o .ooooo.o... Y
Abel U. Mercado
Lo Biográfico en la poesía de Horacio
Cuerpo Consultivo por Miguel «Añgel -Andrestió. Joel es ada ee AAA 17
Berta Lorenzón
Alberto J. Masramón Tres poesias de Ana Emilia Lahitte... ............... 29
Roberto A. Parodi
AS ol Política Sentafesina para 1867. Oposición a Nicasio Oro-
ño derivaciones de la campaña Presidencial
Profesores por Manuel! E. Mucdhi. <a a do NA de 33
Castellano y Literatura Historia Reseña sobre tres famosos problemas Geométricos
Calle Harry Adolfo Masramón Alberto Jaime por Gaeilambora)' ya peda aa o cb al conos ORO pr 43
Izaguirre Héctor César Gregori Miguel Angel
Izaguirre Crispina P. de Macchi Manuel E. > ;
Laharnar Nadislava Urquiza Oscar Fernando Dos poesias de Emma E. de Cartosio.... .......«...... 47
Parodi Roberto Angel
Rodriguez Miguel Angel
Masramón Alberto Jaime
Seguí Amalia A. de
Martín Nélida Nelly G. de
López Salvatierra Abel
Gonella Miguel Angel
Filosofía y Pedagogía
Calle Harry Adolfo
Chappuis Alicia A, de
Díaz Abal Héctor Alberto
Pleitas Elsa
Giqueaux Eduardo Julio
Gonella Miguel Angel
Laurencena Victor Tomás
Martín Nélida Nelly G. de
Montliglia María Victoria A.
Poretti Darío
Petrone Hugo César
seguí Amalia A. de
López Salvatierra Abel
Masramón Alberto Jaime
Dachary Frank
Áste Lilia Alcira S. de
Vernaz Celia E.
Gonella Miguel Angel
López Salvatierra Abel
Seguí Amalia A. de
Martín Nélida Nelly G. de
Matemática Física y
Cosmografía
Carulla Félix Omar
Duprat Leda Margot
Lombardi Gino
Lorenzón María Berta
Martinez Antonio Gabriel
Miró Juan José
Pascal Hugo Alberto
Pepe Miguel Angel
Rivero Blás Alejandro
Seguí Amalia A. de
López Salvatierra Abel
Martín Nélida Nelly G. de
Gonella Miguel Angel
Los personajes de La Caída
por Enriqueta M. ide La Nasal. Qe on. cra 2 e 0 52
La Escuela Nueva
AO María del Pilar Piernas: .... .ocoooooono.s ren caso Ól
Algunas concepciones actuales de Fenomenología Estética
A O AS 69
Apuntaciones sobre El Jordanismo
par . Urquiza Almandoz...¿=:. «co .e.o=... AS
Diálago inédito de Ana T. Fabani
pur Ano lema Fabani Rivera...........- O 101
Cimábal Colón
A NS 103
NOTAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRAFICOS
Homenaje a la Escuela — El Surrealismo por Roberto A. Parodi
Un personaje de <La Gloria de Don Ramiro» por Miguel Angel
Rodriguez -— Alejo Peyret Publicista por Sara Elena Bruchez — Pre-
sencia Revista del Instituto N. del Profesorado de Paraná por
Alberto J. Mastamón — Navidud y Poesía por Roberto A. Paradi
Derecho a «Juir» por Carlos Alberto Roca — Filiberto Reula
«Historia de E. Ríos» por Celomar José Argachá.-
HACIA UNA NUEVA VISION
DE LA REALIDAD
por JUANA ALICIA ANGIO DE CHAPPUIS
Inseguridad.- Confusión - Temor a lo desconocido - A pesar
de los cálculos del Credo materialista, una crisis que parece total, sacude
los cimientos de la civilización.- El mundo espiritual se desploma; se
derrumban apoyos hasta hoy tan sólidos, los principios incontestables
de la ciencia y la moral han sido sacudidos y una angustia secreta
limita la mirada y la hunde en el tono gris de una época muda,
ensordecida por lo material y externo.- Pero un nuevo Moisés desciende
de la montaña, ve la danza en torno al Becerro de oro y a pesar
de todo, entrega a los hombres la sabiduría que trae para ellos -
Es que a despecho de la ceguera y el caos, la vida del espiritu
asciende y avanza con fuerza irresistible, no siempre percibida.- Es artista
el que escucha el llamado, y aunque en sus expresiones refleja la
sombria imagen del presente, allí también deja presentir la grandeza
del futuro.- Conciente de la crisis espiritual de su tiempo aparta la
mirada de las contingencias exteriores, de los contenidos sin alma, y
la vuelve sobre su interior, porque solo allí encontrará todo cuanto
lacilita la libre expansión de las tendencias y aspiraciones inmaterialistas,
mpecilicamente espirituales.- Con una potencia de “visión” misteriosa-
mente Iinfusa en él, ve y hace ver, ese es su don sublime al servicio del
sspiatu Su fuerza proléctica de advertencia, mos conduce por un mundo
lantoslico, pora mostramos de los objetos, no sólo la materia repro-
Aueida tal cual. sin Imaginación, sino también aquello que la trasciende.-
Liesle que manifiesta en lo manera que le es propia, su intima
pepenencia y la potencia de emoción que la hace comunicable a los
demos el ode conduce a la Humanidad por el camino a cuyo término
E
encontrará el fermento espiritual de su renacimiento - Concientemente
o no, sigue el “conócete” de Sócrates; concientemente o no, se vuelve
cada vez más hacia esta esencia y escrutando sus imponderables
elementos, surgirá la creación.-
Frente a los agudos interrogantes de nuestro tiempo, el arte se
halla en la búsqueda de una respuesta - Su meta: la desmaterialización
del objeto concreto, captar su contenido espiritual, y expresarlo clara=
mente para elevación del espíritu: para el arte y en este sentido no
hay fortaleza inconquistable.-
Veamos de qué manera la “intuición artistica actual” logra tan
dignísimo propósito.- El análisis del problema conceptual nos propor-
ciona los fundamentos.- Ordinariamente se piensa de tal manera “el
procaso” que determina la creación de una obra de arte, que se presume
que al abandonar hoy el modelo vivo o inerte, el arte amenaza con
sucumbir.- Sin embargo, es preciso admitir que de los famosos yesos
sólo se pueden extraer formas hechas que aunque válidas, inmovilizan
el espíritu creador; lo mismo sucede con los modelos vivos, si el ar-
tista se limita a registrar lo que ve, sin recrear en la forma lo espirituol
del modelo,- El método legítimo en cambio procede a la inversa: parte
del espíritu y no de las formas, como hacen los niños que inconcien=
temente, van encontrando los medios de expresión a medida que madura
en ellos lo que quieren expresar.- Claro que aquí no se trata de
imitarlos, sino de descubrir de esa ingenua posición, una verdad que
que por muchas razones se nos oculta a los adultos.- El verdadero
artista trabaja como los niños: la naturaleza animada o inanimada
sólo le proporciona los medios para dar vida a una expresión que
surge de su propia subjetividad, es decir que en el mundo concreto
encuentra “el apoyo” que necesita para expresarse.-
Ahora bien: cuando por medio de la representación de algo
concreto, se exterioriza una expresión que nace y se desarrolla en la
intim.dad del artista se ha logrado un equilibrio entre «Suieto» y «Oojeto».-
Nosotros por ejemplo, cuando nos sentimos presa de una emoción,
buscamos en el repertorio de nuestro idioma las palabras adecuadas,
para comunicarla,- Así tambien el artista busca formas adecuadas,
que lo serán en la medida que respondan al sentimiento que lo em-
barga, como así también al sentimiento que deben provocar en quien
las complete.- Es decir, que el creador descubre el sentido de su men-
saje en si mismo, nunca en los modelos, las cosas que representa le
sirven sólo para determinar o perfeccionar un contenido preformado.-
La mera representación implica substituir una cosa por otra, y
el artista nunca substituye, lo que siente no es la cosa que representa,
sino una “emoción condensada en una idea, que para expresarla se
apoya en la imagen de la cosa.-
AE
Analicemos la cuestión desde «el objeto»: cuando buscamos las
palabras que expresen nuestra emoción, estas se nos dan ya hechas
según una gramática, y constituyen la objetividad en la que me apoyo
para expresar mi emoción.-
El artista del pasado por su parte, encuentra su sistema de [or-
mas objetivas en la Naturaleza, y gracias a ella el sentimiento de la
vida pudo ser comunicado a quienes no podrían captarlo sin esas
formas conocidas.- Es decir que todo el juego de la expresión antistic 1
reside en esta relación entra el sentimiento y la concepción de vida del
artista «a subjetvidad», y los medios con que la expresa «la objetividad»
Por otra parte sabemos que un artista piensa, quiere, sabe, etc como
miembro de una comunidad, es decir que sus contenidos subjetivos
se nutren en contenidos objetivos, sin que esto signifique negarle sub-
jetividad: hasta la imaginación, que parece genuinamente subjetiva,
crea objetividades que subyugan al artista, como lo prueba la perma-
nencia de ciertas formas temáticas que originan la unidad de estilo
de cada época- De todos modos lo que queremos dejar sentado, es
que «la representación no es más que el apoyo para una idea del
mundo», de ahí el valor relativo de la imagen en el arte del pasado -
Revisemos ahora la palabra «realidad» suscita confusiones por
que implica una heterogeneidad de situaciones.- En la realidad todo
es cambiante, y como el hombre no se conforma con indecisiones,
trata de condensarla en la multiplicidad de formas que llamamos cul-
turales.- El artista intenta detener ese río de aguas turbulentas y su
esfuerzo será legítimo si logra, que toda la realidad quede encerrada
en la imagen que la expresa como tal,- Así se da el caracter «simbólico»
del arte, ante el cual debe sentirse que la realidad ha sido construida;
no presentada, sino ordenada segun la espiritualidad y la vitalidad que
le dan un sentido absoluto que ella misma no posee más que en
potencia.- Este es el único y verdadero valor de la imagen artistica -
El mundo puede ser expresado sí en la imagen representativa de
un niño, una Virgen o un paisaje, siempre que estos copoyos materiales
cobren tanta vida interior, tal pujanza de movimientos en una palabra,
tal energía de trascendencia, como para sentir en pres=ncia de esas for-
mas, no el apoyo material, sino el simbolo de vida que la transforma.-
Aunque el artista del pasado se haya fundado en aspectos fenoménicos,
superficiales, el espíritu que fluye de sus obras pertenece a una realidad
profunda, dominada por principios de caracter metafísico.- Porque el
arte vive siempre en el espíritu y no en la materia.- Por otra parte,
si la imagen representativa constituya la palabra desnuda sobre la cual
el artista conforma su expresión podemos concluir que todo acto de
creación se ejerce sobre un fondo de «conocimiento», estético por
10
supuesto porque requiere una alta dosis de fantasla.- En este sentido
analicemos primero la actitud de un artista que llamamos «naturalista»
porque se adhiere a los objetos que representa; resuelve la antinomia
materla y forma en un monismo materialista: es decir, que su deseo
de ordenar la vida según términos de perfección, mo lo concibe como
ajeno a la materia. Cede a la tentación de caracterizar su concepción
de la naturaleza por medio del conocimiento que tiene de ella: como
sólo capta cosas individualizadas, crea por lo tanto formas particulares.
No obstante, es creación, no mera imitación, porque logra conformar
de tal manera las imágenes, que el espíritu del contemplador capta
en cada una de ellas, otra vida latente, una armonía implícita en el
todo. Es innecesario aquí destacar que para que se de la posibilidad
de captar esa ormonía, es imprescindible una fuerte dosis de sensibi-
lidad y fantasía.-
Ahora bien: el artista que escoge esos objetos concretos esperando
encontrar en ellos la armonía que ha de expresar, obedece sin saberlo
a «un exigente apriori», una idea de la realidad que es unívoca por-
que es metafísica, aunque la exprese con trozos de realidad maternal.
Si el artista no poseyera esta idea previa no encontraría nada en los
objetos que elige, porque en sí mismos estos objetos carecen de espi-
rituz esto le pasa al mal naturalista, que aunque acumula notas des-
criptivas increíbles sólo crea formas muertas, porque como carece de
una síntesis espiritual propia, es incapaz de construir con esos datos el
armazón de una realidad viviente. Es decir que la naturaleza sólo
presenta objetos perecederos, y el arte, naturalista en este caso, cambia
el valor inmanente de un objeto cualquiera en el valor trascendente
de la imagen artística: lo perecedero se vuelve imperecedero, lo par-
ticular se vuelve general, En consecuencia lo que se goza en sus obras
no es la realidad objetivada, sino «la expresión de una subjetividad» que
avasalla tanto la materia como la forma.-
De lo anterior podemos concluir: la experiencia pura, la «tabla
rasa» de Locke no existe: el artista selecciona en el conjunto que ob-
serva, y realiza una síntesis mental que implica generalización y que
se condensa en un «esquema abstracto».- Á este esquema mental el
naturalista lo mantendrá como esqueleto de la imagen, pero lo vestirá
con la materia para que subsistan las particularidades fundamentales,
Si es no-naturalista, o reducirá esas notas al mínimo o se quedará
solamente con el esquema. En el 1% caso será una forma abstracta
materializada, mientras que enel 2 caso será cada vez más abstracta
a medida que se vaya desprendiendo de la materia.-
RES
De modo que no es la experiencia la que permite al artista
transformar un objeto en imagen, es la «inteligencia» que al desdeñar
lo cualitativo. descubre la armonía de lo cuantitativo y transforma el
mundo fenoménico en una «conciencia de relaciones». Estas reflexiones
se encuentran ya como en potencia en ciertos pensamientos de Platón.
Había dicho: “Los sentidos solo perciben lo que pasa; el entendimiento,
lo que permanece”. ¿Concepto que coincide con una afirmación de
Broque, uno de los iniciadores del arte actual: “Los sentidos deforman,
el espiritu construye”. El tan discutido Picasso tambien afirmó: “Desea-
mos pintar las cosas que descubre la inteligencia no como aparecen
ante nuestros oros, sino como las ve el espíritu”.-
Insistimos: si esa «conciencia de relaciones» se ejerce sobre un
obieto particular, se tendrá una idea particular que queda adherida
al objeto. pero si en cambio se extiende para incluir toda forma o
tamaño posible de ese objeto, la idea será más general, en un plano
de absoluta abstracción.-
El naturalista parece sujeto nada más que a la experiencia por-
que se detiene en la idea particular, mientras que el no-naturalista
busca la idea general que puede conducirlo al abandono total del
obieto. En este sentido es posible distinguir: 1) el artista que al repre-
sentar cosas concretas funde la idea en la materia y la particulariza
y 2) el artista que puede o no representar las cosas, pero que lo que
quiere expresar es la idea que las generaliza. A este último Romero
Brest lo llama «ideativo», por oposición al naturalista que se apoya en
la experiencia, aunque en ambos hay abstracción. Es oportuno aquí
destacar el sentido relativo de la palabra «idea» cuando se la emplea en
el dominio del arte Según los filósofos es general, inespacial e intem-
poral, pero vimos cómo en el arte figurativo queda adherida a la
materia particular, al objeto que representa; es que el acto mismo de
la creación artística, no participa de los caracteres rigurosos que la
Lógica da a la idea, porque escapa hacia la fantasía buscando la
universalización en un «algo más».-
Pues bien: esta «actitud ideativa» en las artes plásticas actuales
trae como consecuencia, ante todo, la exclusión de lo material, tanto
desde el punto de vista del objeto a representar, como de los ele-
mentos de que se vale el artista; exclusión relativa por supuesto, porque
sin un mínimo de materia no puede existir una pintura o una escultura,
Además, es evidente la tendencia a obtener formas objetivas recha-
zando los elementos de particularización, para dar cabida a un orden
mental que trata de imponerse por sí mismo como esquema desma-
19
terializacio, Tenemos ya en el pasado un proceso de abstracción similar,
en los dibujos de los niños y los salvajes. En ello hay abstracción en
la medida que no crean sus formas según las características de las
cosas que representan, pero eso sí, no está presente el deseo de ob-
tener formas mentales, sino de dar salida a una fantasía subjetiva que
encuentra su apoyo en los datos de observación. Esta actitud de los
niños y los salvajes con respecto a los grandes artistas actucles, tiene
de común que tratan de objetivar por medio de la forma, una imá-
gen que procede de su subjetividad fantástica. Y esta objetivación
parece responder a una síntesis preformada en el creador: en esa
medida se los puede llamar abstractos.-
Bien, hemos visto que «la subjetividad» es la nota esencial que
hace tan compleja la creación. Que es la «subjetividad»? Sería muy
fácil reducirla a un acuerdo entre sujeto y objeto ya absolutamente
formados, pero no lo están. Por una parte la subjetividad se deter-
mina cuando encuentra la manera de exteriorizarse mediante formas
objetivas, y estas por su parte, que no existen antes de la creación,
son inventadas por el artista. Sin embargo no todo se reduce a sujeto,
para no caer en un psicologismo, debemos distinguir, antes de seguir
adelante, lo que es un sujeto y lo que es subjetividad. «Sujeto» es el
hombre individual, cuerpo con alma y un espíritu que lo endereza
hacia el logro de valores absolutos, tiñendo toda su personalidad. «La
subjetividad,» en cambio, es la vasta zona en la que se da un inter-
cambio con el mundo objetivo. El espíritu, en su aspiración de valores
absolutos, se apropia de elementos objetivos para objetivarse, y en la
medida que se objetiva, el sujeto se perfecciona y se vuelve persona.
Cuando el sujeto no sólo recibe, sino que elabora y modifica esas
formas objetivas, se produce lo que llamamos cultura. Es decir, que
no se trata de un subjetivismo cerrado, sino que el sujeto está domi-
nado por lo objetivo, que no sólo lo conforma, sino que lo lanza a
la búsqueda de lo perfecto.-
En los períodos de cristalización espiritual cuando la vida se
construye sobre la certeza, predomina lo objetivo, y en lo objetivo el
hombre se apoya con suficiente fe como para lograr armonía entre el
mundo concreto y su subjetividad emotiva: se siente afirmado plena-
namente en sus relaciones con su ámbito, Pero cuando hay crisis, cuando
ni la Religión, ni la Filosofía, ni la Moral ofrecen solidez, es el mo-
mento en que el hombre vive la urgencic de afirmarse en su subieti-
vidad. Y es entonces que se plantea en el artista el conflicto entre lo
que quiere expresar y los medios de que dispone para expresarse, porque
E
el lenguaje vigente hasta ese momento se ha derrumbado. Desde hace
más de medio siglo asistimos precisamente a este conflicto y por pri-
mera vez en la Historia del Arte se rechaza la figuración objetiva, el
motivo, el tema, todo lo material como algo extremadamente definido,
con la pretensiór. de liberar la subjetividad. “La tragedia —dice Cocteau=
no consiste en pintar un tigre devorando un caballo, sino en establecer
entre un vaso y la moldura de un sillón, relaciones plásticas capaces
de conmover sin la participación de la anécdota”. De ahí que des-
aparece totalmente la temática tradicional y se reemplaza por estruc-
turas que el pintor inventa para expresar un plasticismo abstracto. La
belleza no reside en la interpretación dé un objeto existente o no, sino
en el juego de relaciones que se descubre en la imágen creada. Por
eso un cuadro de hoy, se transforma en una metáfora de líneas, ma-
sas y colores, un verdadero jeroglífico interpretativo.-
A principio de este siglo fueron grupos, cuando no hombres
aislados los que comenzaron a sentirse molestos por tener que emplear
formas que no correspondían a su modo de intuir la realidad, y en
su propia intimidad sintieron la necesidad de revelarse. Se afirmaron
en la subjetividad como en una más rica elaboración de contenidos
emocionales, el necesario y verdadero punto de partida de la creación
artistica Si tenemos presente que aún en el pasado las formas repre-
sentattvas tuvieron un valor relativo y que lo auténtico y legítimo en
arte es la concepción espiritual, no debe preocuparnos mucho la de-
saparición total de lo material en el presente.
Ahora bien: Cual es «el estado actual del espíritus para justificar
ese giro de la subjetividad que rechaza el apoyo? Que ha sucedido
en nuestro tiempo? Así como la idea del mundo en la Edad Media
se funda sobre el conocimiento teológico y en la noción de trascen-
dencia o en el mundo modemo prevalece el pensamiento físico ma-
temático que da lugar a una concepción mecanicista de la naturaleza,
cuyo centro no obstante es el hombre; o que la idea del siglo XIX se
funda en las ciencias naturales que ordenan el mundo según el prin-
cipio de causalidad; del mismo modo la idea de nuestro tiempo se
está construyendo en base al pensamiento matemático que aspira a
una objetividad racional, y al pensamiento psicológico que tiende a la
objetividad de lo irracional, tan abstracto uno como otro en el sentido
de desmaterializado. Por otra parte, la vida modera es esencialmente
urbana y sabemos que no es lo mismo vivir entre árboles. piedras y
nubes que entre habitaciones cúbicas. La consecuencia es una oposi-
ción a la naturaleza y una desestima de la experiencia.-
E A
Abrumado por la velocidad y el tiempo útil, el hombre pierde
la relación sensible con las cosas. Esta lucha contra una interpretación
naturalista de la realidad la iniciaron las ciencias, sobre todo la física
y la matemática que nos presentaron un mundo ampliado en sus di-
mensiones, ajeno a las leyes de la experiencia, que se rige sólo por
leyes abstractas de rigurosa formulación matemática. Aun más, los
científicos ni siquiera pueden afirmar que este mundo coincida con el
de nuestra experiencia sensible. La técnica por su porte, que pone en
acción esos principios, nos impone sus modos de concebir el mundo
y la vida. En definitiva, el presente está regido por ideas que deter-
minan una nueva actitud metafísica, una nueva actitud ética, uno
nueva concepción vital El mundo empírico y sentimental del siglo XIX,
se transforma en un mundo abstracto y de emotividad dirigida, que con-
figura una época que no puede ser expresada por medio de imágenes
representativas: es obvio que resultan insuficientes cuando se quiere
dar cuerpo a una concepción de vida que excluye la experiencia. Des-
vanecido el misterio de lo que existe objetivamente, hoy crece el mis-
terio de lo que sólo puede preveerse con instrumentos de precisión mate»
mática. Este mundo nuestro no puede hallar un símbolo en el retrato,
el paisaje o la naturaleza muerta, necesita imágenes de la fantasía
menos empírica, pero si más precisa. El artista deberá encontrar otras
formas que expresen su objetividad. Pero este no es el unico problema
por que lo que se ha modificado es el «carácter de la expresión»
espiritual: No se trata de escamotear el objeto, expresar lo mismo que
expresó el naturalismo. La exigencia esencial es, reemplazar la forma
representativa por otra suficientemente objetiva como para que sea
comprensible la nueva actitud, de otro modo la subjetividad no sería
expresiva.
Es preciso que esa forma adquiera la fuerza de simbolo de un
sentimiento de vida tan genuino, tan amplio y profundo por lo menos
para su tiempo, como para que los demás adopten la imágen creada
sintiéndola como si le perteneciese. El artista debe expresar una idea
del mundo con elemento comunes que hacen del arte un lenguaje,
ya que el mismo es un instrumento que recoje los modos de sentir la
vida comunes a los demás hombres. Arte es «la objetivación de la
subjetividad», en la medida que el sentimiento infundido a la imágen
creada rebasa la individualidad del creador. Si en el arte actual se
eliminan los objetos del mundo visible es para responder a un «apriori»
emocional que solo puede ser simbolizado por formas que aludan a
un espacio y un tiempo trascendentes, abstractos. Se buscan símbolos
PAM, (APA
que expresen lo universal y eterno, porque lo que se quiere expresar
es el cosmos, r.o el pequeño mundo de nuestra experiencia cotidiana.
Con fuerza de emoción se siente que el espíritu es algo que fluye hacia
el infinito, aquí esta presente la nueva física y el placer tan moderno
de volar y correr.-
Es un arduo problema encontrar «el lenguaje» que exprese esa nue-
va objetividad. En el arte plástico actual por ejemplo, quien dice abstrac-
ción dice «geometría». Parecería no del todo lícita la denominación, ya que
la geometría es ciencia Je conceptos, exacta, y aplicar sus principios
para reducir la cabeza de un hombre a un cube, significa desnatu-
ralizarla. Pero sí en combio hablamos de una ciencia que generaliza
las experiencias sensibles, de una geometría que subyace en lo empí-
rico, legítimamente puede proporcionar formas con el mismo carácter
de objetividad que poseen las formas figurativas; al prelerirlas queda
claramente establecida la voluntad de expresar un mensaje espiritua]|
subjetivo que no necesita nada orgánico para existir. Huyendo de la
tiranía de lo sensible se recurre a lo geometría, no para deformar lo
sensible y material sino para crear estructuras precisas con rigor abs-
tracto. Á quienes la producen se les lluma inadecuadamente «abstractos»,
otro grupo en cambio exige con mayor acierto que se les llame «con-
cretos». Abstractos, por que inventan formas sin significación objetiva,
esquemas mentales que no se fundan en objetos visibles: repetimos,
aquí abstraccción no tiene la significación que le damos en lógica,
porque sería dejar de lado lo esencial de la creación: intuición y fan-
tasía en la visión metafísica del todo. Si se llaman concretos, es porque
afirman que no hay nada más concreto en el arte que los elementos
plásticos cuando no son empleados por la representación de un objeto.
material. Un punto, un plano, una línea son concretos en sí mismos,
mientras que la imágen representativa es siempre abstracta, lo único
concreto es el objeto representado en su estado natural. Es mucho más
elevado representar la naturaleza en lo esencial, que copiarla en sus
accidentes y particularidades. Se reduce al mínimo el carácter material
de las obras, empleando elementos geométricos de escaso cuerpo: Punto,
Línea, plano. Se le objeta ser un arte geométrico, pero entendemos
que en principio arte y geometría se excluyen mutuamente. Por otra parte,
si se emplea la geometría, esta constituye sólo el instrumento, nunca
el ideal. Cuando se disponen los puntos, lineas y planos en una es-
tructura, es la fantasía la que concibe ese juego de elementos, no una
ley geométrica, por que no se trata de hacer más riguroso el mundo
sensible, sino de construir un espacio por medio de signos escasamente
MES
cormóreos. Además, la ordenación de líneas, puntos y planos en un
cuadro, provocan en el espectador una vibración sensible tan auténtica
como la que provocan las formas representativas. Cabe también una
expenencia de lo inmaterial, espacio y tiempo se sienten -
En resumen de cuentos nado hay de arbitrario en remplazar un
repertorio de formas conocidas por otro repertorio tambien conocido,
como es el de las formas geométricas. La fantasía así, la imaginación,
es más fecunda por el hecho de que nose apoya en nada material
y ya hecho.-
No obstante al suprimir de la obra todos los objetos, el mundo '
no' queda separado del espíritu, sino que por el contrario, si se resiste
a representar las cosas en su forma fenoménica, es por un profundo
amor a la realidad en toda su pureza. Sólo libre de todo obstáculo
y limitación, a la altura de una perfecta unidad de equilibrio, podrá
lograr una expresión de lo universal en la afirmación intuitiva de be-
lleza, Totalmente desinteresado logra precisión y claridad en la repre-
sentación de la vida pura Advertimos entonces que el artista siempre
sigue su verdadero camino, cuando como hoy, logra la expresión, no
de la realidad tal como la vemos. ni de la vida que vivimos, sino
de la verdadera realidad y de la verdadera vida... indefinible, pero
realizable en la obra de arte.-
Ahora estamos en condición de volver sobre el pensamiento
de Kandinsky:
Un nuevo Moisés ha descendido de la montaña,
y a pesar de la danza en tomo al becerro de oro, entrega al hom-
bre la sabiduría que lo hermana con lo absoluto y eterno en una
nueva visión de la realidad -
C. del Uruguay, Octubre de 1964 -
LO BIOGRAFICO EN LA POESIA
DE HORACIO
Por MIGUEL ANGEL ANDREETTO
Nadie duda del extraordinario contenido formativo propio del
conocimiento cabal y directo de los autores clásicos de la antigúedad
grecolatina. No somos nosotros, ciertamente, quienes lo pondremos de
manifiesto por primera vez; puesto que resulta evidente, indiscutible, que
gracias a la penetración en el espíritu de su obra secular —trátese de
Grecia o de Roma— se enaltece la cultura de todas las generaciones
que puedan gozar de ese inefable privilegio, a la par que se posibilita
una visión crítica de la trayectoria de la humanidad. Orígenes, vicisitu-
des, esplendor y decadencia, van desfilando bajo ese lente de verismo
no siempre exenta de pasión— que parece asignar la contemporaneidad
de los acontecimientos a la pluma del escritor. Estaríamos en condicio-
nes de referir numerosos ejemplos, pero no constituye ése el propósito
de estas páginas. En cuanto a Horacio, el mencionado contenido se
hace extensivo al dominio de su propia biografía, la cual se ofrece
tan pormenorizada en su poesía, que virtualmente proporciona los ele-
mentos necesarios para trazar un perfil justo y definido de su figura,
en función de la época que le correspondió vivir. Para respaldar la
precedente conclusión, recurrimos a una nueva lectura, a esa lectura que
descubre sutiles detalles desconocidos, inéditos —diriase— para quien no
persiga una finalidad exhaustivamente biográficas Las «Odas», los «Epo-
dos», las «Sátiras», las «Epístolas» son, en ese respecto, páginas en donde
Horacio se muestra natural, espontáneamente, con la unica frescura de
reminiscencias vivas, dotadas de invariable vitalidad, pese al correr de
los siglos que median entre él y nosotros. He ahí, pues, reunidos, los
e rn
actores fundamentales para explotar la conexión íntima entre su vida
y sus «ópera omnia», de pura esencia documentológica.-
El nacimiento de nuestro posta se produjo en Venusia, poblado
sito an pleno confín de las Apulias y de Lucania en 65 a. J. C.
(689 u. c.) Desempeñaban entonces el consulado L. Aurelio Cotta y L.
Manlio Torcuato, según señala en varias oportunidades. Venusia se en-
cuentra en la ltalia meridional, en la antigúiedad denominada Magna
Grecia; y allí se hablaban tanto el griego como el latín, por lo cual
puede admitirse que una y otra eran las lenguas corrientes en la región.
Esa circunstancia explicaría en cierto modo la latinización de la poesía
lírica que se propuso Horacio. Sugestivamente enamorado del paisaje
familiar, pudo hallar el indispensable bálsamo espiritual que le permi-
tiría refugiarse a su turno en una posición moral irreductible. Los ele-
mentos biográficos traducen magnífico valor poético sobrellevados con
suprema sencillez:
Sat Il, 1 Versos 43 y siguientes:. .. Sequor hunc, Lucanus
an Apulus anceps; / Nam Venusinus arat finem sub utrumque colonus
(A este sigo dudando si he nacido en Lucania o en Apulia, pues el
colono venusino habita el confín de ambos).
Odas III, 21. Verso 1: O nata mecum consule Mario.
(Oh, nacidos -los vinos- conmigo, siendo cónsul Mario...)
Epodos Xlil Verso 6: Tu vina Torquato move consule pressa
meo. (Oh, tú, baja los vinos pisados siendo Torcuato mi cónsul. ).
En la mente y la retina del niño debieron quedar indeleblemente
grabados aquellos años en realidad plácidos: pero a veces también
turbados por el estruendoso ruido y las inundaciones del Ofanto, el
río del lugar. Es una impresión que forma una imágen fiel y vivida
en el lector que conoce la producción horaciana. Leamos:
Odas Ill, 30 Verso 10: Dicar, qua violens obstrepit Aufidus. . .
(Se dirá por donde el violento Ofanto hace ruido .).
Odas IV, 9. Verso 2 Longe sonantum natus ad Aufidum. ..
(Nacido cerca del Ofanto, resonante desde lejos. ).
Odas IV, 14. Verso 25: Sic tauriformis volvitur Aufidus.. +
(Así se vuelve en forma de toro el Ofanto ).
Sat |, 5 Versos 77 y siguientes: Incipit ex illo montes Apu-
lia notos/Ostentae mihi, quos torret Atabulus et quos/Nunquam erep-
= MO .e
semus, nisi nos vicina Trivici/Villa . (Al salir de allí la Apulia co-
mienza a mostrar sus montañas tan bien conocidas por mí, que abrasa
el Atabulo y que no hubiéramos trepado si en la vecindad de Trivico
una granja» +» -)-
Horacio sintió, vivió el paisaje; y a través de él extrajo sinnú-
mero de imágenes naturales surgidas de su notable poder de obser-
vación. De ese modo echó los cimientos de una formación sólida,
verdadera ruta de ejemplo para aquellos que se dan de hecho y de
lleno a los placeres de una juventud licenciosa. Su padre era de hu-
milde posición social. De simp'e, de desconocido liberto de la tribu
Horatia —a la que virtualmente pertenecían los habitantes de Venusia—
pasó a ser «coactor», es decir, encargado de recibir ofertas en las
subastas públicas, según unos; vendedor de pescado salado, según otros.
Una tercera hipótesis admite que ya sea por separado o simultánea-
mente se habría dedicado a ambas actividades. Sea lo que fuere,
empero, su progenitor fue óptimo maestro, que dejó imborrable motivo
de agradecimiento en su hijo, quien jamás ocultó la modestia de sy
origen, por otra parte del padre. Por el contrario, parece enorgullecerse
en cuanta oportunidad propicia se le abre:
Sat |, 6. Verso 6... ut me libertino patre natum...
(. . .como yo, nacido de padre libertino .).
Sat 1, 6. Versos 45-46: Nunc ad me redeo libertino patre
ratum, /Quem rodunt omnes libertino patre natum (Ahora vuelvo a mí,
nacido de padre liberto, a quienes todos zahieren -precisamente- por
hacido de padre liberto).
Sat. |, 6 Versos 93-97:... si natura juberet/A certis annis
aevum remeare peractum,/Atque alios legere ad fastum quoscumque
parentes/ ....... . ./Fascibus et sellis nollem mihi sumere (.. ..si
la naturaleza ordenara a determinada edad volver a lo hecho, y que
cada uno pudiese elegir, sagún su vanidad, otros padres, no quisiera
tomarlo para mí de entre los fasces consulares y las sillas curules),
El poeta, cuyo nombre completo era Quinto Horacio Flaco, se
autodesigna indistintamente, sin ninguna preferencia, con cualquiera de
los tres sustantivos propios De acuerdo con la costumbre romana, el
primero de ellos —correspondiente a nuestro actual nombre de pila—
us el «prenomen»; el segundo equivale al apellido y es el «nomen», y
ul último, el «cognomen> o sobrenombre. Confrontemos los siguientes
lestimonios;
A y ON
Sat 11, 1 Verso 18..... nisi dextro Flacci..... (si no en
época favorable de Flaco. ... els
Sat Il, 6 Versos 36 y 37: De re communi seribae magna
atque nova te/Orabant hodie meminisses, Quinti, reverti (Los escribas
te. rogaban, Quinto, recordarás volver hoy para un asunto importante
y Nuevo).
Odas IV, 6. Versos 43 44: Reddidi carmen docilis modorum /
Vatis Horati (He vuelto al canto del vate Horacio, moderador de las
costumbres).
No. ha podido determinarse, en verdad, si adolecía. del defecto
de tener orejas largas, . si recordamos su sobrenombre de Flaco; pero
en versos suyos deja asomar una alusión bastante gráfica, Aprovecha-
mos la cita para. volver a observar cómo se resigna ante la inevitable
cuan inoportuna. compañía de aquel recordado viandante de una. de
sus mejores. sátiras. A. raíz de dicha cualidad, el catedrático de la
Universidad. Nacional. de Córdoba profesor José Caratti dedicó a la
referida composición un valioso ensayo, que lleva por título el verso
l de la poesía: lbam forte. via sacra, sicut meus est mos (Caminabo
casualmente, despreocupadamente por la calle sacra, como es mi cos-
tumbre.... .). Péro volvamos a Horacio:
Sat |, 9. Verso 20: Demitto auriculas, ut iniquae mentis ase-
llus,/Cum gravius dorso subiit onus (Agacho las orejas como un as-
nito de mal humor cuando recibe una carga muy pesada en el lomo).
Por la lectura o el reenvío a los fragmentos reproducidos an-
teriormente, Horacio profesó indeclinable amor a su padre. En cambio,
él, solo,, con la, suma de sus eluerzos a educorlo, ante la. falta de su
esposa», Era. raro en la antigúedad observar que los padres abando-
naran. la comarca de su residencia, se alejaran de sus intereses, re-
nunciaran a sus comodidades, para acompañar a. su hijo hasta el lugar
en. donde la instrucción y la educación fueran mejores, más. útiles. y
más completas. En contra del certabón general, el padre de Horacio
== q
ñ ¡ las orillas
hizo precisamente eso: dejó su pequeña cl Ha -perad pa ma
ía tantos recuerdos y el re
del Olanto, que le sugería ys : lago
s. La escue
lí ho de numerosas privacione,
encontrado allí a despec . es
Venusia en donde cierto Flavio dictaba clases a . e ce
ble: ió ici ije, tierno,
il ció suficiente para su
nebles familias no le pare / ! puma
y ambicioso de progreso, como no había e ei de cial
i ¡ exponerlo duran
No quiso enviarlo solo a Roma, , ri ind
i igno de convivencia, fu
i to —alejado de todo sign
al peligro del aislamien i 0 IES
ici judicial— las tentaciones de la neglig E
beneficiosa o perjudicial— a a | Bro e
holgazanería y del placer. Y resolvió a a pl pa
¡ | buen nombre y la fama,
lugar donde se cimentaban e a ol
¡ | Uenas relacion
iñ studios superiores y las
wraba a los niños para los e a
5 permitían, llegado el caso, el acceso a los planos E pro ,
¡ úbi fue Horacio a conocer
de la vida pública. A Roma cer Agea
obra de distintos autores de la época de la A 0 Pida
traducción latina de la «Odisea», realizada con pura de ml >
¡ ulta
ivi Sni aestros nombra con ¡noc r
or Livio Asdrónico De sus m A
al «plagosus Orbiliuse, en extremo severo, pues pava we Mii
asiduidad al castigo corporal. Lucio Orbilio Pupilo, naci Sl pi
desempeñó diversos empleos y profesiones: ujier, oficia 4 me LS
maestro de escuela. Vivió casi un siglo; pero la de E aid
en plena pobreza, En aquellos tempos, como los actuales, ias.
del noble ministerio era incompatible con un yá ¡plas se
da cincuenta años, bajo
Llegó a Roma cuando conta a ; De
á ¡ ía distinguido. Escribió una obra, en
Cicerón, quien lo había distingui se E
sospecha debió campear un fondo satírico, género qe alrcis
p adaptaba perfectamente a su experiencia directa en e $ Head
EN tte, -
de los hombres y a su carácter agrio y bilioso. A su mue bd
ciudadanos levantaron una estatua en donde se Mee En
tado, vestido de palio y con dos escritorios da or :N él. : 7 ;
i esagrada
i hombre tan receloso hubiera
ello, comprensible que un ) e
la franca ¡ovialidad de Horacio Cuando Aj los qa Su
cauzó en la senda de una moral severa, rígida, inflexible, pudo A 4
í istas; ro la im-
mejor a este espíritu fuerte que aborracia a los beca IN nds
presión estaba formada y el epíteto de «plogosus» quedó Pp
lado del viejo Orbilio.- ,
Epist Il, 1. Versos 69 a 71: Non tri Ys so
E ¡ ns «Ll. rl i
carmina Livi / Esse reor, memini quae plagosum de 2 nión
dictare (No censuro ni creo que debon ser destruidos bos Lcd A
Í r
Livio Andrónico, los cuales -recuerdo- me hacía aprender
= 40D) e
fuerza de golpes, cuando yo era niño),
De las penurias económicas que sufrió el viejo maestro, nos
ofrece clara idea el historiador Cayo Suetonio Tranquilo:
De Grammaticis, 9: Orbilius.. . docuit majore fama quam
emolumento, namque persenex pauperem se et habitore sub tegulis
quodam scripto fatetur (Orbilio .enseñó por la mayor fama que por
el sueldo, pues confiesa en un escrito suyo, que ya muy anciano vivía
pobre y en una bohardilla).
No se circunscribió a lo dicho el sacrificio paterno; todavía más:
seguía a su hijo, controlaba su trabajo, lo protegía del contagio de
las malas compañías, y aparte de la instrucción que se le impartía,
le aseguraba lo que no se recibe más que en el hogar, en el seno
de la familia: la educación. Debe creerse, por lo tanto, que él recuer-
do de la protección del padre, de la importancia que aquél concedía
al deber y a la conducta, contribuyó sobremanera a la salvaguardia del
patrimonio moral, en el cual se abroqueló el posta en la segunda
pa:te de su vida. El mismo nos refiere todo: el riguroso control pa-
terno, la abnegación de ese Liberto que, después de una existencia
donde todo fue trabajo, debió llevar a su hijo a la altura de sus
compañeros. Las costumbres del joven, el númesro de sus esclavos, no
dejaron entrever la medionia de su fortuna. La sencillez y la insistencia
con las cuales habla Horacio de su padre, hace honor a uno y a otro.-
El viaje a Atenas coronaba los estudios básicos cumplidos efi-
cientemente y con elevada cuota de contracción firme e irrenunciable.
Horacio llegó los 45 a J. C. (709 u. c), es decir, tiempo antes de
la muerte de Julio César, cuando él recién pisaba el umbral de los
veinte años. Perfeccionó el conocimiento del griego y de los poetas
y filósofos de la época; y a pesar de correr el peligro de dejarse se-
ducir por el canto de los sirenas de una vida licenciosa que hubiera
neutralizado la acción positiva de la escuela, resistió con singular for-
taleza los embates de esa corriente Desaparecido César, comenzaron
las desavenencias entre sus continuadores y asesinos Casio y Bruto
arribaron a Atenas, en donde el segundo se proponía reclutar oficiales
para sus fuerzas. Figuraba entre ellos Horacio, quien en breve lapso
fue objeto de una honorosa distinción, al acordársele el comando de
una legión con el título de «tribunus militum»:
Sat. | 6, Verso 48. Quod mihi pareret legio romana tribuno
(Porque la legión romana me obedeció, tribuno. ..).
=> 2
En tanto había cumplido los veintidós años. Y sobrevinieron los
sinsabores que suelen epilogar las derrotas militares, pues las fuerzas
republicanas, a cuya cabeza iban aquéllos, claudicaron al enfrentarse
con las de Octavio y Antonio. Horacio no perteneció ni al bando de
los que se entregaron para impedir la prolongación de los desórdenes,
ni al de los que insistieron en proseguir las acciones bélicas, sino que
obandonó todo para regresar a territorio italiano, luego de acogerse
a una amnistia, Á raíz de que el espisodio no fuera ponderado en sus
verdaderas dimensiones, se lo consideró cobarde por el consenso de
sus contemporáneos y críticos, En Odas ll, 7 recuerda que él y Pompe-
yo Varo se encontraban bajo las órdenes de Bruto y alude al contraste.
Horacio lo explica con extraordinaria sencillez: no es cobarde cuando
se deja el campo de lucha después de haber derrochado valor y se
desea evitar la muerte o una segura humillación impuesta por el ven-
cedcr. Sostuvo dicho punto de vista al nombrar la batalla de Filipos
y ofrendar su concurso a Mecenas en la guerra contra Antonio. En
esos días retorna a Roma y recibe dos noticias, a cual de ellas más
triste: la muerte de su padre, acontecida en Venusia, y el despojo de
su herencia Con ello se desmoronaba el sumo de sus esperanzas. Lo
reconoce con amargo desconsuelo:
Epist. ll, 2. Verso 50: Decisis humilem pinnis inopemque. . +
(Las alas cortadas, pobre e impotente .)
Dedicado a la solución del problema de vivir, acepta —según
otros, compra— un puesto de escriba en la cuestura. Los «scribae qua-
estorii» eran funcionarios encargados de llevar, bajo las instrucciones
que les impartía el cuestor, la contabilidad Jel tesoro público. La crítica
señala una referencia a esta alternativo de su vida (Videre ut supra
Sat. ll, Ó. Versos 36 y 37).
Esa ocupación, sin embargo, no le proporcionaba lo necesario
para subsistir, y debió escribir versos, con vistas a que algún personaje
político de campanillas pudiera leerlos y se interesara en aportarle su
ayuda puesto que la poesía tampoco constituía una profesión u oficio
lucrativos.
Odas Il, 2. Versos 51 y 52: .poupertas impulit cudox/Ut
versus facerem (La mediocre fortuna impulsó al audaz a forjar versos)
De esos sus primeros ensayos poéticos serian los más antiguos
el épodo XVI y las sátiras 2 y 7 del libro l, sin incluir los epigramcs
griegos siendo estudiante en Atenas. Haya o no podido confirmarse
— 24 --
tal ió s ¡
vd - quis leyó ante amigos esas composiciones iniciales; Vario
gilio rs contaron en ese núcleo adicto: yen 38 a J, C. lo pre y
de . E sen-
» DA Mecenas, entrevista que refleja el poeta en versos dúctiles
plásticos no desprovistos de espontaneidad.- .
Sat. |, 6 Versos 52-62:.. Felicen dicere non hoc/Me possim,
me vi de ante de t tarta 19) deé nas 'OcCas cosas p q p
» u u p » orque un em acho
intantil rf e tr pedía ha a (US. N U
b rm o me a abé de habe f cido de
ilustre padre, ni de ecorrer en caba O ta entino mis posesiones, sino
que d e lo que realmente era. Tú, segun tu costumbre, respor 1d ste
poc: Cosas. Me arc y neses
V
ocas mar hé me olviste a lamar a los nueve Si
o der aste que estuv era er el húmero de tus am gos) ;
pe E entrañable afecto que se dispansaron Mecenas y Horacio
p éste extraer beneficios diversos: la oportunidad de desarrollar da
que en sus conocidos « ¡
definitivamente de Hina y pipi: eli
me: Va 5d por pps que la villa más próxima a su casa y
a da mall a a que sus colonos iban todos los días de mer-
Md E | a Varia. La tabla de Peutinger menciona tambien a
, y ,. coloca a ocho millas de Tivoli. Ahora bien, a esa distancia
hom última tenemos hoy Vicovaro, que ha conservado casi entera-
ente su antigua denominación (Vicus Varia). Al pie de Vicovaro
Pd que Pp Licenza, y que corresponde, con pue
20 a igentia de Horacio Nos dice que ese aña o ri ó
mi po pi hoy Mandela se llama Bardela, Atl
.. E 4 p .- en no pueda haber duda, una inscripción que en ella
en ncontra do le restituye por entero su antiguo nombre. Finalment
a alta montaña de Lucretila, que daba sombra o la casa del >
es el Corgnaleto, que se llamaba todavía en los mopos de la Edad
E
Media «Mons Lucretii». La casualidad no puede haber reunido en un
mismo lugar todos los nombres topográficos que el poeta menciona, ni
hacer que ese rincón de la Sabina concuerde tan perfectamente con
sus descripciones -
En la Sabina —como se denominaba la propiedad— germinó y
fructificó su preferencia por el amor sincero y entusiasta a la matura-
leza y a la austeridad de la vida rural. Y paralelamente se acrecentó
su apego a la intimidad, que lo alejó poco a poco de los vaivenes
de Roma Contaba para la atención del campo con personal suficiente
y laborioso. Nos dice en una poesía:
Sat Il, 7. Verso 118: Nisi rapis, accedes opera agronona Sa-
bino (Si no robas, acercarás el noveno trabajo en el campo Sabino).
Ese contacto permanente, febril, hasta rayano en el paroxismo
de su entusiasmo por ese nuevo tipo de vida, le hicieron sentirse más
a él mismo; y le dispensó esa recuperación moral y espiritual que
admite con amplia seguridad:
Epist |, 14 Verso 1 Mihi me reddetis agelli .(Oh, campos,
me devolveis a mí mismo .).
Sin embargo, para Horacio el campo no es un dechado de
total felicidad, a pesar del ambiente acogedor que se respira en todo
su ámbito:
Sat |, 5 Versos 14 y 15: Mali culces ranaeque palustres/
Avertunt somnos (Los insorpotables mosquitos y los ranas de las cié-
nagos no dejan dormir).
El poeta no olvidó jamás el rasgo de generosidad de Mecenas
y da fiel testimonio de ello en Epist. |, 7. Verso 15 y en Epodos ll.
Verso 31. Su amistad con aquél —tan fría como desalentadoramente
inicida, según vimos— no gravitó enseguida en la produción literaria
de Horacio, sino más tarde; pero nunca empequeñeció su personalidad.
-La sátira 1 del libro | fue dedicada a Mecenas para poner de ma-
nifiesto su afinidad de corácter con él; puesto que uno y otro son
verdadera excepción a la común locura de los descontentos de su
estrella y no saben disfrutar de lo que disponen. Su constante recono-
cimiento en modo alguno desembocó en la genuflexión o en la ob-
secuencia; y supo mantener incólume su dignidad. Cuando alude a
Mecenas, se muestra hábil e inteligente:
Espist. Il, 19. Verso 1: Prisco si credis, Maecenas docte, Cratino
o
(Si crees, sabio Mecenas, al antiguo Cratino. . .).
Odas lll, 8. Verso 5 Docte sermones utriusque linguae...
(Oh, sabio en el dominio de ambas lenguas. ).
La amistad íntima con su protector —mezcla de gratitud y ad-
miración al que lo había sobido comprender— le significó poco des-
pués la de Augusto, el cual le llegó a oftecer el cargo de secretario
suyo, a través de una carta a Mecenas:
Ante ipse scribendi epistolis amicorum sufficiebam: nunc occupa-
tissimus et infirmus, Horatium nostrum a te cupio abducere. Venit ergo,
ab ista parasitica mensa ad hanc regiam, et nos in epistolis scribendis
juvabit (Antes yo solo me bastaba pora llevar mi correspondencia con
mis amigos; pero ahora, abrumado de ocupaciones y enfermo, además,
deseo sacar de tu casa a nuestro amigo Horacio Que venga, pués,
de esa mesa concurrida de parásitos a esta real. y me ayudará a
escribir mis cartas).
Mecenas viajó en otra oportunidad con Octavio y Agripa a luchar
contra Antonic. El poeta les ofreció su compañía; pero tuvo que que-
darse y sufrió el dolor de la separación. Cuando llegaban a él las
noticias trunfales, desbordaba todos los límites previsibles su entusiasmo,
como desmuestran los versos calurosos que escribió por entonces. Com-
dleta esta información el Epodo l. Luego, muertos Antonio y Cleopatra,
exteriorizó su alegría e invitó a sus amistades a celebrar el fin de las
calamidades que azotaran a Roma. Sin variar su inconmovible posición,
Horacio dedicó algunas epístolas a Augusto; y salvó muy bien el com-
promiso al elegir temas de crítica literana —lo que, además, resultaba
adecuado— puesto que el emperador se hcbía erigido en protector de
las letras y mostraba preocupación por la gloria poética:de la centuria
que, precisamente se distinguiría en la hstoria con la adición de su
nombre de pila.
Murió célibe; y por consiguiente, no conoció la felicidad que
suponen dos seres que se entienden y comparten los júbilos y tristezas
durante toda su vida. Con los años, llegaron los achoques de la se-
nectud; pero se preocupó más de la salud de Mecenas que de la
de él. Cuando su proctector murió, recomendó al emperador que si-
guiera cuidando a Horacio: “Horati Flacci, ut mei esto memor” (Acuér-
date de Horacio como de mí mismo). El poeta lloró su muerte y el
8 a. J, C. (746 u. c), es decir durante el consulado de C Marcio
s Py =
Censorino y C. Asinio Galo, siguió el camino de Mecenas. Augusto
_que había sido declarado oralmente único heredero— ordenó honras
fúnebres especioles y que fuera sepultado en el Esquilino junto a su
gran amigo Mecenas -
od
TRES POESIAS DE
ANA EMILIA LAHITTE
para SER
RA
RESPIRANDO un aliento vegetal de resinas,
por campos encendidos vamos, enero adentro.
Nos persigue una densa insistencia de espigas
que nos va enamorando, pero no más que el viento
no más que los furtivos ramos de golondrinas
sueltos sobre la fuerza morena del pampero
ni tanto como el dulce tañir de las esquilas
que mansa, aladamente, rocían el silencio.
Vamos. enero adentro, por campos de labriegos,
con la sangre aromada, hechizado el pecho
por tan viva embriaguez de sol, de surco y brezo,
y de panales cálidos y agreste asombro abierto
que, de pronto, sentimos que nos nacen jilgueros
sobre una herida verde. Y ya somos enero.
y Ja
CONFIRMACION
YO no olvido, Señor.
Me lo vienen diciendo mis muertos, desde siglos,
y si he de dar la vida no olvidarán mis hijos:
eres la luz, Señor,
y mi verdad el signo de la Cruz.
Es tan simple mi fe como Tú quieres
que sean el dolor y la esperanza.
Y creo en esta lumbre pequeña, en esta hogaza,
en el umbral de piedra de la casa,
porque encuentro en las cosas más sencillas
la dulce fortaleza que mana de tus llagas.
Y por tu muerte vivo.
Y por tu oído escucho el silencio que canta.
Y el primoroso tacto de tus dedos creadores
me lleva, como a un ciego, a descubrir las tramas
del llanto y las estrellas, de la rosa y del alba.
Yo no olvido. Señor.
Mientras los hombres temen la soledad humana,
dos mil años sostienen, sobre el Monte,
la Cruz más solitaria.
TIERRA
SE que piso dolor. No reconozco
más tierra que este hombre macerado
que cubre al mundo. Pero, de sus venas
brotan las savias y, de sus entrañas,
arrancan el carbón. Por eso amo.
Amo a la tierra y el dolor y el hombre,
absortos, siemprevivos y fervientes
junto a la muerte vertical de Dios.
Ana Emilia Lahitte
La Plata, 1964
POATICA. SANTAPESINA. PARA. TOS. OPOSICION A NICASIO ONOÑO
DERIVACIONES DE LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL
por: MANUEL E. MACCHI
Urquiza y Mitre.
El triunfo de Caseros y la adopción de la constitución del 53,
significó para la ópinión pública el triunfo del federalismo que esa opi-
nión consustancia con la causa provinciana en la gran cuestión: de
provincianos y porteños. En lo que no se está tan desacertado si se
llene en cuenta que uno de los fundamentos del federalismo doctri-
nario está en lás autonomías provincianas Federales o provincianos, y
unitarios o porteños será la otra sinonimia de aquellas dos grandes
tendencias argentinas que perdurarán muchos años después de Caseros,
aunque con otras denominaciones. El «federalismo» de Rosas no encaja
en esta cuestión ya que de ubicarlo, encuadraría con mayor precisión
dentro del unitarismo cómo expresión, su gobiermo, del predominio por-
teño. Con la separación provocada después del movimiento sedicioso
del 11 de setiembre de 1852 por el que la provincia de Buznos Aires
vive una vida independiente, se agudiza aquel concepto de unitarizar
diríamos a los hombres dirgentes del estado que defeccionó de la causa
naciónal. Urquiza es la expresión máxima del partido feders! e de la
constitución. Cepeda y su trascendente resultado, el pacto de San José
de Flores y las reformás constitucionales de 1860 que son preclamadas
por unanimidad en un magnífico gesto de integridad argentinista, are-
gla en los papeles este problema de la unidad Pero no arregla el viejo
pleito de provincianos y porteños. Buenos Aires había perdido el rol de
ciudad monitora que venía ocupando desde el período virreinal Para
1860 se incorporaba, sí al restó Je las provincias argentinas pero por
la fuerza de una batolla, o por lo menos por las consecuencias de
EA
una batalla en la que había salido perdidosa. No cordecía una po-
sición secundaria con el papel fundamental que siempre le había co-
respondido y que perdiera en 1852. Rol fundamental y posición pre-
ponderante que recupera con Pavón, batalla en la que se dirime puede
decirs= la gran cuestión argentina que se viene comentando, cuestión
que es la verdadera causa del nuevo choque, ya que las que se han
aducido —sucesos de San Juan y rechazo de los diputedos porteños—
no son más que secundarias. Para el interior, Pavón significó la derrota
del federalismo y de la causa provinciana. Para muchos, los hombres
triunfantes y el triunfo mismo, era el triunfo de los salvajes unitarios;
para éstos, los derrotados constituían los no menos salvajes mazorqueros.
Consustanciación que proseguirá por lo menos en el transcurso de la
década 1860-70.-
Mitre, después de Pavón es sí, figura aspectable y preponde-
rante. Pero para el interior es expresión de la preponderancia porteña.
Por eso, durante toda su gestión, debe soportar las permanentes con-
vulsiones de ese interior que están expresando en el fondo la resistencia
al avasallamiento de las autonomías provinciales. Los jefes de las fuerzas
nacionales son para esa resistencia los procónsules —Buenos Aires por
Roma— representantes de la fuerza porteña a los que se resiste con
violencia. No se pretende ubicar a Mitre como expresión de un por-
teñismo cerrado y preponderante. Se está tratando de auscultar un
estado de opinión predominante que así lo considera. Por el contrario,
se cree que el momento posterior a Pavón constituye el cenit de la
carrera política Jel gran histariador argentino. En esos momentos está
a la altura que no llegó ningún hombre público de ese difícil instante.
Supo dominar el panorama nacional en toda su amplitud, no se de-
jó llevar por las pasiones que comunmente agitan al hombre ni escuchó
las de los que participaban en su círculo, con lo que consiguió su-
perar uno de los momentos más difíciles de la vida política argentina.
Mitre se convirtió se decía en la figura preponderante del par-
tido que había triunfado en Pavón, o sea del partido liberal. Aunque
no de la totalidad de él, porque como es sabido, los liberales se habían
dividido en autonomistas o crudos contrarios a Mitre, y nacionalistas,
cocidos o federalistas que lo apoyaban, denominación ésta última que
está trasuntando una posición del prócer porteño amplia y con pers-
pectivas de una unidad con el régimen federal como fundamento. Por
eso Urquiza apoya su gestión presidencial, y hasta ayuda pecuniaria-
mente al club del «Pueblo» que pertenece a la fracción liberal que
sostiene a Mitre. El Entrerriano considera factible la consolidación de
Bb ==
su gran objetivo de la unidad de los argentinos bajo los preceptos
constitucionales, con el sostén y apoyo a Mitre presidente. Los dos
eminentes hombres públicos montendrán entonces en las ofertas de la
alta política una común ansiedad marchando acordes en el gran pen-
samiento de afienzar las instituciones argentinas. La posteridad ha re-
cogido concepciones dispares sobre la personalidad de cada uno de
ellos. Sin embargo, un gran objetivo nacional los acercó Esa comuni-
dad de ideales mantenida por ambos no asoma en mucha documen-
tación de la época Porque la opinión los enfrenta por el contrario.
Urquiza sigue siendo el jefe del partido federal, pese a que muchos
de su partidarios consideran a Pavón como una defección. Aquel en-
Írentamiento se constata de la documentación de los mitristas y de los
urquicistas, que se ha recogido de la que ambos próceres mantuvieron
en el momento con hombres representativos de todo el puís. Así en
la que se le dirige a Mitre hay una continua protesta, cargos y quejas
en contra de Urquiza. Se habla de los agentes de éste para insubor-
dinar en el interior; que apoya la mazorca desgranada en Pavón; que
tiene objetivos separatistas, que se cuide de su falsedad y, en fin, muchos
otros cargos que se repetirán en el transcurso de varios años. Urquiza
a su vez recibe permanentes quejas de los atropellos de la fuerza nacio-
nales inspirados por Mitre, y de que se quiere terminar con el sistema
político del que es su máxima expresión, No asoma como se decía
la marcha al unísono en el cumplimiento del gran programa de la
consolidación de la un:dad nacional, en el que efectivamenté marchan
los dos próceres. Uno agregando títulos en el momento para la gratitud
de sus portidarios; el otro, Urquiza, apareciendo ante los suyos como
ante una nueva defección aunque la posteridad reconociendo sus gran-
des virtudes, una de ellas esta actitud ejemplar de apoyo a su enemigo
político guiado por lo que fuera obsesión de su vida: la organización
del pais bajo preceptos constitucionales.
Hasta en el fin de estos dos grandes hombres pareciera que se
enfrentaran. Uno, Mitre, muere en la proceridad. Su figura es tan ve-
nerable cuando terminan sus días, que hasta su misma muerte sirve
para consuelo de los deudos de los que también se van. Se ha es-
cuchado repetir a algunos ancianos que “hay que conformarse, tam-
bién murió Mitre”. Urquiza en cambio desaparece ampliamente discutido,
al menos en este aspecto del mantenimiento de su principios políticos
al considerarlo un traidor, cuando la realidad lo muestra como el
máximo puntal del régimen constitucional argentino iniciado en 1853 -
El momento político en 1867 -
En el transcurso de dicho año el país presentará uno de los
momentos de su vida política más difíciles y de mayor agitación. Con-
tinuaba la guerra del Paraguay que para entonces llevaba dos años
pese a las primeras promesas de una rápida terminación en dias o
apenas meses. La situación se agrava por su impopularidad, por lo
menos en el litoral. En el orden interno, las agitaciones en el norte
del pais y también en Córdoba, obligan al gobierno nacional a man-
tener ejércitos permanentes en dichos lugares. El caudillo Felipe Varela
es uno de los más levantiscos, y en su estandarte de rebelión figura
el nombre de Urquiza como bandera. Aquella disputa internacional que
debió haber obrado como aglutinante de tendencias como ocurre ge-
neralmente, sirvió por el contrario para ahondar diferencias.
La montonera consideré a Pavón como la derrota de los prin-
cipios políticos que se amoldaban a sus caros sentimientos autonomistas.
Por eso desde entonces y en este momento que nos interesa, resiste a
los efectivos nacionales porque éstos son usurpadores de algo de su
sola incumbencia.
Los hombres del gobierno central por su parte, con la perspectiva de
la organización y unidad definitiva, simbolizan en la montanera la des-
unión y la anarquía, por lo que se impone la necesidad de terminar
con ella. Así se interpreta la causa de la situación de violencia, de
lucha y de inestabilidad que se observa en gran parte del territorio
para dichos momentos. Urquiza conoce a fondo los entretelones de
este drama argentino, y en aquella incomprensión de montonera y go-
bierno centrul, entiende perfectamente cuáles. son los postulados de cada
parte que conviene prohijar para llegar a la pecificación. Por eso
simpatiza con una de las facciones en pugna en cuanto se refiere al
ideal autonómico, y con la otra en lo que respecta a la unión de la
familia argentina bajo la fórmula de la constitución, como que ambos
puntos han sido los motivos de su ya larga trayectoria de luchas. En-
tonces los empeños del momento serán los de conciliar ambas corrientes,
tarea fundamental que desarrolla en todo el transcurso de la última
década de su vida. Por eso se lo denuncia desde muchos puntos del
país como apañando los movimientos anárquicos se dice de la mon-
torera y de cuanto intento de oposición al gobierno central ocurre, y
por otra parte en su provincia especialmente, de entregado al centra-
lismo porteño, que así se califica al gobierno central.-
Y
Santa Fe y el gobierno de Nicasio Oroño.
El corondino Nicasio Oroño gobierna en la provincia de Santa
bé para los momentos que se están tratando. Desde muchos años atras,
quince o dieciséis para 1867, arranca la vinculación de éste con Ur-
quiza, que se mantiene hasta entonces en una comunidad de ideales
políticos y también en el terreno de los negocios. Nicasio Oroño había
sido pulpero en Santa Cándida desde 1852, gran establecimiento sa-
laderil de propiedad de Urquiza ubicado al sur de Concepción del
Uruguay, de una vastísima producción y aprovechamiento integral del
vacuno y con un intercambio directo con puertos europeos y ameri-
cos. Muchos negocios tuvieron en común desde entonces especialmente
en Rosario, no siendo ajeno a ellos el general Santiago Oroño, padre
del progresista gobernante En la elevación de Oroño a la alta ma-
gistratura provinciana, no estuvo ausente Urquiza con el apoyo al club
Libertad que propugnó su nombre. Las relaciones fueron cordiales en
casi toda la gestión gubernativa, y hubo interés de Uiquiza en el pro-
greso de la provincia. Se manifestó éste en el año 1866 cuando Ur-
quiza se interesara en poblar el campo San Antonio, de su propiedad,
de veinte leguas de extensión, donado por el gobierno provincial en
1857. Oroño allanó entonces todos los inconvenientes: mandó agrimen-
sores con gente armada para practicar su reconocimiento, porque com»=
prendió la importancia que revestía el poblamiento del norte santafesino
que constituía la principal preocupación de su gobierno como él mismo
lo manifiesta, dado la tremenda lucha que sostuviera Santa Fe para
extender su territorio.
Pero, al año siguiente las cosas cambiarían. En la provincia se
agitaban además de las que se han señalado para todo el país. dos
grandes cuestiones la elección de gobernador que sucedería a Oroño,
y la de presidente de la república. En los entretelones de las candi-
daturas: no habría acuerdo, y entonces se producirá la ruptura entre
los dos personajes.
Las candidaturas para suceder a Oroño.
Desde mediados de 1867 comenzaron a concretarse las candi-
daturas para gobernador y, al parecer, había acuerdo unánime de los
hombres de Rosario allegados ol gobemador Oroño por mantener y
auspiciar la de Mariano Cabal que contababa además con el bene-
plácito de Urquiza. Sin definiciones concretas todavía, ya en dicha ciu
dad se trabaja con empeño por la de Marcelino Freire, y hasta se
a
acusaba de contar ella con el favor oficial. Es entonces cuando uno
de los más activos dirigentes de la candidetura Cabal, D. José Fidel
de Paz, escribe a Oroño manifestándole que todos los amigos del go-
bernador estaban con Cabal y “ansiosos de q usted este de acuerdo”,
o sea instando a una definición del gobernador. Que si bien no fué
categórica, significó un golpe de gracia para Paz además de traslucir
su oposición a Cabal. “Como usted comprende —dice Oroño— no ha
de ser bien visto que Ud Inspector de Bancos trabaje con tanto calor
por el banquero”, alusión al Cabal capitalista, ya que como se sabe
era éste un fuerte empresario.
Mientras, aquel grupo de hombres representativos de la ciudad
de Rosario dirigían una circular a la ciudadanía que llevaba fecha 31
de octubre invitando para la formación del club electoral que, sin de-
cirlo, opoyaría a Cabal. La firmaban Patricio Rodríguez, José Fidel de
Paz, Leopoldo Nelson, Nicolás Sotomayor, Francisco Oliva, Segundo
Ramayo y José Niklison.
Comenzará desde entonces una violenta campaña que los men-
cionados políticos atribuyeron a la directiva de Oroño, de donde surgirá
el rompimiento con éste, con las gravísimas derivaciones para la tran-
quilidad política y pública de la provincia. Camilo Aldao por ejemplo
en su calidad de jefe político accidental y comandante del Batallón
de Guardias Nacionales, arenga a éstas manifestándoles que todos los
que apoyaran a Cabal eran contrarios al gobierno. Cuando José Fidel
de Paz le pide explicaciones, se lo ratifica agregando que “juzgándonos
a nosotros [los partidarios de Cabal] amigos de Urquiza, y que ha-
bíamos de trabajar por un gobernador que favoreciese su candidatura
para Presidente de la República, estaba resuelto a no economizar sa-
crificio para combatirnos, y que teniendo el sartén por el mango eran
sonsos si lo dejaban”. Denuncian además los hombres que respondían
a Cabal, los ataques violentos del periódico “Ferrocarril” cuyos articulos
se lo atribuían a Martín Ruíz Moreno, jefe político de Rosario y, además
la prohibición de reuniones en campaña con una afluéncia mayor de
cuatro personas. No paraban aquí las protestas y denuncias ya que
también se las hacía por la remisión de armamentos a todas las co-
misorías y jueces de paz por las intimidaciones a la ciudadanía; por
las instrucciones gubernamentales de que «se amarre» a todo el que
se encontrara trabajando por la candidatura Cabal: por las amenazas
de apaleamiento y, por último, como castigo más grave, que o los que
apoyaran a Cabal se los llevaria al frente de la guerra con Paraguay.
Es de hacer destacar como un hecho sintomático de la impopularidad
A
del conflicto bélico internacional, que el alistamiento se lo consideraba
como un castigo.
En determinado momento se le inculpó a Oroño de su inicial
apoyo a la candidatura Cabal, para mostrar después su disconformi-
dad con ella. Contestaba entonces en fecha 21 de noviembre en lo
que él llamaría “su profesión de fe” que se inclinó ante sus amigos
por la candidatura Freire después de declaraciones de Cabal decli-
nando la suya, de donde surgiría la contradicción que se le atribuía.
Que además había propuesto a los dos candidatos la eliminación de
sus nombres y la adopción de una tercera que conciliara los intereses
de todos, a lo que se habría opuesto Cabal Por último, que el ca-
mino que le quedó entonces fue el de acompañar con su asentimiento
a la mayoría de sus amigos en lu candidaturc Freire.
La revolución de Patricio Rodríguez Urquiza y los sutilezas de
Simón de lriondo -
La efervescencia que ya se vivía en la provincia cobraría visos
de violencia. Se aseguraba que el gobierno nacional enviaría efectivos
militares en apoyo de Oroño y que se detendría a los jefes princi-
pales del movimiento pro-Cabal cuales eran José Fidel de Paz y los
coroneles Patricio Rodríguez y Leopoldo Nelson, Estos a su vez comen-
zaron sus aprontes. Patricio Rodríguez se encontraba con efectivos en
la Guardia de la Esquina, que le respondían, así como el departamento
de Coronda, Se aseguraba entonces que no quedaba otra alternativa:
responder a la fuerza con la fuerza. Y es así como adviene el movimiento
que encabeza este último militar que provocaría uno de los momentos
más azarosos, difíciles y anárquicos de la política santafesina. Se decía
que el movimiento lo encabeza Patricio Rodríguez, pero sólo como
ejecutor, porque el eje directriz se encuentra en la ciudad de Santa
Fe y lo es el doctor Simón de lriondo, si es que el engranaje no se
movilizaba desde más lejos, desde el Palacio San José. |
Urquiza está al tanto de todos los sucesos de Santa Fe. Es admira-
ble constatar como el Entrerriano tendía las redes en todo el país. Se está
en los comienzo de 1868, cuenta Ó7 años de edad y se lo tiene inter-
viniendo en todos los sucesos políticos que acaecen en el gran ámbito
nacional. Tiene algo asi como corresponsales que de todas partes lo
mantienen en permanente comunicación En Buenos Aires por ejemplo
en el período que se está reseñando actúa entre otros el doctor Ben-
jamin Victorica, hombre de su extrema confianza, consejero político y
asesor en general de todos los asunto de importancia vinculados con
+ AOS
Urquiza. En Córdoba, D. Ramón Gil Navarro con una hoja periodís-
tica “El Progreso” que el mismo Urquiza costea en gran parte, en la
confianza que siempre dispensó al poder de la prensa. Gil Navarro
oriundo de Catamarca, recibía además información de todas las Pro-
vincias del noroeste que, indefectiblemente tenía su fín en el escritorio
político de San José. Por último de la provincia santafesina, se recibía
información desde sus dos ciudades principales de variadas fuentes.
Así desde Rosario, José Fidel de Poz le adjuntaba copia de cuanto
documento recibía sobra los sucesos que se están reseñando, especial-
mente sobre los de Rosano. Y en cuanto a la revolución propiamente
de Patricio Rodríguez y a los complicados acontecimientos de ella de-
rivados, la red informativa está perfectamente trazada: en Paraná está
Nicanor Molinas sirviendo de puente con el eje directriz del movimiento
como se calificara a Simón de lriondo, ya que envia a Urquiza toda
la documentación que recibe de éste, casi diaria, con detalles de los
sucesos que se van desarrollando De ella se traduce el rol fundamen-
ta; que le corresponde al joven político santafesino y, más aún, la
habilidad, la sutileza política y a veces hasta su audacia. “Yo con
cuatro hombres me tomé la aduana sin un tiro. Hagan por Dios algo”,
dice lriondo el Ó de enero de 1868 En una de las tantas designaciones
de gabernador, esta vez en Camilo Aldao, realizada por la Sala de
Representantes, en Rosario, dice lriondo refiriendose a Aldao y a Oroño:
“Estos mandan sólo en su casa. Hasta los músicos se han venido a
nosotros”. Er el trajín da la lucha armada y política que lo será en
el transcurso de los tres primeros meses de 1868, recurre a ciertas habili-
dades como aquella de hacer escribir cartas a algunos jefes adictos
dirigidas a Urquiza y desde su escritorio, en las que manifiestan su
adhesión al Entrerriano El papel de cartas que utilizaba lriondo y la
letra de su amanuense, así lo dejan traslucir. En otro hecho demos-
trativo de ese rol que le correspordió a lriondo, recordamos el mo-
mento en que el ministro nacional Costa, después de haber designa-
do gobernador a Torrent, reconoce de inmediato la ratificación que
hace la Sala en la persona de Camilo Aldao, cuyo nombramiento es
obra de D, Bartolomé, dice. Se producirán entonces grandes disturbios
en la ciudad, ya que Aldao no atiende la requisatoria del comisionado
Costa para llamar a elecciones de inmediato. Los antiguos jefes de
Oroño —dice entonces lriondo— le declaran con franqueza que quieren
trabajar conmigo, y que salen y vienen a mi casa en donde hay mu-
cha gente y los recibimos con abrazos. El ministro averigua la razón
de este incendio y se muestra satisfecho. Escribo Señor ésta entre una
=> "Ms
algazara desde la calle hasta el lado de mi mesa. Disimule sus de-
fectos”,
La información de Simón de lriondo y de Nicanor Molinas a
Urquiza, es detallada y abundante, Fue preponderante la actuación
de aquél en los hechos que agitaron a la provincia y que culminarian
con la designación de Mariano Cabal como gobernador. Esta cuestión
qubernamental, derivada con la de la futura presidencia que sucede-
a a Mitre, fue la que provocaria todos aquellos sucesos. Oroño no
fue partidario de la candidatura Cabal, inclinándose por la de Freyre,
De aquí el rompimiento con sus amigos y los violencias de las que
éstos se quejarian. Es indudable que la cuestión presidencial estaba
también en juego en los escabrosos «acontecimientos santafesinos. La
elección de Cabal significaba el apoyo de la provincia a la candida-
tura Urquiza como efectivamente sucedió; mientras que la de Freyre
apoyada por Oroño en acuerdos con D. Bartolomé como manifestaba
Iriondo, decía de su rechazo. Los hombres de la revolución de Patri-
cio Rodríguez temían permanentemente la intervención de fuerzas na-
cionales y, además los acuerdos de Oroño con el gobierno central,
Como derivaciones del asunto que se ha tratado, se debe dejar
constancia que no se ha encontrado ningún vestigio de la intervención
del elemento clerical en el movimiento en contra de Oroño, aclaración
que se la cree necesaria ante las versiones de que aquellos fueron
acérrimos enemigos del progresista gobernante a roíz de la ley pro-
vincial de registro civil que se dictara en su gestión. Es indudable la
inspiración de Oroño en el dictado de la ley con la que se preten-
día solucionar, adelantándose en veinte años. un problema muy serio
del país que advino a raíz del proceso colonizador y de la llegada
de inmigrantes de otras religiones. La iglesia había prohibido la cele-
bración de matrimonios entre profesantes Je otros cultos y aún a los
masones si éstos no rompían con las logias. Da aquí la liberalidad
de la ley con la que se pretendió solucionar un problema ya latente
en nuestro país. Otra derivación del agitado proceso que vivió la
prevircia de Santa Fe, será la aparición del decano del periodismo
argentino, el diario “La Capital” de Rosario. su fundición por el pe-
riodista Ovidio Lagos está íntimamente ligada con la elección guber-
namental de Cabal y con el apoyo a la candidatura de Urquiza a
la presidencia de la República.-
RESEÑA SOBRE TRES FAMOSOS
PROBLEMAS GEOMETRICOS
por GINO LOMBARDI
Se atribuyen a Anaxágoras de la Escuela Jónica, los primeros
intentos de construcción de un cuadrado de área igual a la de un
círculo dado. Este problema, como los no menos famosos de la du-
plicación del cubo y el de la trisección del ángulo, se resisten a tra-
vés de los siglos a cuantos esfuerzos le dedicaran los matemáticos,
Se ignoraba la intrínseca dificultad en lograr una solución exacta
con la autolimitación impuesta por los matemáticos griegos, de utilizar
únicamente dos instrumentos geométricos: regla y compás; que implican
buscar la solución mediante la construcción de solamente rectas y cir-
cunferencias en número finito de veces,
Es que utilizando otros instrumentos o trazando otras curvas; co-
mo ya lo hicieran los geómetras griegos, puede resolverse el problema
y obtenerse aproximaciones con errores más pequeños que los que
corresponden a los instrumentos de dibujo utilizados.
Fué el genio de Descartes al sustituir el razonamiento geométrico
por el cálculo algebraico, lo que permitió el estudio de estos proble-
mas, con la inesperada profundidad y fecundidad que adquiere el
pensamiento puro con el algoritmo algebraico.
Es así, que en la correspondencia punto-número; recta-relación
algebraica; la figura de la geometría se convierte en una ecuación al-
gebraica y la consideración de la posibilidad de solución exacta se
vuelve problema definido en el campo del análisis.
ES
En efecto, el trazado de rectas tiene su traducción en las ecua-
ciones de primer grado de la forma:
ax + by = h ME Lnyi= E
que se verifican para un par de valores x]; y] raíces del sistema que
son de la forma p/q; números racionales, que pueden construirse con
regla, una vez fijado un segmento unidud.
Si se trabaja solamente con compós, se obtienen circunferencias
expresadas por ecuaciones de segundo grado de la forma:
(x — ay? + (y — b? = r?
x- 0? + (4 - da) = r?
sistema cuya solución está dada por valores de xe y del 15 2408
u
y trabajando con regla y compás se obtiene la traducción analítica en
el sistema:
ax + by = h
tar, 4 dy — py =r cuya solución son pares de
s + Ut — N—
valores x e y del tipo p/q o + :siendo V o Wi
o toda raíz de orden 2” construible por procedimiento de la media
proporcional.
La condición para que una construcción geométrica sea resolu-
ble con regla y compás es que su solución pueda expresarse analí-
ticamente mediante operaciones racionales o raíces de orden 21, es
decir en el campo de los números racionales o cuadráticos.
€; “A , z
Si la ecuación que interpreta el problema geométrico es de la
forma
nal
1 E o TAE rta. 0
n
La
A¿X
cuyos coeficientes pertenecen al campo de los números racionales y
es p/q una raíz racional que satisface la ecuación, siendo p y q nú-
meros enteros o polinomios primos entre si, se obtiene al reemplazar:
n* n-] a
A A
o bien
n-1 a ==
o o A O e 0
AD
o sea que Y debe dividir a a, y B debe dividir a A, .-
Esta propiedad permitirá dilucidar el problema que Gino Loria
en “Le scienze esatte nell'antica Grecia” atribuye, según carta de Era-
tóstenes a Tolomeo, a Nimo rey de Grecia que mandara construir una
tumba con dobles medidas y doble volumen “que otra tumba. La evi-
dencia del error, dado que la duplicación de los lados implica octu-
plicar el volumen, despertó el interés de los matemáticos en hallar la
solución exacta.
Sea “a* el lado del cubo; encontrar el lado del cubo duplo es plan-
tear la ecuación x* — 2 ae =
cuya imposibilidad en general de solución se demuestra fácilmente pues
es de tercer grado y a menos que sea reductible no será construible
elementalmente.-
Sin menoscabo de la generalidad puede suponerse A=1 y entonces
la ecuación x? — 2= ( tiene como únicas raíces posibles los divisores
de 2 o sean; +1 y + 2 que al reemplazarlos no satisfacen la ecua-
ción; o sea que el problema no es resoluble con regla y compás.
A similar conclusión nos conduce la consideración del problema
de la trisección del ángulo por cuanto también puede expresarse por
una ecuación de tercer grado carente de raíces racionales.-
En lo que respecta al problema de la cuadratura del círculo,
llamando R al radio de éste; es || RY% su área, que con el cuadrado
de lado L de igual área nos dá la siguiente ecuación:
2 TUD
L* - [|R"=0
o bien L = RV cuya imposibilidad de solución se debe al carácter
trascendente del número | que en álgebra significa que no es raíz
de ninguna ecuación algebraica.
Fué el gran matemático Euler descubriendo las sorprendentes
conexiones entre las funciones e2, sen Z y Cos Z expresadas como
series de términos complejos en la ecuación:
eZ = cos Z 4 i sen z
de la que se obtiene la famoso fórmula e Ni. 1=0 que vincula
los cincos números más importantes de la matemática y que pertene-
cen a campos distintos por su introducción histórica, lo que permite a
Lindemann en el año 1881 probar definitivamente lo trascendencia del
número [| y con ello la imposibilidad de la cuadratura del círculo -
DOS POESIAS DE
EMMA E. DE CARTOSIO
para SER
ERA LA INFANCIA
(“D'oú suis-je? Je suis de mon enfance-
Je suis de mon enfance comme d'un
S
Antoine de Saint-Exupéry)
Era un país sin relaciones exteriores porque la lejanía estaba cerca.
Eran los límites infinitos del esperar de afuera lo que adentro nos crecía
sin adioses a los objetos; a los muebles, a los rostros que a través del aro
—calle provinciana adelante pasaban y volvían, en redondo
de verdes y ramajes cuando plantas, de azul cuando cielo, de rojo cuando
el más lindo vestido de mi madre joven contra una primavera.
Era un país sin diarios ni televisión porque todo nos sucedía «a nosotros.
Eran las tardes abriéndose a mil sitios que a otros mil se iban adelante
porque bastabo una azotea hirviendo, la prisa de los descalzos sobre
[el cinc
para que el mundo fuese plata y fuego, un filo que a nadie hería,
ardiente y tenso en nosotros, en los vidrios reverberantes del verano,
en el gusto a sol de nuestra piel, en el golpeteo de la sangre.
Eran los mansos inmensos absolutos ojos de las vacas inmóviles sobre
[la llanura
de una monotonía igual a la dicha, reiterada y silenciosa, hacia
[horizonte
sin gente, con el invierno en el olvido y las vacaciones con olor a
[menta
a
y olor a espacio, con las manos por terrones altives que se deshacian
[lentos
entres los dedos capaces de tiza, destrozos, manubrios, ternura.
Era un país sin más conflicto que la sopa y la estupidez de los adultos.
Era entrar a las habitaciones de la casa ciertos del encuentro
con el último personaje leído o escuchado; salir de ellas hablándole
llevarlo al cuarto de juguetes, prestarle el que nunca «a otros,
subir de puntillas las escaleras que llevaban al más allá de los techos
desde donde Pinocho o Alicia contemplaban lo mismo que nosotros
[diariamente
Era inútil diferenciar un sueño despertándose de un despierto soñando
porque ambos confluían en nosotros y salíamos de sus aguas como
[los lápices
cuando se inclinan a dibujar ríos y arroyos, mares y lagos, con los
[colores
confur.didos en sus puntas, en las cabezos inventadoras de una realidad
que nos confiaba sus mapas inconclusos, sus rutas desconocidas.
Era un país con extranjeros que vivian en los rincones del dormitorio
fumando lentas pipas indias, prontos al ataque mientras sudábamos
y la luz era alguien que se había ido para siempre la torde de ayer
y los mayores un imposible pecho allá, en la distante vecina habitación
un llanto a darles que reprimiamos mordisquendo sábanas.
Eran los gritos dados porque sí y las risas en el verde amarillo aire
del verano que empezaba en las medias del colegio y nos iba des-
[nudando
hasta echarnos a aquel rio azul del pueblo que dormía sobre él
diciendo su nombre a las arenos, a las islas, a los barcos, a los ausentes
que regresaban a un pueblo cada año distinto al suyo,
Era un país con perros que nunca morían porque tras nuestro trotaba
' [alegre
siempre uno, claro o negro, pequeño o grande, era el siempre tras
; [nuestro
ladrando a criaturas que únicamente con él compartíamos, exponién-
[dose a peligros
que venían de las sombras, a riesgos que le levantaban el hocico
[hasta nadie,
hasta huir juntos hacia un golpe de luz, de chicos, de gente.
Era un país para habitarlo largamente y murió de edad como nosotros.
Tal vez en aquella esquina que no se repitió exacta en su volverse
o cuando alguien vió su mirada en la nueva mirada que nos naciera
= AD ==
o no hubo instante, fue imperceptible tiempo en el tiempo de los días
expandiendo su enrarecido en el celeste, su herrumbre por los verdes.
Era un país
era la infancia.
Emma de Cartosio. Madrid, octubre de 1963..-
PROMESA A "PACHA"
EN NOCHEBUENA
(A Pacha la perrita “salchicha””)
Es tu nombre, el de todas las que levantan ternura y hocico
para dejarlos confiadísimos en la incertidumbre de alguien
que distraído o absorto, casi siempre triste, mira vivir.
Pequeño latigazo oscuro abriendo puertas que daban a mi máquina
o al jardín de la casona que me tenía bajo sus verdes como
a un azadón al que le faltaba su brillo de nuevo pero aún en uso.
Muchachita de pelo lustroso que ponías tu liviandad
sobre mi falda mientras yo corría desesperada. absurdamente
tras un sustantivo, un verbo que exoctísimos como tu piel
para tu esqueleto, ciñeran al que me grava y salva, me vive.
Tu entrabas dormías comías ladrabas comías dormías entrabas
y el amor era redondo y el tiempo era redondo y redondo era
enero el pueblo las tardes las visitas la casona las noches.
Y yo ponía el mismo collar alrededor del tiempo y tu cuello
para que él ordenase mi ruta sin meta cuando caminábamos
por polvorientas solitaras calles de un enero sin retorno.
Sé que estás todavia en lugares con veranos e inviernos
que puedo levantar entre mis brazos de ahora, tu ahora;
sé que un mes de un año cualquiera es polvo en el polvo
y no hay epitafios que perduren a una mujer y una perra,
Pacha
te prometo
que cuando alguien mire a sus hermanos con la ternura
humanísima que mirabas mi incertidumbre a la máquina,
A E
al dormitar de penumbra y siesta, al atardecer de acera,
a la noche cuando juntas ibamos por pasos y suburbios
te prometo
olvidar tu miroda humanísima cuando alguien posea esa mirada
y la deje sin nombre, de tránsito y dulzura, en sus hermanos
te prometo
pensar en tí sabiendo que tras tus ojos hay una perra
y no la princesa encantada por alguna bruja maligna
y no la señorita solterona que lagrimea tras ventanales
y no esta pena de todos que todos ocultan a cada todos.
Pacha
te prometo
sonreír a tu imagen y verla nítida dentro de sus límites,
que ningun halo infantil los desfigure y vuele a ángel,
sin que busque tus ojos humanísimos para ofrecerlos al hombre
que hace siglos miró así e inútilmente, a sus prójimos.-
Emma de Cartosio
Madrid, Nochebuena 1964
LOS PERSONAJES de LA CAIDA
DE BEATRIZ GUIDO
por ENRIQUETA M. de LA NASA
Albertina Barden
Albertina es tímida, posee una rica fantasía y muy poca decisión. Es
el resultado de un carácter dócil y contemplativo y Una severa edu-
cación impartida por dos tías solteronas: Paula y Lucila, sin más preo-
cupaciones que la honestidad de sus vecinas y la inflexible persecución
a las hormigas, enamoradas de los brotes de su jardín.
La severa educación de sus tías tiene fallas, brechas impensadas
por donde se cuelan experiencias ajeras. Una de ellas es la biblioteca
paterna, rica en libros picarescos y religiosos y a la que la niña tiene
libre acceso; allí se aísla, se aparta del rigor exterior y en desquite
recorre páginas cargadas de vivencias amorosas que paulativamente la
incorporan a la realidad.
Paula y Lucila no confiabon en las jovencitas y por ello le im-
pedían a Albertina cultivar amistades: “es mejor que estés sola que
mal acompañada —decian— las muchachas de hoy son todas unas
perdidas”.
Vive en un mundo burgés escrupulosamente ordenado; misa les
domingos; matineé cuando no llueve; paseos en taxi hasta el río para
merendor los mismos bizcochos de canela y escuchar la conversación
de sus tías y el taxista siempre girando alrededor de los mismos temas,
Juan Belluomo contaba sus experiencias semanales: “Ya mo hay mu-
jeres decentes. Pobres hombres! .Lo que se ve en mi profesión”.
Albertina se evadía, su imaginación era libre y vagaba en busca
de alguien que estuviera como ella, sola; entonces le tendían las manos
— 58 —
y le sonreían los personajes de sus libros: enamorados, héroes, y los
infaltables jinetes de las aventuras. Albertina soñaba con el amor.
La conversación le llegaba fragmentada y lejana: . .“Estudiará
letras en Buenos Aires, lo único que le interesa es estudiar ..”
Pero realmente le interesaba estudiar? Le gustaba leer porque
las lecturas le descubrian sentimientos y unhelos, porque la compañía de
sus personajes la lberaban de la de sus tías, inflexibles y sentenciosas.
— “Y no será peligrosa una ciudad tan grande? Y ella sola, sola?”
— “Albertina sabe defenderse. Es católica y además la hemos
educudo nosotras”.
Para sus tías ser católica era un pasaporte con seguridades
absolutas
Estaba decidido, estudiaría letras en Buenos Aires, Indudablemente
que era grande su alegría, era al fin la liberación, la independencia,
pero Albertina había adoptado una octitud de simulación.
La capital tiene para ella un encanto singular, sus buenos re-
cuerdos nacieron alli: las tardes de té en la confitería del Molino en
compañíc de su abuela, una anciana que combatía la vejez con
abundante cosmético anaranjado. Con ella Albertmc estaba en paz,
descansaba, era. Por otra parte se sentía en cierto modo afín con esta
mujer casada por segunda vez con un extravagante expedicionario de
bigote teñido y polainas blancas. A su lado, sus ensueños románticos
no le creaban ningún sentimiento de culpabilidad.
En Buenos Aires es recomendada a Delmira y Jacinta Saralegui,
dos solteronas como sus tías. Cuando Albertina respira el mismo clima
se decide por primera vez a dar un paso sin previo consentimiento
“Cuatro niños y Sra viuda alquilan cuarto a estudiante de Filo-
sofía y Letras a tres cuadras de la facultad”
Viamonte 168. La Casa de los Cibils. Un mundo nuevo, in-
creíble muchas veces, pero perfectamente posible. Aquí Albertina apren-
derá una lección, aturdida por los acontecimientos, que recién descubrirá
más tarde, seguramente mucho después de abandonar a los Cibils:
hay que pagar tributo a la inexperiencia, es difícil después de haber
tenido una infancia y adolescencia protegidas al máximo iniciarse de
pronto er. la vida y enfrentar con éxito las más variadas y a veces
contradictorias exigencias: tener belleza física y ser recatada; ser igual
al hombre y sin emborgo femenina; ser inocente y capaz de defenderse.
Al comienzo Albertina está alterada por esa euforia que nace
de su independencia y que actúa como un poderoso anestésico contra
los males del ambiente; a esto hay que agregar el encanto de lo
o
desconocido. Cuando se molesta, cuando se incomoda, ya está irre-
mediablemente prisionera de esos cuatro niños (o dos hombres y dos
mujeres) que la han incorporado «a su mundo con su encanto, con
sus cantos de sirena como ella misma lo dirá más adelante.
Lucas Foster
Ejerce sobre los chicos una especie de influjo mágico. Desde
las primeras páginas está presente, y desde entonces, también la an-
siedad de ellos. :
La autora crea una actitud de espera de la cual participa el
lector y va logrando el clima favorable para la aparición de Lucas.
Viajante de una editorial estaba ausente largos meses durante
los cuales se comunicaba con sus sobrinos telefónicamente o bien les
escribía cartas fantásticas sobre sus aventuras en la selva,
Desde el primer momento Albertina supo de su existencia, los
chicos hablaban de él constantemente: “cuando venga Lucas”, “lás-
tima que no está Lucas”, “a Lucas no le gusta que nadie llore”,
“cuando está Lucas suena el teléfono todo el día, lo llaman tantas
personas”, Lucas habló hace dos días desde Salta”, “ya le hemos
escrito diciéndole como sos”, “como se va a alegrar cuando te vea”
“cómo te va a gustar”, “podrían ser novios, no?.. ;
Después de hablar por teléfono con Lucas tras una prolongada
espera, Albertina advierte que está temblando y se confiesa estar de-
finitivamente poseída por esa voz extraña y segura,
Pero quién es Lucas Foster? Si logramos liberarnos de la suges-
tión que domina a la protagonista y analizar a este hombre atendiendo
objetivamente a las pruebas materiales que de él poseemos... Para
ello penetremos en su habitación: “El piso estaba alfombrado con felpa
roja; las cortinos eran da terciopelo del mismo tono, un poco más
claro. La cama estaba sobre una tarima; los almohadones y la colcha
tenían flecos y borlas doradas. Las paredes estaban cubiertas por bi-
bliotecas con libros hasta el techo. En las homacinas colgaban esco-
petas, espadas, una urna de cristal cen una cabeza de indio, una
clepsidra y un barco dentro de una botella. Sobre la cabecera de la
cama, una reproducción de “Las bañistas” de Picasso En la pared,
encima de la mesa de luz, la fotografía de una desconocida. En medio
del salón un sofá vis a vis estaba puesto sobre una piel de leopardo”.
La estridencia del rojo toma por asalto a Albertina, y ese mues-
trario de adornos extravagar.tes se le antojan propios de la selección
de un espíritu extraño y excepcional. A nosotros, en cambio, nos choca
E A
esa cabeza de indio, la piel de leopardo sobre la felpa roja, el de-
talle rebuscado de la clepsidra, las borlas doradas. El sillón vis a vis,
los discos, los ficores, la salida independiente, nos descubren una trampa.
Quedan aún por considerar el traje de terciopelo negro que
usaba cuando estaba en casa y el anillito que le regalara a Martha
Cibils con la imagen en esmalte de una virgencita. Lucas Foster no
era un hombre excepcional, era un hombre común, desubicado, vani-
doso, y como Martha egoísta. Prefería huir de la realidad; olvidar sus
responsabilidades; inventar un mundo exótico, mágico: dejarse adorar
unos pocos días y luego nuevamente partir.
Finalmente, a la muerte de Martha Cibils, llega Lucas, alto. va-
ronil en su impermeable, seguro y sereno, solícito y tierno con Albertina.
Al mirarlo ella advierte que nada en él le es desconocido “ni siquiera esa
herida en la mejilla izquierda y hasta el cansancio que denotaban
sus ojeras. Lucas por su parte comprueba que es tal como la había
imaginado. La impresión es mutua, los chicos los habían preparado.
.. oo. + +... +. +... +... +. e... o..oo... o +... .... AUGE A
“Albertina volvió la cabeza, ocultándose de la mirada de Lucas”.
“El se levantó de la silla, Albertina vio acercarse una sombra que casi
la cubría. Lucas sentándose en el borde de la cama, le tomó nuevamente
una mano.
Martha Cibils
Es un ejemplo de craso egoísmo. Hay en ella una desviación del
sentido de la realidad, percibe normalmente el caos ambiental pero
ha elaborado una distancia que lo aleja de su yo. Apática y fría con
sus hijos se da afable y hasta blanda con Albertina. Sus reacciones
son desmedidas y teatrales a veces sus gestos y su conducta.
A la muerte de su esposo decide morir y se abandona, pero
ha de vivir lo suficiente como para arrastrar a sus hijos y aun a Al-
bertina Barden.
Diríamos que el olor a benjuí que se percibe desde el pie de
la escalera y que flota permanentemente representa la influencia de
Martha Cibils sobre el grupo, principalmente sobre sus hijos, de cuya
enfermedad ambiental es la gran responsable.
Delfina
Tiene 18 años, la misma edad de Albertina, pero hace alarde
de una experiencia completa, y la tiene. Procede con el desenfado
propio de la protagonista de “Bonjour tristesse”.
DE
José Maria Indarregui
Recién ha obtenido su título de abogado. Tiene ideologías ex-
temas y un individualismo aplastante,
Creyó ser el novio de Albertina y, a su manera, la amaba.
Ella lo consintió porque así le convenian a su soledad y a sus sueños
le muchacha pretendida.
Antifeminista ciento por ciento, confiaba plenamente en su as-
cendiente para terminar con las ideas de Albertina. No le gustaban
las cabecitas que pensaban demasiado, ella debia decir, obrar y pensar
según él e incluso, pensaba en hacerle cambiar el nombre, debía lla-
marse: Alberta Barden.
Su carácter dominante, su permanente asedio, su conversación
incomprensible y su absolutismo terminon por cansar a Albertina que
decide poner fin a sus relaciones.
Pablo Alcobendas
Estudiante crónico; amigo del anterior y mal poeta:
“Qué haremos con las manos y las piernas...
Y qué con las palabras y los gestos...
Y qué con los sombreros y las perchas. ..
Y qué con los buzones...
Y con las ruedas de cada bicicleta...
Y qué con las caricias y los ojos...
Cuando llegue el extraño y solitario momento de querernos”,
Indarregui y él no se entendían. Hablaban distintos idiomas porque
cada uno se refería siempre y exclusivamente a sus propios intereses.
Gustavo, Laura, Lydia y Diego Cibils.
Trece, doce, ocho y seis años respectivamente. Ellos son el re-
ultado de un hogar desintegrado y desposeido del mínimo de como-
lidades —los cuatro duermer. en la misma habitación=; no existe un
nivel económico básico, que permita al grupo afrontar sus necesidedes
y. lo fundamental tratándose de niños semihuérfanos: la falta de ca:
pacidad materna para la conducción de los hijos. La relación mu-
dre-hijos no existe.
Esta influencia negativa configura una susceptibilidad, un terreno
predipuesto al comportamiento anormal. Los niños observan una con-
ducta licenciosa; son el resultado de factores psicológicosociales a los
que llamamos comúnmente “medio familiar”.
Gustavo, el mayor de los Cibils es quien tiene porticipación más
activa y una singular responsabilidad por el grupo, Como el dinero
que les envía su tío Lucas mo alcanza porque su madre es contribu-
yente de numerosas sociedades obscurantistas, él vende en plena calle
porteña y llamando la atención con pompas de jabón, una serie de
adminículos y prendas que recomienda mostrándose muy conocedor de
las exigencias femeninas: “cómodo y elástico —decía con voz grave—
morcará sus líneas, afinará su cintura”; mostraba un corsé negro con
ligas rosatas; mercadería de contrabando, grosera, que conseguíc por
intermedio de los marineros que anclaban en el puerto, a dos cua-
dras de su casa.
Más próximo a la adolescencia ha descubierto su yo. Asume a
veces una actitud enigmática; tiene impulsos apasionados; convicción
del propio valer. Su postura es excéntrica y contradictoria. Cuando Al-
bertina llega por primera vez a su casa no le permite pagar el taxi:
“ninguna mujer paga cuando estoy yo delante”, y en otra oportu-
nidad: “sos más linda dormida que despierta, a todas las mujeres les
pasa lo mismo”; pero daspués ocultará avergonzado su desnudez cuan-
do Albeitina los sorprende bañándose en la terraza.
Es fanfarrón, petulante, con maneras voroniles, y manifiesta: sis-
temáticamente aversión por los intereses femenincs: 'no es asunto de
mujeres”, “son cosas de hombre”.
Quieren a Albertina y tratan de monopolizarla, pero ella repre-
senta la sociedad y en ella descargan, a ella le transfieren su rencor
subyacente —cuando abren la encomienda con los du'ces enviados por
sas tías y comen hasta el hartazgo; pero no guardan nada, convierten
las galletitas en aserrín, derraman los dulces, llenan los frascos con
tierra y agua y aun escriben en la pared con dulce de ciruelas: “la
miel es para los tuertos, el dulce de frambuesas es ácido y feo. Lydia
tuerta”.—
Este grupo infantil presenta las mismas características, como si
todos ellos pertenscieran a un mismo tipo psicológico y sufrieran exac-
tamente las nismos transfiguraciones de caráter. No hay uno distinto
de otro, son desafiantes, agresivos, solidarios entre sí y también, a ve-
ces, encantadores.
La conducta agresiva que manifiestan se justifica st vamos en
busca de las causas originarias que mo son otras que la frustración
de sus necesidades infantiles. Odian la autoridad. Se someten al rigor
de la vara de mimbre que esgrime la madre o como Lydia ríen his-
téricamente, pero entre diente escopa la amenaza: “se lo contaremos
a Lucas. ya lo verás; se lo contaremos a Lucas”.
A
Deseon cada día que su madre muera, les molestan los basto-
nazos contra el piso y llevar y traer platos en los que meten los dedos
para comprobar si la comida está fría o caliente.
Si algua vez existieron lazos entre Matha Cibils y sus hijos, éstos
están ahora rotos, deshechos a tal punto que de ellos no queda la
menor muestra de su anterior existencia.
“La caída” es un conflicto absorbente que nos lleva a no abandonar
el libro hasta alcanzar el final. Beatriz Guido se lanza a la vigilante
inquisición de varias psiquis. Presenta los personajes y nos enfrenta con
los hechos desde su perspectiva; aparecen así los Cibils que adquie-
ren una alucinante dimensión,
Utiliza el diálogo directo aunque siempre dirigiéndolo, Por estos
detalles podemos incluir a “La Caída” dentro del tipo de novelas dra-
mático-psicológicas.
Aunque representa una tarea difícil hablar de estilo entre los
autores que desaparecen tras el diálogo de sus personajes donde al-
ternan los guiones cultos y los vulgares, precisamente por el hecho de
que los autores meorrealistas proceden con criterio fotográfico y aun
fonográfico, Oscar Villordo habla de una forma, de una manera per-
soral, da un fenómeno Beatriz Guido. Su facilidad para describir con
minuciosidad todos los detalles, logra escenas con las cuales nos pa-
rece haber soñado, como por ejemplo: la recepción que preparan los
Cibils a Albertina e Indarregui y la muerte de Martha Cibils.
Beatriz Guido elige los temas sin prejuicios, para ella no existen
tabúes y es así que tanto en esta obra como en “La casa del Angel”
toma los de la adolescencia y desemboca en los exclusivamente sexuales,
“en especial la pérdida de la virginidad que señala como una ob-
sesión a sus personajes femeninos. Esta «audacia se llama hoy actua-
lidad y a veces se confunde con la morbosidad”. (1)
Los elementos comunes en sus relatos son: sexo, crítica, orgullo, soledad
y metafísica.-
(1): Oscar Hermes Villordo
LA ESCUELA NUEVA
por MARIA del PILAR PIERNAS
Nuestra época es escenario de un movimiento pedagógico que
no se ha igualado a lo largo de la historia. Esta revolución se acen-
túa en lo concerniente a los métodos de enseñanza. En épocas pre-
téritas debían transcurrir muchísimos años para que se produjera una
innovoción en este sentido.
No debe pensarse sin embargo que la tendencia al cambio sea
exclusiva de los tiempos modernos, porque movimientos de esta indole
se observaban ya en la antigiedad, pero en este momento son nú-
merosísima las deas que pugnan entre sí por disputarse un lugar de
privilegio.
A pesar de la diversidad de estos métodos, poseen ellos carac-
terísticas comunes que han dado origen a la llamada “escuela nueva”,
que si bien varía con el tiempo y el lugar, tiene siempre en cuenta
que la doctrir.a de la educación y la filosofía de la vida son insepa-
rables. Los representantes de los grandes sistemas filosóficos (Sócrates,
Platón, Bacon, Rousseau, Kant, etc.) son al mismo tiempo los pala-
dines de nuevas concepciones en materia de educación. De la manera
que se considere al hombre dependerá su formación y el enfoque con-
que se forje su destino. Eucar al hombre significa educar a la comu-
nidad, que reclama siempre medios nuevos, ya que ella: constantemente
se reforma.
El pedagogo norteamericano John Dewey puede señalarse como
uno de los iniciadores de este movimiento, opuesto al de la escuela
tradicional, que se concretó en sistema representativos Je la escuela
nueva, como el de Kerschensteiner, Wineken, Cousinet, Montessori,
Decroly, etc, etc,
00
La antigua educación consideraba al niño como inerte espiri-
tualmente, un ente a quien el maestro podía plasmar a su antojo.
Desconocíase totalmente la psicología infantil que con rigor científico re-
veló más tarde que cada alma posee peculiaridades que es necesa-
rio respetar.
Hablar de personalidad e individualidad no significa que el edu-
cando deba ser tratado aisladamente. Muy por el contrario —como
bien lo manifiestan los representantes de la pedagogía social el hom-
bre es un ser eminentemente social, y es en el seno de la sociedad
donde desarrolla su vida especificamente humana.
Natorp ha dicho que el individuo no pasa de ser una abstrac-
ción, tal como el átomo en física. La sociedud es la única realidad
y por lo tanto no tiene sentido considerar la vida psíquica o intelec-
tual fuera de la urdimbre de la comunidad. Este último término es el
adecuado para designar lo que se opone al individuo cuando se ha-
bla de la realdad educativa. La comunidad se caracteriza por la
libertad de que gozan sus componentes, exentos de las normas que
rigen al grupo social. La escuela nueva propicia en su más alto grado
la vida en comunidad, al proponer una cooperación que reemplace
a la competencia. La misma cordialidad debe observarse en las re-
laciones entre maestros y alumnos y las características de ambos sexos
se complementarán en el trabajo. La educación en común parmite ha-
cer ver al niño que no sólo el yo existe: nace en él la conciencia
del tú y se indentifica a tal punto con sus compañeros que solamente
valen los intereses del grupo. La amistad y el compañerismo surgen
como une necesidad.
Lo individual y lo colectivo no se oponen. Cuando un trabajo
es realizado por todos los alumnos, no significa que no se tenga en
cuenta su individualidad, a pesar de que no se trabaja en forma se-
parada.
La escuela antigua consideraba el conjunto de alumnos como
una unidad, y para todos imponía el mismo trabajo e idéntico trato.
El concepto de individualidad consistía en exigir a cada niño un des-
medido esfuerzo que rivalizaba con el de sus compañeros. El trabajo
en común reemplaza esta antigua concepción. No puede condenarse
al niño a un aislamiento que está en desacuerdo con su naturaleza.
El trabajo ajeno sirve de estímulo y aliento al propio trabajo, y en esa
tarea en común cada cual aporta el fruto de su elaboración, con
beneficios para sí y para la comunidad.
Otro concepto importantísimo que estos métodos trajeron consigo
— 63 —
es el de la escuela de trabajo, que es aquella que no establece li-
mites netos entre la escuela y la vida. El célebre pedagogo Pestalozzi
consideró un elogio a su tarea de maestro el hecho de que su escuela
fuese confundida con una casa de familia.
Solamente viendo al niño actuar puede conocérsela; es en la
actividad donde desarrolla éste todas sus tendencias y fucultades que
la educación encauza en forma conveniente; en la actividad pone el
niño de manifiesto su iniciativa, Esta actividad por su parte debe ser
adecuada a la edad y modalidad del niño. Su ejecución debe pro-
vocar el mismo placer del juego, si bien debe ser componente de ta-
reas serias,
La escuela activa se propone suplir la pasividad en que la
escuela tradicional sumía al niño impartiéndole una enseñanza memo-
rística y rígida, y donde del binomio educando-educador, era el último,
el más importante. Sin embargo, la escuela que aún rige en nuestro
ambiente escolar, recluye al niño en un espacio limitado, donde cual-
quier manifestación de expansión es considerada como indisciplina.
Intimamente unida a la idea de cctividad se halla la de liber-
tad. Si en el niño es natural la actividad mental y física, pueden éstas
encauzarse positivamente y resultar de valiosa ayuda para el maestro,
Cómo podría privarse al alumno de esa libertad, si se aprende por la
acción? La habilidad del maestro consiste en transformar en útil esa
actividad que inevitablemente desarrolla todo niño. Pero si en una
clase es el maestro quien realiza toda la tarea, poco de provecho
quedará por hacer al alumno, quien convertirá si natural actividad
en actos de indisciplina.
La Dra. Montesori opina que la libertad debe reinar en el aula
porque favorece al alumno fisicamente y, en forma paulatina, lo in-
dependiza. Poco a poco van desapareciendo los actos bruscos o gro-
seros, pora ser reemplazados por movimientos naturales que a nadie
perjudican, porque libertad no significa desorden.
R. Cousinet, que organiza a los escolares en =quipos, opina que
la libertad es la base de su método, no permite intervenir en la for-
mación de los grupos. donde los niños se reunen de acuerdo a sus
simpatías personales y a la afinidad de sus caracteres. La clase se
desarrolla así en un ambiente de alegría pero al mismo tiempo de
orden, porque los niños concentran toda su atención en algo que
realmente les interesa.
Ellen Parkhurst, autora del Plan Dalton, habla también de la
importancia que la libertad tiene en todo sistema educativo. No la
>
libertad que alienta lo malo, ya que eso sería sometimiento y esclu-
vitud a lo que únicamente perjudica, sino la libertad que crea el es-
píritu de responsabilidad,
En el Plan Dalton no existen horarios prefijados, sino que se dis-
pone del tiempo en la forma que se lo considere más conveniente
Todos los pedagogos modernos coinciden en poner en la base
de la enseñanza estos tres principios fundamentales: actividad, indivi-
dualidad, libertad Naturalmente que ellos deber. ser bien interpretados
y aplicados de acuerdo al lugar, a la modalidad de los mños a quie-
nes se trate y disponiendo de los medios materiales para la aplicación
de estos métodos que tratan de dar un nuevo enfoque a la educa-
ción, desterrando de ellc lo que no tiene en cuenta la naturaleza del
niño, lo que deja de lado la jerarquización de los valores, lo que
olvidó espirituálizar la cultura.
La educación nueva se apoya en la psicología del niño que
lo ha mostrado en su verdadera dimensión. Con el incremento tomado por
esta ciencia se lo ha llegado a conocer ampliamente y se ha visto
que no puede imponérsele todo el cúmulo de conocimientos que po-
see un adulto; deben ser estudiadas sus necesidades en las distintas
épocas de la vida para ser tratados convenientemente y alcanzar la
ansiada madurez en forma paulatina y sin violencias que lo perjudiquen,
No debe ponerse los ojos en el mañana, sino que debe per-
mitirse al niño vivir plenamente el presente. Si se altera el orden de
la naturaleza se corre el riesgo de violar lo propio del niño en cuanto
al pensar y al actuar, con graves consecuencias en el rendimiento como
escolar y aún en su vida social. Por eso cada tarea que se asigne al
alumno debe ser estudiada previamente por el educador para saber si
desarrolla en «uquél algunas de sus facultades, erróneamente conside-
radas similares a las de los adultos.
Otra tarea importantísima del maestro y en general de la es-
cuela, es brindar al niño un ambiente placentero, donde reine la ale-
gría y el deseo de trabajar. Nada más adecuado que acompañar
toda enseñanza de un factor que se torna principalísimo: el interés, En la
escuela nueva, el maestro colabora con los niños en la búsqueda de la
verdad y se rectfican errores o se verifican aciertos con los libros abiertos,
cosa que hubiera horrorizado a los maestros de otras épocas; se estudia
lo que se cree conveniente sin previamente haberlo fijado.
En algunas escuelas europeas se ha abolido la formación y los
alumnos se mueven con entera libertad dentro de los locales escolares.
La escuela nueva atiende no sólo la vida intelectual del niño,
—65=
sino tambien la física, estético, moral y social, de ahí la importancia
que en la actualidad se les da a las materias que otrora fueran mal
lamadas pasivas. Si se tiene en cuenta la íntimo relación que existe
entre la vida psíquica y la sensorial, es particularmente deducible que
el desarollo de una de ellas favorece al de la otra y es posible afir-
mar que no existe ninguna actividad manual que no requiera la tarea
del cerebro.
La actividad de la mano contribuye a la formación espiritual.
El niño tiende a expresarse por medio de formas gráficas o plásticas y
encuentra campo de acción en las diferentes asignaturas particulares.
Además de fuente de expresión, es el trabajo manual fuer.te de
conocimientos. No es empero éste, la única forma de trabajo; lo que
importa es la autoactividad del niño, así como su independencia. La
escuela y la vida deben estar en íntimo contacto y el propósito de la
primera es formar una juventud capaz de desempeñarse con éxito en la
vida.
Respetar al niño es la consigna de la escuela nueva. La edu-
cación no crea nada en él sino modifica y encauza facultades que
son innatas, con el propósito de hacerlo mejor y más feliz.
La escuela nueva, la escuela del mañana es una necesidad que
urge concretar hoy, -
En nuestro país son numerosos los obstáculos que impiden llevar
a la prática este tipo de enseñanza. Si bien es cierto que en los úl-
timos años la preparación de los maestros tiende a hacer efectiva la
aplicación de los métodos nuevos, los locales escolares inadecuados y
las aulas con excesivo número de alumnos, imposibilitan la plena rea-
lización de lo que en mínima escala ha dado frutos maravillosos.
Puede mencioncrse también como una traba de gran peso, los
programas escolares. Son estos, programas que rigen sin modificaciones
desde muchos años otrás; de estructuración analítica, carentes por com-
pleto de flexibilidad, que ponen en juego sólamente la parte intelec-
tual del niño.
Son por lo tanto, opuestos totalmente al espíritu de la nueva
enseñanza. Además, a pesar de que se predica insistentemente que toda
la actividad debe girar alrededor del niño, y que este constituye el
centro de gravedad en lo que a enseñanza se refiere, en lapráctica
no se ha llegado a esto; no existe una proporción entre el trabajo del
maestro (escolar y extraescolar) y el escaso aprovechamiento y activi-
dad del niño en la clase.
El factor económico crítico, a su vez, impide la construcción de
66 ==
locales adecuados y la adquisición de elementos necesarios para que
estos métodos puedan ser aplicados.
A pesar de todos los inconvenientes, la escuela argentina tiende
a hacer efectiva esta renovación, basada fundamentalmente en el co-
nocimiento de la psicología del niño, para tratar de dar cumplimiento
así, a aquella exigencia formulada por Luzuriaga con estas palabras:
“la educación nueva es la educación que aspira a formar la indivi-
dualidad vital, dentro de la colectividad, en un ambiente de libertad,
por medio de la actividad”.
A pro ed ey eo e —
- ADIEESION a
A RS ER
Y
ALGUNAS CONCEPCIONES ACTUALES
DE FENOMENOLOGIA ESTETICA
por DARIO PERETII
Me propongo exponer en esta nota algunas observaciones sur=
gidas del estudio de ciertas concepciones actuales de estética fenome-
nológica que me parecen dignas de ser tomadas en consideración.
Se caracterizan éstas por tener una constante; la de un teoricismo evi-
dencialista, claramente visible, en contraste con las más aceptada de
las concepciones fenomenológicas estéticas, cuya eser.cia es coherente-
mente empírica y, en consecuencia, inductivista
Al emprender tal trabajo conviene recordar la concepción esté-
tica, propia de la escuela ortodoxa husserliana, que floreció en Ale-
mania. Esta escuela y su doctrina concibieron la fenomenología estética
como un intuir eidético y evidenciado de la esencia fenomenologica-
mente reducida del arte, lo que equivale a decir que es una doctrina
del “valor'estético” en su capacidad de automanifestarse. Dentro de
esta doctrina podría ser encuadrado, en líneas generales, nuestro Gue-
rrero, aunque son visibles en él, algunos intentos de evasiones hetero-
doxas, evidenciadas en las no disimuladas simpatías hacia Dufrenne,
Merleau-Ponty y Sartre, acaso explicables por el hecho de que Guerrero
fue, fundamentalmente, un gran psicólogo.
Mientras tanto, como contraparte, se ha ido estructurando en
Francia una fenomenología estética que, de hecho, viene «a ser una
revisión de la otra, porque, aún partiendo de la de tipo husserliano,
se diferencia de ella en forma esencial y definida. Entendemos referir-
nos principalmente a la fenomenología estética de Mikel Dufrenne, fe-
nomenologíc que entendemos puede ser conectada, en líneas generales,
E a E
con lo psicología fenomenológica de Sartre y de Merleau-Ponty y, en
particular, con la fenomer.ología estética que Sartre expone en forma
embrionaria en su “Imaginaire”,
Dufrenne afírma en forma totalmente explícita que la fenomeno-
logía, en general, describe solamente “la conciencia humana”, la “con-
ciencia que está en el mundo”, y no por cierto, aquella “irreal” con
relación al propio campo de los hechos psíquicos. En otros términos;
se define en Dufrenne y con anterioridad en Sartre y en Merleau-Ponty,
una fenomenología dedicada a investigar la concreta esencia psíquica.
Naturalmente, lo antedicho es válido también para la fenomenología
estética que considerará entonces el hecho artístico sobre el terreno
concretamente psicológico y no ya en límites transcendentales de la hus-
serliana “conciencia fenomenológica”.
Además, Dufrenne afirma, siempre partiendo de Sartre, que los
“fenómenos”, es decir, los datos de la conciencia, noson de ninguna
manera presupuestos a la conciencia, sino que, al contrario, forman
los inmanentes correlativos de la “conciencia real”, fuera de la cual
los tales “fenómenos” son inconcebibles.
Conviene recordar, al respecto, que lo dicho no elimina el hecho
de que, además del objeto-fenómeno, está, como condición nouménica
de éste, el objeto en sí, el “pour soi”, según la definición sartreana,
- Ahora bien; esta “nueva” fenomenología estética, iniciada por
Sartre y Dufrenne, presenta algunos puntos discutibles. En primer lugar,
si bien se asienta en definitiva sobre un terreno concretamente psico-
lógico y de conciencia, se apoya todavía en una pretendida intuición
evidencial de orígen cartesiano y husserliano, y no se limita, por lo
tanto, a investigar empíricamente el reino de la conciencia, o sea con
criterios puramente metodológicos. que se identifican con los inductivos.
Además, tal fenomenología, fuertemente influenciada por la metafísica
existencialista, implica un concepto, no yc metodológico, sino realísti-
camente existencial de la conciencia (la “conciencia que está en el
mundo”), lo que define, especialmente en Merleau-Ponty, una posición
doctrinaria unilateral del comportamiento. En suma, tal fenomenología
está viciada, no solo por un evidencialismo necesariamente metaempí-
rico y metafenomenológico, sino también por el hecho de que tiends
a llegar a una verdadera y propia indagación del compartamiento
que, como sabemos, no tiene nada que ver, dado su carácter “ob-
servativo”, con la fenomenología entendida en su especificidad, que
de ninguna manera puede identificarse con la psicología experimental.
Merleau-Ponty es precisamente quien resuelve la fenomenología estética
en una indagación del comportamiento, cuando considera el lenguaje
e A
artístico como un “comportamiento” que, trascendiendo e integrando el
plano simplemente verbal, se hace “gesto ritualizado”,. llevando así a
la luz de la expresión experiencias inexpresables; en suma, Merleau-Ponty
considera el lenguaje artístico como aquello que nos socorre cuando
la palabra (o sea el simple comportamiento verbal), ha agotado sus
intrínsecas posibilidades, de manera tal que ciertas experiencias (espe-
cialmente de orden inconscientes), quedarian huérfanas de toda expre-
sión si no se apelara, precisamente, a un comportamiento de signos
diversos, y, en cierto sentido, superior, con respecto al que emana de
lo simplemente verbal (designativo, simbólico, etc.).
En ltalia hoy dos concepciones originales (con respecto a la or-
todoxa husserliana) Una es la doctrina de Antonio Banfi y la otra es
la de Guido Morpurgo Tagliabue. Ambas son fenomenológicas, Banfi
quiere fundar una estética como fenomenología del arte, pero pare-
cería pisar todavía terreno teoricistá al concebirla de manera metafe-
nomenológica,
En efecto; para este autor, la experienciu estética está intrinse=
camente condicionada por su principio trascendental que es el de la
antinomia dialéctica ““subjeto-objeto”, propio de toda experiencia, y que
se especifica, en el caso del arte, con el principio problemético de la
“identidad del yo y del mundo”. Tal principio dialéctico es entendido
kantianamente como principio regulador y de conexión de la experien-
cia, operante al infinito y en forma siempre parcial y progresiva. En
el pensamiento del autor ello se especifica o como el principio del
resolverse problemático del mundo en el yo, dando lugur a las artes
constructivas, plásticas y figurativas, o como el resolverse problemático
del yo en el mundo, dando lugar al arte literario y a la música. Lo
dicho significa que para Banfi la fenomenología consiste, siguiendo las
huellas de Husserl, en una ciencia pura y teórica de los principios o
de las relaciones a priori, de las razones que condicionan trascenden-
talmente las más variadas formas de experiencia y al imismo tiempo
permiten hacer apriori la interpretación especulativa; para Banfi la pro-
blematicidad se transforma en el principio trascendental de la expe-
riencia general, perdiendo así toda significación metodológica, es decir,
se endurece en su valor teórico, tanto con relación a la estructura
ontológica de la experiencia, como el criterio teórico de la interpreta-
ción de tal experiencia. En otros términos; la fenomenología estética
del Banfi quiere ser una “teoría” de la experiencia estética, que aspira
a fijar con criterio de verdad los ingredientes constitutivos racioncles
y trascendentales; quiere ser, en suma, una categorización y una le-
a
galización «absoluta y metahistórica del arte sobre las base de un
prir.cipio intrínseco y trascendental
Sobemos, sin embargo, que la única via para categorizar y teo-
tizar el fenómeno estético es la de deducirlo de la misma subjetividad
pensante, y no la de descnbir el principio trascendental (según sugieren
Kant y Husserl), dado que toda intuición evidencial adolece de un
claro dogmatismo. Hay un imperativo fenomenológico que nos impone
describrir el arte abandonando la pretensión de legalizarla a priori en
algunos de sus principios trascendentales, es decir, la pretensión de
aprehenderla como acto y como relación subjeto-objeto, forma-conteni-
do, etc. Banfi parece no aceptar que el idealismo dialéctico sirve para
afirmar la actual crisis de la teoricidad dirigida a cualquier objeto,
porque nos parece que lo que precisamente el autor pretende ence-
rrar en su estética, es teorizar la experiencia estética en uno de sus
principios trascendentales.
De manera bien distinta entiende Morpurgo Tagliabue la feno-
menología estética. El autor sienta la premisa de que la estética mo-
derna ha terminado siempre por “resolverse en ontología”, o por ser “de-
. ducida de un principio sistemático”. Juzga oportuno, por lo tanto, que
se dé a los resultados de la indagación estética una “significación
empírica”, no endurecida ontológicamente. Quiere que la indagación
estética apele continuamente, metodológicamente, a la viva experiencia,
personal del investigador, y se autocontrole, refiriéndose a tal experien-
cia y que la indagación misma se desarrolla según un procedimiento
y un método que sea analítico y aporético, en el sentido de estar
siempre dispuesto a resolver las aporias de una cuestión cultural, y a
convertir una polémica en una antipolémica. Es un mérito del Morpurgo
el haber concebido la fenomenología estética como indagación deci-
didamente empírica, ajena a todo aspecto teorizante y ontológico de
sus resultados. Ahora bien; debe admitirse que el procedimiento feno-
menológico tiene un carácter de metaobservación ya que procede de
una fenomenología del arte, concibiendo este último, en general, como
un proceso técnico que individualiza y vuelvs concreta con percepción
sensible una inicial y confusa “intuición ideal”. No es posible confun-
dir el método experimental de la ciencia, dirigida sólo a la “observoble”,
con el muy diverso método de metaobservación de la fenomenología,
que es una indagación específica y no un apéndice de la ciencia ex-
perimental. Si cada arte consistiera verdaderamente en un comporta-
miento, el único camino sería el de derivar el problema estético a
«alguna ciencia experimental como, por ejemplo, la psicología experi-
mental o la sociología, renunciado a toda fenomenología estética que,
O
por constituirse en calidad de indagación específica, debe poder pres-
cindir del “campo de observación” de cquéllas,
La conclusión debería ser, en consecuencia, que la fenomeno-
logía en general tiene clara conciencia de su autonomía, porque es
un tipo de indagación basado sobre la metaobservación de los hechos
de conciencia, En tal aspecto, aventaja tanto a las ciencias experimen
tales como a la misma psicología.-
en
APUNTACIONES SOBRE
EL JORDANISMO
por OSCAR FP. URQUIZA ALMANDOZ
“La historia argentina no es el resultado de una oposición
diametral entre el egoísmo de los directoriales y la abnega-
ción de los caudillos. Entre el unitarismo réprobo y la santa
federación. La historia, que es una gran reconciliación, porque
es una explicación definitiva, formula esta otra gran verdad:
el país es la obra de si mismo. No lo han hecho éstos ni
aquéllos. El se ha hecho con la verdad y el error, con el
bien y el mal de todos”
(“La Nación”. Bs. As., 1/3/1929)
Génesis del Jordanismo
Los primeros dias de 1862 señalan el inicio de una etapa cru-
cial en la trayectoria urquiciana. Á pocos meses de Pavón, vientos de
incompresión, de localismos exacerbados, lamiscaron las <uchillas en-
trermanas y se adentraron en la selva montielera. “Misterio” el de
cquella batalla todavía no develado por los historiadores, aunque en
nosostros están siempre presentes aquellas palabras del Entrerriano, en
esos momentos argentino como pocos: “Mi estimado amigo: los docu-
mentos que remití muestran hasta donde he ido para obtener la paz”,
decía a López Jordán en carta del 30 de diciembre de 1861.
Creemos, mientras no se nos demuestre lo contrario, que la paz
fue su objetivo supremo. Cincuenta años argentinos abiertos en espe-
ranzas de paz, marchitadas una y otra vez en los campos de batalla,
convencieron al general Urquiza de que su retirada, sin interesar el
sacrificio personal que ello importara, era el único camino hacia su
logro. Y lo fue..., pero fue también el camino hacia su muerte, que
— 5 -—
es lo mismo que decir hacia su gloria.
Su espada se había desenvainado victonosa para dar libertad
a un pueblo, se había inclinado respetuosa ante el libro sagrado de
la Constitución Nacional y ahora, se envainaba, renunciante de nuevos
lauros militares, en procura de la definitiva unidad nacional. El triunfo
de las fuerzas confederadas, Cepeda lo había demostrado, no solucio-
naba el problema de la República unida y organizada. Así lo com-
prendió Urquiza, y por eso, aunque escocida el alma, tomó la de-
cisión de dejar vencedor en los campos de Pavón al Ejército de
Buenos Aires,
Alto precio pagaba el federalismo provinciano por la organiza-
zación defimtiva, por las catorce estrellas brillando esplendentes en el
azul purísimo de la bandera Pero, ¿acaso no lo merecía el espectá-
culo de la Potria unida?, Las miras políticas del viejo general no fueron
<omprendidas ni compartidas por antiguos federales, algunos de ellos
camaradas de inuchas jornadas ozarosas en las que el ideal federativo
había permanecido enhiesto frente al avance del centralismo porteño.
Tampoco supieron interpretarlas algunos jóvenes ilustrados, idealistas sÍ,
pero convencidos de que el ideal argentino era el triunfo de la causa
provinciana, el respeto «a las autonomías locales, el no sometimiento
a la prepotencia de la ciudad del puerto.
La semilla amarga de la desconfianza prendió en los surcos
entrerrianos. La semilla otrora grávida de esperanzas, de fe en el cau-
dillo, intérprete genuino de un pueblo que había aprendido a desde-
ñar el vasallaje, se abrió en sospechas, creció en dudas, y afloró a
los cuatro rumbos en afirmación de acíbar: “Traición!”
No importaron largos años de lucha y de coraje; no bastaron
Caseros y la Constitución. “El general se habia vendido o los porte-
ños... y ya fue imposible desarraigar ese convencimiento que mor-
día el alma de algunos.
Penosos acontecimientos advendrán después. Entre Rios asistió do-
lorida e impotente a la consumación de hechos inauditos. Paysandú,
la ciudad hermana, después de ser incendiada cayó en poder de los
“colorados” dirigidos por V Flores, que había equipado su expedición
en Buenos Aires y obtenido el amplio apoyo de las fuerzas brasileñas.
El incendio de la ciudad, la muerte de Leandro Gómez, uno de los
jefes del partido "blar.co”, de mucha afinidud política con el federal,
argentino, conmovieron el alma entrerriana. Palabras adoloridas nos
llegan de lejos, de aquel tiempo y de aquellos lugares en que la
¿guerra fratricida había dejado caer su maldición de fuego, de deso-
lación, de muerte... “La contemplación paciente de semejante cuadro
.. —-
2 e A
era insoportable. Entré Ríos ardía indignado ante el sacrificio de un
pueblo hermano, consumado por nación extraña. El general Urquiza
no sabía ya como contener a los que no esperaban sino una señal
para ir en auxilio de tanto infortunio” (1)
Pero el general Urquiza no iba en ayuda de los sanduceros,
La semilla de la desconfianza seguía creciendo. “El general se había ven-
dido a los porteños .”
Sin embargo, el viejo luchador sufría. Su mirada se perdía allen-
de el río, su corazón estaba allá, junto a los restos humeantes de una
ciudad destruida, estrujado ante el dolor'de un pueblo que, al fir., era
el dolor de su propio pueblo. Justo José de Urquiza era un general
de la Nación de esa Nación que tanto había costado organizar y
unir. ¿Podía él, que habia dado sus mejores esfuerzos en procura de
ese anhelo tan largamente acariciado, quebrar con una desobediencia
la unidad lograda?
El gobisrmo nacional se había inclinado por una política de
prescindencia, cunque era evidente que veía con muy buenos ojos el
triunfo “colorado” en el Uruguay. Por tanto, el único camino que
quedaba a Urquiza era el que señalaba en carta al padre Ereño:
“Yo soy un jefe de la Nación que me he sacrificado por establecer
con toda su fuerza y en todo su vigor la ley, y no vendría a oscu-
recer mis servicios con el injusto dictado de rebelde, que es lo que en
justicia se me daría, si yo no fuera consecuente con los principios que
rigen a mi país. No quiero decir por esto que como hombre haya
perdido el derecho de simpatizar con una causa más que con otra;
pero faltar a mis deberes, esto jamás...” (2)
Sin embargo, no permaneció indiferente, Actuó como mediador
en el conflicto, procurando bases de arreglo. Solicitó treguas, propuso
capitulaciones honrosas, Lamentablemente las pasiones estaban desbor-
dadas y lu lucha llegó a los muyores excesos.
Año aciogo fue el de 1865 para el sentir entrerriano. Al des-
puntar enero, Paysandú “blancos” y “colorados”, la “indiferencia” del
jefe al que se siguió suponiendo rendido a la política porteña, Al
finalizar marzo, la guerra con el Paraguay, no querida, rechazada an-
gustiosamente por el litoral argentino. Nuestros poetas lloraron la suerte
del país hermano, pero la Naciór., llevada por su gobierno a esa
situación, exigió nuevamente al general Urquiza una decisión irrevo=
Ñ (1 JULIO VICTORICA, “Urquiza y Mitre”, Buenos Aires 1906, p. 465.—
(2) LUIS B_ CALDERON, “Urquiza” Buenos Alres, 1949,—
|
= 78 =
cable. Otra vez la tremenda disyuntiva; otra vez golpeándole el pecho
su corazón de hombre y su deber de patriota. Y consecuente con su
conducta anterior acalló el reclamo del primero y eligió el doloroso
camino que le señalaba el segundo.
Convocó a las fuerzas entrerrianas y se puso a las órdenes del
Presidente de la República, general Bartolomé Mitre, Mucho costó a
Urquiza su acatamiento al País, a las leyes, asu gobiemo Cada una
de sus decisiones lo fueron alejando de algunos hombres que hasta
entonces lo había acompañado. Para ellos, el general había resignado
desde los días de Pavón, las. banderas federales que tan caras habían
sido siempre a la entrerrianía.
Los años se fueron sucediendo preñados de sinsobores. Desde
1864 gobemaba la Provincia D. José Maria Domínguez. Interregno en
el largo patriarcado de Urquiza, quien en vísperas de la renovación
de autoridades en 1868, postuló su candidatura a la primera magis-
tratura de la Provincia. “Pero las circunstacias políticas habían cambiado.
Ya no se daban las mismas condiciones que en elecciones anteriores.
Urquiza, si bien conservaba gran parte de su prestigio, no era ya el
caudillo indiscutido.
A todo lo que hemos dicho anteriormente sobre la incomprensión
de algunos y lá desconfianza de otros, debemos agrega: nuevos mo-
tivos que se fueron sumando para producir el deterioro de su autori-
dad y su prestigio Desde 1841, Justo José de Urquiza gobemaba a
Entre Ríos. Aun durante el gobíermo de Domínguez su influencia se
había hecho sentir en grado sumo. Un diario de la época decía: “Es
ocioso negar que Domínguez es gobernador de Entre Ríos por la vo-
luntad del general Urquiza”, (3) y el propio gobemador en carta a
Urquiza del Ó de mayo de 1864, hoblaba de “nuestro comun go-
bierno”, solicitándole “ideas, consejos moderados y medidas sabras”.
Sabido es la magnifica labor desplegada par Urquiza como ti-
tular del Poder Ejecutivo de la Provincia. El adelanto de Entre Ríos
en todos los órdenes, principalmente durante el decenio 1841-1851, es
prueba incuestionable del acierto con que rigió los destmos de la Pro-
vincia. Pero también es cierto que los pueblos se cansan de los go-
biernos fuertes y prolongados, y treinta años constituyen un período
demasiado extenso, para que un gobernante no se desgaste en la ar-
dua tarea y ante el consenso público. Por eso conceptuamos Un craso
error político el cometido por Urquiza al bajar nuevamente a la lid
(3) "EL INDEPENDIENTE”, Concepión del Uruguay, Entre Rios, Biblioteca de
la Universidad de la Plata
—= 7 ==
electoral, en procura de und nueva consagración como gobemador
de la Provincia.
Posiblemente prevaleciera en su ánimo la convicción de que un
triunfo de aquéllos qué paulatinamente se habían alejado .de sus miras,
por no compartirlas o tal vez por no comprenterlas en lo que esen-
cialmente tenían de nacional, haría peligrar esa obra en la que ésta-
ba empeñado y a la que todo habla brindado, obsolutamente todo,
porque difícilmente podrá encontrarse en la historia de aquellos años
otro ejemplo de un hombre que haya renunciado a tanto eh aras de
la unidad del país
Lo cierto es que su candidatura fue postulada Pero esta vez
habrá oposición. La que débilmente se esbozó en 1864. cobró nuevas
fuerzas y todo ese disconformismo que hemos visto nacer y crecer en
Entre Ríos, según lo dicho arteriormente, por cousos reales y ficticias,
se articuló en el deseo de consagrar gobernador a quien se conside-
raba el hombre más representativo del sentimiento locolista, de, franca
oposición a los avances del porteñismo: Ricardo López Jordán.
El anhelo de la oposición se vió frustrado ante la aparición de
la condidatura de Urquiza. Las prácticas electorales de lu época, y
por cierto no privativos sólo de Entre Ríos, descartaban la posibilidad
de una elección en la que la libertad de sufragio estuviese efectiva-
menle garantizada. Ricardo López Jordán retiró entonces su candidatura,
siendo elegido el general Urquiza para el período gubernativo :1868-
1872
Un rúcleo de'jóvenes, muchos de los cuales habían pasado por
las aulas del Colegio Histórico donde habían aprendido a amar la
libertad y a amar la ley consideroron que Urquiza, que tonto había
luchado por esa libertad y poresa ley para imponerlas en el país, se
resistía a brindarlas a su provincia, a la que quería seguir dominando
en su ya harto extenso patriarcado,
Jóvenes entrerrianós en busca de ley y libertad, y viejos lucha-
dores federales queriendo reivindicar una bandera que ellos creían arria-
da desde los días de Pavón, se vincularon en totno a quien por dos
veces, en 1864 y 1868, se le habla cerrado el éamino del gobiemo:
López Jordán. Las condiciones para la revolución se habfán dado.
Causas reales y causas ficticias la explican onte la historia. Entre las
primeras: el largo gobierno del general Urquiza, que produce el des-
gaste del gobernante y el cémsancio de los pueblos; un gobierno evi-
dentemente personalista que, si bien tuvo resultados altamente positivos
pata los destinos de la provincia, á la postre, inexotableménte haría
oflotar fuertes resistencias; la imposibilidad de practicar elecciones en
— 80 —
que se garantizara la libertad de sufragio, etc. Entre las segundas: la.
creencia, a nuestro juicio equivacada, de que Urquiza había resignado
sus convicciones federales, y que la retirada de Pavón, su no interven-
ción en el pleito que ensangrentó a los orientales y su acatamiento a
la autoridad nacional en la resistida guerra con el Paraguay, no eran
sino testimonios elocuentes de que “el general se habia vendido a lós.
porteños”,
Causas reales y causas ficticias, decíamos, alentaron el levan-
tamiento jordanista, La revolución entrerriana iba a cobrar vida. Lamen-
tablemente, nacía signada por la tragedia.
El Jordanismo en Entre Ríos
Frente al problema histórico del jordanismo, de los luctuosos su-
cesos de San José y Concordia, de las consecuencius que el movi:
miento tuvo para la suerte de la Provincia, se han adoptado casi
siempre dos posturas antagónicas e irreductibles.
No nos extraña. La historiografía argentina, con su pecado ori-
ginal de falta de adecuación a la realidad fáctica, se ha convertido
en un compo de Agramonte en el que cada personaje y cada acon:
tencimiento es* motivo de los juicios y valoraciones más disímiles, (4)
Con rozón se ha dicho alguna vez que nuestra historia es una
antifona, el canto alternado de dos voces distintas. Voces que se
entrecruzan a veces en tono girado, en áspera discusión, en ardua
polémica. Polémicas y discusiones qua atribulan a muchos espíritus,
pero que nosotros conceptuamos de enorme valor dilucidatorio. Claro
está que ellas deben mantenerse en un plano de honestidad intelectual
que posibilite que esas diferencias en la interpretación del pasado,
promuevan, a la postre, el desenvolvimiento de los estudios históricos
y la consecución de la verdad,
La revolución jordanista de 1870 es un pedazo de nuestra his-
toria que no podemos dejar de lado. “La historia es el pasado —ha
dicho con razón de Gandía— y el pasado fue como fue y no como
nos gustaría que hubiese sido”. Por otra parte, ella conmovió a la
Provincia y a la Nación por varios años.
Durante largo tiempo el juicio histórico fue absolutamente con-
denatorio para la revolución y sus autores. López Jordán había sido
un caudillo ambicioso que no trepidó en traicionar a su jefe y pro-
* , (4) OSCAR F, URQUIZA ALMANDOZ “Los sucesos de Mayo ante el revi-
sionismo histórico” Conferencia, Concepción del Uruguay. mayo de 1960.
— 8.
tector ni en llegar al crimen para satisfacer sus anhelos. Por lo de-
más, para esa corriente de opinión, el movimiento no obedeció «a
causas valederas ni estuvo respoldado por la parte “sana” del pueblo
entrerriano.
Luego comenzaron a escucharse otras voces que establecieron
nuevas valoraciones y juzgaron de distir.ta manera Tales las de Aníbal
S. Vásquez (5) y Fermin Chávez (6), Pero de un extremo se llegó a
otro. Las nuevas opiniones fueron untipodas de las anteriores, aunque,
debemos decirlo, con mucha más mesura de parte del primero de los
nombrados. En las obras de estos autores, la revolución de López Jor-
dán cobró un sentido que antes no tenía. En ellas se sostiene que
no fue la simple ambición la que llevara al caudillo a rebelarse contra
el Organizador de la Nación pues sus miras estuvieron puestas en la
liberación de la Provincia y su futuro bienestar y prosperidad. Se dice,
además, que el último insurgente no tuvo responsabilidad en los ase-
sinatos del 11 de abril de 1870 y que la mayor parte del pueblo en-
trerriano, que ya desde tiempo antes había manifestado su disconfor-
midad hacia Urquiza y su apoyo a López Jordán, se adhirió al jefe
revolucionado,
Como se puede apreciar, estas afirmaciones son diametralmente
opuestas a las hechas por otros historiadores que se han referido al
tema. Resulta, así, difícil para el lector desprevenido poder ubicarse
eclécticamente frente a opiniones tan encontradas, Por nuestra parte
haremos las siguientes observaciones:
1%) Los móviles revolucionarios. En páginas anteriores hemos
intentado una explicación de los hechos que fueron conformando Un
movimiento de opinión adverso al general Urquiza y que, al final,
constituyeron las causas de la revolución de 1870. Es decir que, en
nuestra opinión, la decisión de López Jordán de revolucionarse contra
el Gobernador de Entre Ríos, no respondió pura y exclusivamente a
una ambición personal largamente reprimida, sir.o que existieron diver-
sas causas, que hemos distinguido en reales y ficticias, y que fueron,
en su momento y desde el punto de vista de los revolucionarios, to-
talmente válidas. Lamentablemente, macularon su bandera con el crimen
político del que ha dicho Vásquez: “Este sacrificio inútil, para el cual
no es posible encontrar ni intentar atenuantes, fue fatal para la limpidez
] (5) ANIBAL S. VASQUEZ, “Caudillos entrerrianos. López Jordán”, Rosarlo,
1940.
(6) FERMIN CHAVEZ, "Vida y muerte de López Jordán”, Buenos Álres, 1957,
A
de la bandera revolucionaria. Manchó una causa que siendo legítima
y patriótica pudo redituar fecundas y provechosas consecuencias”.
22) La responsabilidad de López Jordán en las muertes
de Justo José de Urquiza y sus hijos Justo Carmelo y Waldino.
Para algunos autores, López Jordán fue el verdadero inspirador de los
sucesos que enlutaron a la familia Urquiza el 11 de abril de 1870.
Para Vásquez y Chávez, en combio, ninguna responsabilidad le cupo
en aquellos acontecimientos que envolvieron a la Provincia con hálito
de tragedia. “Según nuestro parecer —dice el último de los nombra-
dos— la muerte de don Justo se produjo por accilente y fuera de todo
<álculo premeditado”.
Es cierto, sí, como dicen los autores citados, que no existe do-
cumentación alguna que pruebe de manera fehaciente la responsabi-
lidad de López Jordán. Pero, agregamos nosotros, tampoco la docu-
mentación conocida libera de manera indubitable a López Jordán de
la responsabilidad que la tradición le ha adjudicado y ello, a pesar
de los esfuerzos dialécticos realizados por Fermín Chávez y Anibal S.
Vásquez. No podemos, en conciencia, señalar con ademán acusatorio
la figura del caudillo insurgente, pero tumpoco, mientras no aparezcan
otros elementos de juicio, podemos librarlo con un fallo absolutorio,
porque el estudio y análisis de todo el proceso jordanista hace sub=
sistir la duda en nuestro espíritu. Consideramos ecuánime el juicio de
Gianello, cuando expresa: “La serena lectura del documento no hace
encontrar en él tal declaración (7); paro en cambio el asesinato simul-
táneo de Urquiza en San José y de sus dos hijos en Concordia, evi-
dencia que fue una resolución premeditada y audazmente realizada
la eliminación del general y de sus hijos. Resolución, por otra parte,
que es muy difícil que desconociera el jefe de la revolución, llevado
por ella a la primera magistratura provincial”
3”) La adhesión a López Jordán. Los autores jordanistas
han hablado siempie de la adhesión masiva de la población entrerria-
na al movimiento, del enorme calor popular que envolvió a los hom-
bres y a las ideas levantados en 1870, Otros, en cambio, han ne-
gado tal cosa, expresando que sólo un núcleo reducido de individuos
(7) LEONCIO GIANELLO, “Historia de Entre Rios", Paraná, 1951, p. 455
“El documento” es el discurso de López Jordán pronunciado al asumir la
gobernación, y “la declaración”, un párrafo que, según algunos, mostraría
al caudillo asumiendo la responsabilidad de los asesinatos .
3
acompañó la ejecutoria jordanista. Han recogido, sin duda, lo que
la «prensa opositora a López, dijera por aquellas aciagos días: “El
partido jordanista, hablando con propiedad, es un partido insignificante
por su número, odioso y despreciable por su origen y tendencias...” (8)
Ni una ni otra afirmación se ajusta a la realidad. Entendemos
que deben distinguirse tres momentos netamente diferenciables en esa
ejecutoria. Un primer momento que corresponde al proceso de gesta-
ción del jordanismo y al que ya nos hemos referido anteriormente.
Durante esa etapa, que arranca desde los dias de Pavón y llega hasta
los primeros meses de 1870, el núcleo revolucionario adquiere impor-
tancia cualitativa, aunque no cuantitativa. Y esto lo podemos probar
con una afirmación de uno de los colaboradores más fieles y valiosos
que secundaron a López Jordán. Francisco F Femández (Francisquillo),
en carta al coronel Vera fechada en Concepción del Uruguay el 4
de noviembre de 1875, al referirse a los servicios prestados por am-
bos a la provincia, dice: “Principiaron propiamente en Garay, donde
ambos merecimos el cuarto galón sobre el campo de batalla. Enton-
ces los jordanistas éramos muy pocos y algunos han muerto ya
para la lealtad. Sabe Dios sino somos los únicos de entonces” (9);
y la batalla de Arroyo Garay ocurrió el 31 de julio de 1868. A con-
fesión de parte...
El tercer momento —dejamos ex profeso el segundo para des-
pués— está jalonado por las sucesivas invasiones jordanistas a la pro-
vincia. En 1873 reincba un solemne silencio de la opinión pública
entrerriana. El vencido de ÑNaembé debió haber sentido hasta muy
hondo la frialdad de su pueblo. Pero no era solamente el temor a
la represalia o a la violencia desatada lo que influirá en el ánimo
de la entrerranía, si no que, como bien dice Vásquez, al referirse a
la invasión de 1876, “la vieja bandera estaba hecha girones, deshe-
cha y desprestigiada”.
Ricardo López Jordán no comprendió entonces el anacronismo
de su lucha. Muchos de sus amigos le volvieron la espalda y forma-
ron en Montevideo el Comité Central, para desligarse de su autoridad,
mientras él seguía el triste destino de los derrotados.
Nos queda por examinar el segundo momento cronológicamente
(8) “EL LIBERAL”, Paraná, Entre Rios, miércoles 30 de noviembre de 1870,
Biblioteca de la Universidad de la Plata.
(9) FERMIN CHAVEZ op. cit.. p. 272. El subrayado es nuestro. Las con-
clusiones a que arriba el autor son distintas de las nuestias.
- BA —
considerado. El 11 de abril de 1870 estalló el movimiento revolucio-
mario, con los luctuosos sucesos de aquel anochecer teñido de sangre.
Poco después, el Gobierno Nacional decretaba la intervención a En-
tre Ríos. El pueblo entrerriano en masa respondió como en inmenso
eco, a la voz de su caudillo. Pero, ¿ese concertarse en torno al in:
surgente, fue motivado por una total identificación con el movimiento
revolucionario? ¿Ese fervor en que ardió Entre Ríos, fue síntomo de que
se miraba con simpatia la eliminación del general Urquiza y el po-
sible advenimiento de un nuevo estado de cosasé Por cierto que no.
El jordanismo no tuvo fuerza cuantitativa, lo hemos visto, ni antes de
la intervención armada del Gobierno Nacional ni en los años poste-
ríores a 1871. La adhesión masiva a su causa quedó así circunscripta
al tiempo en que los entrerrianos, con bravura indeclinable, lucharon
por aquel lema viejo, reverdecido- ahora en banderas y sombreros:
“Defendemos la soberanía de la Provincia”. “Tuvieron el incontenible:
coraje de siempre y supieron que el acero que enastaba la tacuara
se enristraba en defensa de la hollada autonomía de la provincia in-
dómita. Por eso el pueblo acompaño a López Jordán en aquella hora
de terrible grandeza, no por solidarizarse con la eliminación de Ur-
quiza de la escena política entrerriana, sino por repeler, a punta de:
tacuara la injusticia de la intervención militar”. (10)
A* ) Los hombres que secundaron a López Jordán Un juicio
generalmente peyorativo ha sido el denominador común con el cual
se ha signado a los colaboradores del caudillo Se ha venido repi-
tiendo, palabra más, palabra menos, lo que cierta prensa manifestara
en aquellos momentos de pasiones desbordadas: “El partido jordanista
es el partido personalísimo, compuesto de los elementos más impuros
que hay en Entre Ríos, las Provincias del interior y el Estado Orientol,
Famosos asesinos, hombres avezados al robo y al pillaje, son sus miem-
bros más caracterizados”. (11)
Creemos equivocada tal aseveración. Como en todo movimiento
político-social-económico, donde se mueven muchos personajes, el jor=
danismo tuvo hombres que se hicieron realmente acreedores a tal juicio,
pero, en verdad, aquellos que desempeñaron los papeles más impor-
tantes dentro del mismo, fueron personas espectables con muchísimos
méritos. Rodearon a López Jordán en su momento, profesionales, ma-
(10) LEONCIO GIANELLO, op. cit, p, 459.
(1) EL LIBERAL, Paraná, Entre Ríos, viernes 2 de diciembre de 1870, Biblio»
teca de la Universidad de la Plata
— 85 —
gistrados, clérigos y destacados personalidades del litoral tales como
Dámaso Salvatierra, Juan A. Mantero, Anastasio Cardassy, Benito G,
Cook, José Hernández, Francisco F. Fernández, Evaristo Carriego, Eze-
quiel Crespo, Mariano Martinez y otros. (12) Equivocados o no en
sus apreciaciones e ideales, dieron pruebas harto elocuentes de hones-
tidad, de desinterés, de espíritu de sacrificio. Lamentablemente esos
esfuerzos no pudieron ser aplicados al progreso y bienestar de la Pro-
vincia porque tuvieron forzosamente que canalizarse en la heroica de-
fensa de la entrerrianidad.-
El jordanismo en las elecciones de 1883
La prolongada lucha en condiciones desfavorables, las derrotas
sucesivas, el fracaso de las invasiones de 1873 y 1876, fueron debi-
litando paulatinamente al jordanismo. Ya en 1874 un sector del mis-
mo, encabezado por los hermanos Carlos María y Mariano Querencio,
había formado en Montevideo un Comité Central con el objeto de
desligarse de la autoridad del caudillo. A pesar de este considerable
debilitamiento, López Jordán siguió contando con la fidelidad de per-
sonas capaces y caracterizadas, por lo que ningún futuro gobierno
podía desdeñar el apoyo y la colaboración del sector político jorda-
nista. Fue lo que ocurrió en 1883.
Tiempo antes de que finalizara su mandato el coronel José
Francisco Antelo, se comenzaron a barajar los nombres de los posibles
candidatos a la gobernación de la Provincia. El general Roca, a la
sazón Presidente de la República, decidió ofrecer la candidatura al
Dr. Juan Antonio Mantero, su antiguo <ondiscipulo en las aulas del
Colegio Histórico, y miembro destacado del grupo jordanista.
En momentos en que el Dr. Mantero se hallaba en la ciudad
- de Buenos Aires, hospedándose en la casa de su amigo Dámaso Sal-
vatierra, recibió -la visita del edecán del Presidente quien le ofreció el
apoyo del general Roca a su candidatura para la gobernación de
Entre Ríos. Mantero aceptó en principio, pero cuando se enteró de
que también Eduardo Racedo tenía aspiraciones a la primera magis-
tratura de la provincia, resignó las suyas.
Desde hacía tiempo, el general Racedo venía trabajando para
satisfacer sus aspiraciones políticas. Un folleto editado en Buenos Aires
a principios de 1882, que por cierto tiene mucho de libelo, nos dice:
(12) FERMIN CHAVEZ, op. cit. *
A
“Desde 1873, época en que terminó la segundu revuelta de López Jordán,
conoclasele el marcado cariño que profesaba a la gobernación de
Entre Rios. Su mentido disimulo era vano por más que se esforzara
en aparentar lo contrario de lo que por todos sus poros respiraba.
Gobernar a Entre Ríos era su sed ardiente, su pesadilla; pero no se
atrevía aún a trabajar abiertamente...” (13)
Muy pronto esa cautela a la que se alude en el folleto fue
dejada de lado. La proximidad de las elecciones así lo exigió. Es
probable que ya en 1882, Racedo haya iniciado las gestiones para
lograr de López Jordán, el auspicio a su candidatura, el que, una
vez logrado, le aseguró la adhesión del sector jordanista. Ello le per-
mitió no sólo aumentar su causal electoral, sino también poder reque-
tir, en el momento oportuno, la colaboración de hombres capaces,
algunos ya familiarizados con las tareas de gobierno.
Asumida la primera magistratura de la Provincia, en mayo de
1883, designó como ministro de gobierno y de hacienda a dos figu-
ras de mucho prestigio pertenecientes a aquella fracción, los doctores
Miguel M. Laurencena y Juan A. Mantero, el primero oriundo de,
Buenos Aires y el segundo de Paraná.
El jordanismo, aunque mermado en sus fuerzas por la división.
interna, y con su jefe en la lejanía del exilio, seguía, sin embargo,
gravitando sobre los destinos de Entre Ríos.
Los Jordanistas y la Capital de Entre Ríos.
A poco de su asunción al poder, el gobernador Racedo envió:
un mensaje a la Legislatura, adjuntando un proyecto de ley, por el
que se convocaba a una convención constituyente, Convertido el pro-
yecto en ley, se convocó a elecciones para convencionales, las que se
realizaron en un ambiente de tensión y apasionamiento. Fue en las
poblaciones de la costa del Uruguay donde el ¿limax alcanzó su punto:
más agudo, pues allí se acusaba abiertamente al general Racedo, que
era oriundo de Paraná, “de haber promovido y acelerado la reforma
con el sólo propósito de trasladar la capital a Paraná, la ciudad de
su nacimiento” (14)
(13) “Rasgos morales y reminiscencias sombrías del general Don Eduardo
Racedo”, anónimo, Buenos Aires 1882, 48 pp El raro ejemplar que hemos
consultado se encuentra en la Colección Victorica, Bibliotec: Popular de C.
del Uruguay.-
(14) OSCAR F URQUIZA ALMANDOZ, “Concepción del Urnmaucy, Capital
de Entre Ríos”, en SER, revista de los Cursos del Profesorado de C. del Uru-.
guay, No 2, 1963.-
e EY —
Era, por cierto, una grave acusación la que se hacía al go-
bemador de la Provincia. Los jordanistas, que pcco tiempo antes ha-
bian contribuido a su triunfo electoral, ¿qué actitud asumieron en la
emergencia?. Analizaremos brevemente la posición adoptada por hom-
bres prestigiosos de aquella facción, tales como Agustín Amestoy, Benito
G. Cook, Anastasio Cardassy, Juan A. Mantero y el propio Ricardo
López Jordán.
Cuando en 1870 la provincia entrerriana ardió en airada pro-
testa contra lo que se entendía como el avasallamiento de su auto-
nomía por parte del centralismo prepotente, don Agustín Ámestoy,
como muchos otros, respondió al reclamo de la tierra, Poco después
que los campos de Ñaémbé se transformaran en enorme pozo de espe:
ranzas trizadas, y el camino del exilio se abriera en lejanía y en nos-
talgia, don Agustín Amestoy conspiraba contra el gobierno impuesto
desde Buenos Aiies. Varios fueron los sindicados como ¡ordanistas, entre
ellos olgunos miembros del Club del Pueblo, de Paranú. La persecu-
ción se hizo tenaz y Amestoy no consiguió eludirla por mucho tiempo.
En el otoño de 1871, el ministro nacional de la guerra general Gainza,
recibió una comunicación del coronel: Domingo Hereñú en la que se
le hacía saber que hablan sido tomados prisioneros y remitidos a Pa-
raná, el coronel Monuel Navarro y don Agustín Amestoy, poniéndose
fin así, a sus actividades subversivas,
Pasaron los años. Las pasiones se fueron aquietando sobre la
Provincia desangrada y empobrecida. Pero en 1883, aquello que en
1864 y 1871 había amenazado con escindirla de manera irremediable,
volvió a agitarse con presagio sombrío: la cuestión capital. Ante el
propósito del gobierno, públicamente denunciado, incluso por algunos
de sus miembros, de llevar adelante el traslado de la Capital de la
Provincia, se formaron comisiones encargadas de gestionar la no in-
novación «=n el candente problema, tales como la "Asociación de
Amigos de la Capital Histórica” y el “Comité Central Costa Uruguay”.
A este último perteneció don Agustín Ámestoy.
Junto a él, en esa protesta por lo que se entendía como un
despojo que se pretendía hacer a la ciudad del Pronur.ciamiento, es-
tuvo otro jordanista de la primera hora: don Benito G. Cook En1870,
el Sr. Cook era diputado a la Legislatura de Entre Ríos. Cuando el
14 de abril, no acallados aún los ecos de los sincrónicos atentados de
San José y Concordia, la Cámara celebró sesión para consagrar el
nuevo gobernador, Benito G_ Cook dio su voto en favor del jefe de
la revolución: Ricardo López Jordán. Muchas veces hizo profesión de
fe jordunista, y en alguna oportunidad dijo: “Puedo asegurar en ml
ca BB
nombre y en el de la mayor parte de mis colegas, cuyos sentimientos
íntimos estoy en aptitud de conocer, que los Diputados de Entre Ríos,
dimos nuestro voto al general López Jordán inspirados en nuestra pro-
pia conciencia, en el verdadero interés del pueblo. Le dimos el voto
porque reconocimos en élel único hombre capaz de dirigir felizmente
los destinos del pueblo. Se lo dimos consecuentes con las simpatías
que siempre le hemos profesado, y que el pueblo todo le demostró
de un modo muy significativo el año 1864”. Don Benito G. Cook
sufrió, en el andar de los años, las vicisitudes propias del jordanismo,
Como ya hemos dicho, cuando los sucesos de 1883, integró en call-
dad de secretario, el “Comité Central Costa Uruguay” que sostuvo
los derechos de la Capital Histórica, Pero todavía fue más lejos en
su actitud, pues atacó con dureza la gestión de algunos convencio-
nales. Reunida la Convención Constituyente convocada por el gobierno
de Racedo y que, a la postre, habría de sancionar el cambio de ca=
pital, bien pronto tuvo que abocarse a la consideración de una corta
suscripta por el Sr. Cook, a la que el convencional por Diamante, Sr.
Henández, calificó de injuriosa porque se atacaba al Sr. Ferreira, di:
putado por Victoria, en el desempeño de sus funciones de conven-
cional. Derivada la cuestión a una Comisión especial, ésta produjo
dos despachos. uno de la mayoría y otro de la minoría. Este último
dictamen establecía: “art. 10) Declárase incurso de desacoto contra la
H. Conver.ción al ciudadano D. Benito G. Cook.- art. 20) Castigase
esta falta con la pena de arresto por todo el tiempo que duren las
sesiones”.
A pesar de que varios convencionales apoyaron el dictamen de
la minoría, no hemos encontrado constancias de que la Convención
lo sancionara. Ál paracer, otros asuntos de moyor importancia, sin
duda, reclamaron su atención.
Fueron diputados por Concepción del Uruguay a la Convención
Constituyente, Anastasio Cordassy y Francisco Quesada. El Dr. Car-
dassy había vivido intensamente las horas miciales del jordanismo, En
1870, mientras en San José el Gobernador de Entre Ríos recibía fas-
tuosamente al Presidente Sarmiento, Cardassy y sus amigos se conju-
raban en torno a López Jordán, aprestándose a iniciar el movimiento
revolucionario. Cuando el caudillo asumió la gobernación, lo tuvo entre
sus principales colaboradores, a punto tal que en el mes de mayo, en
razón de sus actividades, cayó prisionero de F J Bravo, agente de
Sarmiento en el Salto. Este, en carta al general Gelly y Obes le in-
formaba: “Un doctor Cardassy que salió anoche del Uruguay y se
embarcó hoy para pasar de aquí a Concordia lo he hecho poner a
AZ Alriustós E, bd EE
le Arca 016 Le. Bora a Et Bee
LP O ells 3, Lerdo
A
v
Y
AZ db a e EL E 8
AS ac anta £7 a gagact AE
lsanolo ADA Cu? e Ese RIO EA ib Luc bns
añ Enfarai el E A E 4 ara Aaa
Go ronroo9$.s no en$ coso n$<oroon$Qé€noon.ap ncon.o.opaor oe poro.ooros on cs$< mosso oso
y Y. — .
Mob sr3mio Cator, 4 a A A A CAE ag
en , AA, EA A Altar. ez AS
sn a ATADO PATO A ep pe TISDALE e e O >
Y
4 Y,
A A A ofrecer £ sa A A 27 EA
20n dera ei Js a, ed :
*Úloi gore AP
Y do de Alsina
E
Dat e ML
Principio Y final de la nota que el Dr. Juan Antonio Mantero elevara al
Ministro General de la Provincia de Entre Ríos. techada en Concepción del
Uruguay, el 23 de junio de 1871- (Archivo D. Andrés García)
a
la sombra. Es Diputado de Entre Ríos y furioso partidario de Ricardo” (15)
El fracaso de la empresa no arredró a López Jordán. En 1873
se lanzó de nuevo a la lucha y a su lado estuvo otra vez Anastasio
Cardassy. quien integraba el Comité de Paysandú junto a otros cons-
picuos jordanistas tales como Juan A. Mantero, Pedro Reyna, Enrique
Ordóñez, Mariano Martínez y José V. Díaz. Pero no fue tan solo un
hombre de acción, sino que se constituyó en hombre de consejo, y su
pluma. hábil y capaz, redactó muchos documentos y proclamas, López
Jordán, desde su cuartel general de Chañar, escribia al Dr. Queren-
cio en junio de 1873: “El Dr. Díaz, Mantero y Cardassy, aun se ha-
lan ausentes y la escasez de hombres del foro hace que suspenda
lanzar a la luz pública, documentos preciosos” (16)
Después. , otra vez el fracaso. Previsible, inevitable. Pero en”
tonces, al dolor del militar se sumó el dolor del hombre. Del hombre
a quien sus viejos amigos le volvieron la espalda para formar juntas
-y comités independizados de su jefatura. Muchos se alejaron del cau-
dillo, pero entonces, en los momentos de adversidad en los que la
amistad queda probada de una vez y para siempre, López Jordán
supo de hombres fieles, fidelidad acrisolada en los triunfos y er. las
derrotas. Con él estaba, entre otros, Anastasio Cardassy De su pluma
surgió un manifiesto en el que se refirmaba la lealtad al caudillo y
que, firmado por 32 jefes, 80 oficiales y 70 soldados, vio la luz en
Paysandú el 29 de mayo de 1875.
Cuando en 1883 el gobernador Racedo, «a quien les jordanistas
habían apoyado electoralmente, convocó a la Convención Constituyente
para reformar la Constitución el Dr Cardassy fue elegido, junto con
el Dr. Quesada, diputado a la misma por el Departamento de la
Capital de la Provincia (Uruguay). Formó parte de la Comisión de
Reglamento y cuando la Convención entró en la senda para la que
primordialmente había sido convocada, o sea sancionar el truslado de
la Capital de la Provincia a Paraná, Cardassy formuló, en la sesión
del 11 de agosto, “la siguiente proposición que manifestó juzgarla de
-orden fundamental: que la Convención declare si es o no inconstitu-
cional la ley de su convocatoria”.
Algunos convencionales se opusieron terminantemente a su pro-
posición, tal el Sr Maglione (La Paz), quien formuló la siguiente moción:
(15) Revista de la Biblioteca Nacional, t. XXII, No. 53, Buenos Áires Fe.
CHAVEZ, op. cit. p 228.-
(16) FERMIN CHAVEZ op. cit. p. 32l.-
43 —
"que no se consienta esta discusión por impertinente y se pase a la
orden del día”. Al fin se aprobó la moción presentuda por el Sr,
Gigena (Diamante) que decia “se postergase el debate de la propo-
sición del Sr. Cardossy hasta terminar la reforma de la Constitución”.
Pero el convencional por Uruguay no participará de ese debate ni en
ninguno de los suscitados en torno a la reforma de la Constitución,
pues junto con su compañero de representación se separó de la Con-
vención, según consta en el acta de la sesión ordinaria del 17 de
agosto, “Se dio cuenta —dice el acta— de una nota de los Dres.
Quesada y Cardassy, manifestando que se separan de la H. Conven-
ción por los motivos que en ella expresan”. :
Así, sin la concurrencia de los representantes E la Capital His-
tórica, retirados de lu Constituyente en acto de protesta, quedó san-
cionado en la sesión del 20 de agosto da 1883 el art. 40, de la
Constitución, por el que se declaraba copital de la Provincia a la
ciudad de Paraná,
El problema planteado a los jordanistas que hablan contnbuido
al triunfo de Racedo, y que de pronto se velan ante un hecho como
el traslado de la Capital, auspiciado desde el propio gobierno, afectó
sobre todo a sus más cercanos colaboradores, tal el caso de su mi-
nistro de hacienda, Dr. Juan Antonio Mantero.
Fermín Chávez, al relerisse al movimiento jordanista, dice que
la juventud estudiosa, ex-alumnos del Colegio del Uruguay, dio a la revó-
dución del 70, cierto aire romántico y cierto acento liberal, pero que
también le otorgó altura moral y amplitud de miras. A esa juventud
estudiosa perteneció Juan A. Mantero.
Su adhesión a la causa revolucionaria y sus indiscutibles cias
intelectuales, hicieron que, apenas asumida la gobernación por López
Jordán, éste lo designara su ministro. Su gestión ministerial se caracte-
rizó por un deseo de contemporizar, de evitar el siempre lamentable
derramamiento de sangre hermana. En carta al Comandante de la
Guardia Nacional del Dpto. Gualeguychú, D. Reynaldo Villar, de 17
de abril de 1870, decía: '.. el gobierno de la Provincia está muy
distante de abrigar miras hostiles hacia la autoridad nacional, lo que
traería un grave mal ol país en general y particularmente a los in-
tereses de la Provincia. Va Ud. comisionado cerca del señor General
Mitre para darle los explicaciones necesarias, a fin de alejar toda des-
inteligencia que pudiera perturbar la tranquilidad pública, por lo que
este gobierno está decidido a velar a todo trance” (17)
(17) ANIBAL S, VASQUEZ op. cit., p. 144.-
— 3 —
Poco después formuló las bases que Clodomiro Cordero y ¡Oné-
simo Leguizamón presentaron a Héctor Varela y al general Emilio Mitte
en busca de un arreglo. Fermín Chávez, al referirse al episodio, dice:
“Mas todavía surgen espontáneas expresiones de arreglo. Son los doc-
tores Clodomiro Cordero y Onésimo Leguizamón, dos ilustres y:honra-
dos comprovincionos, quienes dirigen una nota al general Emilio Mitre
en la que gestionan un arreglo y en la que repiten apreciaciones ma-
nifestados anteriormente en una entrevista”. Según lo acotado por
Chávez, el mérito de la iniciativa y tramitación del posible arreglo co-
rrespondió exclusivamente a Cordero y Leguizamón, pero con ello se
olvida la octuación que en la oportunidad le cupo al Dr. Mantero,
verdadero autor de las bases propuestas, entre las que se incluía como
importante factor de conciliación, la renuncia de López Jordán al cargo
de gobernador de la Provincia. Seguramente ha pasado inadvertido para
el autor de “Vida y Muerte de López Jordán”, un párrafo de un. docu-
mento que él mismo reproduce en el apéndice de su obra. Se trata
de una carta de Juan A, Mantero al general Apolinario Almado, en
-la que le dice: “Leguizamón y Cordero escribieron a Varela formu-
lándole las bases que yo les di, a saber...” y a continuación
transcribe las bases propuestas que son similares a la presentadas po
los enviados entrerrianos ante el general Mitre, salvo la última, en la
que Mantero insinúa el nombre de Francisco Crespo como posible can-
didato para la gobernación de la Provincia. El resultado adverso que
coronó a las negociaciones hizo comprender a Mantero que no que-
doba otro recurso que la lucha. Trocó, entonces, su investidura minis”
terial por el rudo uniforme del soldado y mordiendo el lema con sabor
a tierra: “Defendemos la soberanía de la Provincia”, se unió a sus
hermanos en la heroica defensa de la entrerrianidad. En agosto de
1870 cayó prisionero de las fuerzas nacionales al ser tomado el pue-
blo de Diamante. Conducido preso a Buenos Aires fue alojado en el
cuartel del Retiro. Después de recuperar su libertad, actuó como abo-
gado defensor de José María Mosqueira, en el proceso criminal in-
coado a raíz de los sucesos de abril de 1870. *
A mediados de 1871 el gobierno de Duportal nombró una co-
misión para examinar las cuentas del Empresario de la Recaudación
de Rentas de la Provincia e informar al Gobierno con prolijidad sobre
todos los puntos que se relacionen con el cumplimiento de los can-
tratos celebrados con dicho Empresario en épocas anteriores. Era algo
contra lo cual el jordanismo había luchado desde los dias de setiem-
bre de 1869, en que se había firmado el contrato Fragueiro. Y el
Dr. Mantero, no obstante ser opositor político al goblerno provincial de
cu Pl
1871, fue incluido en la Comisión encargada de la investigación a que
nos hemos referido. Pero se negó a integrarlo; se negó altiva y va-
lientemente, según los términos de la nota que dirigió en 23 de junio
de 1871 al Ministro General del “Gobierno de hecho” de la Provincia
de Entre Rios, Dr. Félix A. Benítez.
En este documento de que damos noticia, hasta hoy inédito, y
al que lamentablemente no podemos reproducir en su totalidad, porque
lu tiranía del espocio nos lo impide, Muntero expresa: “Aun cuando
considero ilegítimo el medio de que la autoridad Nacional se ha va-
lido para colocar en la Provincia el Gobierno de que S. S forma
parte, puesto que es inconstitucional la Intervención Armada traida á
Entre Ríos con ess solo objeto, hubiera aceptado los hechos consuma-
dos, inspirado siempre por el deseo del bienestar de la Provincia, si lós
resultados de ese proceder satisficiesen las justas exijencias de los hom-
bres de sano corazón en el sentido de que la Provincia entrase de
lleno en el sendero de la ley. Pero cuando veo que el Gobierno lejos
de rodearse del elemento sano, de los hombres aptos y de honrades
conocida, para adquirir el prestigio de la opinión pública que le falta,
solo ha sabido beber sus inspiraciones en una pequeña fuente circular,
constituida como condición indispensable por el elemento que secundó
los propósitos del Gobierno Nacional, á pesar de ser el menos apa-
tente para cimentar el imperio de la ley...”. Sigue a estas aprecia-
ciones una larga serie de acusaciones, a través de las cuales Mantero
puntualiza sus fundamentales discrepancias con el Gobierno Provincial,
para afirmar después:
"Estas consideraciones, expresadas con el lenguaje de la fran-
queza. , me impulsan á no aceptar el puesto de último miembro
de la comisión encargada de fizcalizar las cuentas presentadas porel
Sr. Fragueyro. Al terminar, solo me resta asegurar al Señor Mmistro
que el débil concurso de mi inteligencia estará siempre a disposición
del Gobierno de Entre Rios, cuando este pretenda remover los obstá-
culos que se oponen á.la marcha progresista y constitucional, que
despues de tantos sufrimientos tiene derecho á esperar una de las pri-
meras Provincias Argentinas” (18)
Indeclinable en su fe jordanista, fue miembro del Comité de
Paysandú cuando en 1873 se gestaba el nuevo levantamiento, y pro-
ducida la división del partido, a raíz de las derrotas sucesivos, per.
(18) Documento original en el Archivo del Sr. Andrés García, a quien mu
cho agradecemos el habernos permitido su utilización.-
m0 —
maneció fiel al caudillo, junto con Dámaso Salvatierra, Cardassy, Carbó
Vera, etc, refugiados cas todos en Paysandú.
En les días dolorosos del exilio, por cierto que no habrá vis-
lumbrado la oportunidad que el destino le tenía reservada,, de ocupar
nuevamente un ministerio de su Provincia. En 1883, Racedo, llegado
a la gobemaciór, le nombró ministro de hacienda. Pero su ministerio
fue efímero. La opinión pública señaló al Gobierno como promotor de
la reforma constitucional con el solo propósito de trasladar la capital
a Paraná, y el ministro Mantero, enterado de los entretelones, confirmó
lo que el consenso público señalaba. Presentó su renuncia al cargo
con una carta en la que afirmaba, con toda valentía, que el Poder
Ejecutivo presionaba el ánimo de los convencionales para que Con=
cepción del Uruguay fuese descapitalizada. Racedo devolvió por im-
procedente la renuncia de Mantero y el 21 de junio de 1883 lo separó
del ministerio. El Dr. Mantero debió abandonar la ciudad, radicándose
por algunos años en la Copital Federal. Precio y premio por hober
defendido una causa que creyó justa. (19)
Figuras espectables del jordanismo monifestaron así, con valientes
actitudes, su disconformidad con el traslado de la Capital de la Pro-
vincia, Pero ¿qué pensaría de ello el hombre que trece años antes
había levantado en armas a la provincia entera?. Lejos de su Entre
Ríos, en medio de los rigores del exilio, ¿sentiría el último insurgente,
alguna inquietud por el difícil problema comarcano?.
Sí, estamos en condiciones de afirmar que el grave momento
que vivía lu Provincia fue apreciado con singular sensibilidad por Ri-'
cardo López Jordán. El proscripto pensaba que la situación planteada
sería dañosa para los intereses de Entre Ríos. La cuestión Capital, ya
meneada en 1864 y 1871, no haría otra casa que dividir a los en-
trerrianos, en momentos que lo que la Provincia necesitaba, era entrar
por la senda del orden y del progreso. Por ello se identificaba con
la actitud asumida por el ministro Mantero —que acabamos de histo-
riar— ya que era la que aconsejaba una buena política y un prudente
criterio. Pensaba López Jordán que de seguir adelante con la intención
de trasladar la Capital a Paraná, habría que “lamentar siempre la
impremeditación de quien haya iniciado una cuestión tan inoportuna
como estéril”.
Podemos afirmar que así pensaba Ricardo López Jordán con res-
pecto a la cuestión Capital, pues tenemos ante nuestra vista una carta
(19) OSCAR F. URQUIZA ALMANDOZ, e cit., p, 17.-
= Dé
que el caudillo enviara a su amigo Francisco Paredes Tecier, fechada
en Montevideo, el 30 de mayo de 1883.
El documento inédito que ahora exhumamos, dice así:
"Ms estimado amigo:
Veo con dolor suscitarse una cuestión dañina para E. Ríos, sin
provecho alguno para los intereses generales Je la provincia: la cues-
tión Capital.
No tengo interes ninguno en que sea en una ú otra de las lo-
calidades que se la disputan; pero, me guia un interes mas alto, al
dirigirme á U. el del verdadero patriotismo, que aconseja én cuestiones
que no son de un gran interes público de las que se deriven cuando
menos un gran provecho para los intereses generales del pais, mucha
prudencia para no herir de una manera directa intereses y personas
que han contribuido con todos sus efuerzos y llenos de esperanzas á
una situacion de la que todos los habitantes de E. Rios tienen derecho
á esperar un órden regular y progresista. Yo entiendo pues, que la
cuestion Capital, el único fruto que van á cosechar los que Intentan
llevarla al Paranú, es dividir la provincia como en tiempos remotos.
Yo le ruego medite este asunto y no dudo que contribuirá con sus
esfuerzos para que esto no suceda. Á mas que no veo ni causa justa
ni rezonable para imponer tal sacrificio a una localidad que ha sido
bostante abatida por los tiranos y malos gobiernos, que la han dejado
hasta sin territorio,
Entiendo también que el ministro Mantero está en el terreno que
“aconseja una buena política y prudente criterio y yo le ruego se ponga
de acuerdo con él. Espero su contestacion para felicitarme en el caso
de que U. piense como yo y en caso contrario lamentar siempre la
impremeditacion de quien haya iniciado una cuestión tan inoportuna
como esteril,
Creo que mis amigos como U, no tienen motivo para dudar
del móvil esencialmente patriótico que me impele ú escribirle en este
sentido -
Queda de U. afmo. S. y amigo
RICARDO LOPEZ JORDAN (20)
(20) El documento original pertenece al Dr Delio Panizza, quién nos lo: lha
facilitado con noble desprendimiento -
> A 7
IEA ct
CA . pe as CLIMIEO GAS
| Sr)
7 ense qe A Ha
AS)
e . 4 feta yd Je ;
0 aerea PR SADA MITRA EJ Anoz
e
e ,
4 e 7
3 A A 7 AA pe r-2 A
Z. Y , o yA
y ; A + 7
oe fe y Gris cea pa acorr fe on A a
—i 8
LOs o. o ».... o... ... ..< 0.0. ..068800%0 17)... ...«<. ve 1.1002. ..<...oo.. dro. ¿4000000 cs.
r Y >
7 esta cm. olo AOL AAC CODAS Peor. EA EZRA
Page
ea LOzazo 7 le
7% -£ An ea ODA LX.
7 AA a o A AS
/ yd 2 s
anal Am e a PA a A DN
A Ao,
EA tt ci ie > _ ES, LE MEDAS yu e?
7 LL A rrlo — AGPAPARS
O A rn A ro
A ir”
a oa
Principio y final de la carta que Ricordo López Jordán enviara a Francisco
; ja j
presas Tecior, Ide en Montevideo el 30 de mayo de 1883. (Archivo Dr-
Jollo Panizza).-
— E
Pero todos los esfuerzos fueron vanos. La Convención Constitu-
yente de la Provincia de Entre Rlós, reunida en la ciudad histórica, en
la 17a, sesión ordinaria del 20 de agosto de 1883, sancionó el art.
40. de la Constitución provincial por el que “Las autoridades que ejer-
cen el Gobiemo, residirán en la ciudad de Paraná, que se declara
Capital de la Provincia”. Un largo y difícil cupítulo de la historia en-
trerriana había concluido.-
4
Por nuestros apuntes han desfilado hombres y hechos de nuestro
pasado. Con sus aciertos y sus errores, con sus luces y sus sombras.
“Historiar —ha dicho Francisco Ayala— es, ahora como siempre, narrar
los hechos decisivos en que se ha fraguado nuestro actual destino,
para damos conciencia de él”. Que los argentinos tengamos conciencia
de nuestro destino, que comprendamos de una vez por todas, que nues-
tros próceres fueron hombres, no semidioses puros y perfectos; que
nuestra potria se ha forjado con la verdad y con el error, con el bien
y con el mal de todos. Entonces, nuestra historiografía no servirá para
desunirnos, como desgraciadamente ha ocurrido hasta ahora, sino que,
como debe ser, constituirá el vínculo indisoluble que nos lleve a todos
por el camino argentino, iluminado de paz, concordia y prosperidad -
DIALOGO INEDITO DE ANA T. FABANI
Este motivo dramático junto con otro semejante
fue escrito por la outora a pedido del profesor
D. Peretti para ser musicalizado, Tal como lo
concibiera, glosondo el leitmotiv de sus versos,
lo transcribimos en nuestras púginas.-
por ANA TERESA PABANI RIVERA
—Mira el color del cielo. Qué inmóvil se ha quedado ante
nosotros.
—Parece un misterio que, avanzando, se quedara en suspenso para
atemorizarnos.
—Es verdad. Pareciera la muerte que viniera. .- que llegara ya.
—Pero ella habrá de ser más inmóvil aún... No estaremos tú y yo
susurrando en ella, como ahora.
—Crees tú tan firmemente que desapareceremos cuando hayamos
muerto . » «2
-—Me temo que ésa sea la verdad,
—No ..No debe serla. . .No quiero pensarlo. Ahora no... (extra-
viada la voz de su dominio) Debe haber algo más... Uno leve
música. . una brisa . «un movimiento. . . un sonido. . . Un recuerdo. » +
—Por qué te dueles. ..?. Acepta las cosas como son. Qué consigues
con pensarlo y decirlo. ..2. No te desgarras más cuanto más gritasé
—Si...Pero debo sacar de mí cosas que duelen... ohl si pudiera
nacer sin pensamientos. - »
— 102 —
— No te duelas más.:.
—Es que quisiera ser...
—Si no eres nada. ña
—Ten piedad de mi angustia. Y dime qué queda, después de ha-
bernos muerto, algo muy bello. . .Lo mejor de nosotros. Lo que sea
Lo que mejor yo digo. +.Lo que en lí amo.. (tendiendo las dos ma-
ncs hacia él). Dime la voz que quiero. Engáñame... .Y dame paz.
—No he de engoñarte. . No siento la piedad, porque te quiero de
ese querer que es duro como piedra. Y como ella irreductible y du-
radero. En la montaña o en la arena... No he de engañarte nunca,
aunque te duela hasta enloquecerte este silencio inmenso que rodea
tu clamor. . «Nada seremos cuando dejemos de ser lo que aquí vemos.
(Ella quiere decir, gritar, llorar. . .pero el inmenso y atónico silencio de
que él le ha hablado ha penetrado en ella. Demasiado infinito para
su naturaleza la ha dominado hasta en el movimiento. El de la faz.
Y del alma.)
(La pesadez de un misterio ineludible, que delante de nosotros se muestra
en toda su claridad sin que podamos decifrarlo nunca ya, por culpa
quizá de esa misma claridad deslumbradora, cae sobre las dos pe-
queñas figuras. Sobre las cosas. Sobre los pensamientos. Sobre lo que
fué sentimiento y ya no es más que un pájaro que vuela )
CRISTOBAL COLON
y el destino de su empresa
por MIGUEL A. GREGORI
No es ninguna novedad que desde mucho tiempo atras, se ha
sostenido —y aun hoy se lo enseña— que bloqueado el camino prin:
cipal para ir a la India, Cristóbal Colón proyectó buscar un nuevo
camino a la vez que sería portador de una misión evangelizadora «a
realizarse en el Imperio del Gran Khan.
Esto es lo que llamaremos primera versión o “Versión tradicional”,
que tiene sus bases principales en dos obras pertinentes al tema: la
del Padre Las Casas y la del propio hijo del navegante: Fernando Colón.
Pero he ahí que observaciones de algunos historiadores contem-
poréneos introdujeron la duda sobre el exacto valor de esas obras y
sobre la verdad del destino que la tradición daba a la empresa. Eso
es lo que podemos llamar la "Versión Modema” o “Nueva Versión
del Descubrimiento”.
Analizar los fundamentos que tiene esa posición revisionista, y
<uoles son las conclusiones a que se puede arribar, son los objetivos
de este trabajo; apretada síntesis de uno mayor titulado: “Las fuentes
informativos relacionadas con la Empresa Colombina” (1). El mismo está
dividido en dos partes que corresponden, la primera, al estudio de la
pieza capital de la empresa colombina: LA CAPITULACION del 17 de
abril, y la segunda, al estudio de los DOCUMENTOS COMPLEMENTA-
RIOS. Ambas son relacionadas finalmente y a manera de conclusión.-
(9 Trabajo en preparación -
— 104 —
LA CAPITULACION
No corrésponde a la índole de este trabajo, analizar las gestiones
del gran navegante ante los monarcas lusitanos y español, de ahl que
lo ubicamos en el instante mismo en que obtiene las Capitulaciones
en la ciudad de Santa Fe, a 17 de abril de 1492, previa firma del
Secretario Sr. Coloma
El texto original de la Capitulación de Santa Fe se encuentra
asentado en el registro de la corona de Aragón, hoy en el archivo
que se halla en Barcelona, volumen 356, folio 136. La Capitulación
dice así:
Las cosas suplicadas, é que vuestras Altesas dan é
otorgan á Don Christóbal Colón en alguna satistación
de lo que ha descubierto en las mares Océanas, é del
viage que agora, con la ayuda de Dios, ha de facer
por ellas en servicio de vuestras Altesas, son las que
siguen:
PRIMERAMENTE, que vuestras Altesas, como señores
que son de las dichas mares Océanas, facen dende
agora al dicho Don Christóbal Colón, su almirante, en
todas aquellas Yslas é tierras firmes. que por su mano
é industria se descubrirán o ganarán en las dichas
mares Océanas para durante su vida; $ después d'él
muerto, a sus herederos é subcesores de uno en otro
perpetuamente, con todas aquellas preeminencias ó
prerrogativas pertenecientes al tal oficio, é segund que
Don Alonso Enriques vuestro Almirante mayor de Cas-
tílla é los otros predecesores en el dicho oficio lo tenían
en sus distritos.
Plase a sus Altesas.
Johan de Coloma
Otrosy, que vuestras Altezas facen al dicho Chris-
tóbol su Visorey é Gobernador general en todas las di-
chas islas é tierras firmes é yslas (sic) que, como dicho
es é descubriere é ganare en las dichas mares: é que
para él regimiento de cada una é cualquie d'ellas fa-
ga elección de tres personas para cada oficio, é que
«vuestras Altesas tomen é escojan uno, el que mas fuere
su servicio así serán mejor regidas las tierras, que
Nuestro Señor le dexará fallar é ganar á servicio de
Vuestras Altesas.-
Plase a sus Altesas
Johan de Coloma
— 105 —
Otrosy que sy, á causa de las mercaderías qu'el
iraerá de las dichas Yslas é tierras que, así como lo
dicho es, se ganaren é descubrieren, ó de las que en
troque d'ellas se tomaren acá de otros mercaderes, na-
ciere pleito alguno en el lugar donde el dicho comer-
cio é trato se terná é fará que sy por la preeminencia
de su oficio de almirante le pertenecerá conocer del
ial pleito, plega a Vuestras Altesas que él o su the-
niente, é no otro Juez, conozca del tal pleito, $ asy lo
provean dende agora:
Plase a sus Altesas, si pertenece al dicho oficio
de Almirante segund que lo ¿tenía el Almirante Don
Alonso Henriques y los otros sus antecesores en sus
distritos é seyendo justos.
Johan de Coloma
Yien que todos los navíos que se armaren, para
el dicho trato é negociación. cada é quánto é cuantas
vezes se armaren, que pueda en dicho don Christóbal
Colón, sy quisiere contribuyr é pagar la ochena parte
de todo lo que se gastare en el armazón, é que tam-
bién aya é lleve del provecho la ochena parte de lo
que resultara de la tal armada-
Plase a sus Altesas
Johan de Coloma
Son otorgadas é despachadas con las respuestas
de Vuestras Altesas en fin de cada capítulo,
En la Villa de Sancia Feé de la Vega de Grana:
da, a Diez y siete días de abril del año del nacimiento
de nuestro Salvador Jhesu Christo de mil é quatro
cientos e nonenta e dos:
Yo el Rey. Yo la Reina
Por mandato del Rey e de la Reina
Johan de Coloma
Registrada. Talcena (2)
Como no podía ser de otra manera, la “Historia de las Indias”
del Excmo. y Rvmo. obispo de Chiapas, Fray Bartolomé de Las Casas,
inserta una copia de la Copitulación que estudio, ya que se trata de
un documento copital en la empresa colombina, y esta obra escrita
en el S. XVI, y dada a luz recien en 1875, en cinco volúmenes, con-
(2) Texio íntegro de la Capitulación del 17 de abril, en: VIGNAUD HENRY,
“Histolre Critique de la grande entreprise de Cristhooe Colomb”. Paris 1911.- 3 tomos
— 106 —
tiene la crónica completa de ésta empresa y por ello siempre fué tenida
como la fuente madre. Por suerte para nosotros la copia de la Ca-
pitulación inserta por el Padre Las Casas, si bien tiene alteraciones,
no ha sido objeto de la manipulación que hoy es posible conocer lo
fueron otros documentos. ,
Pese al carácter sintético de éste trabajo, recordaré algunas Je
esas manipulaciones con el deseo de evitar que cualquier crítica formal
nos haga naufragar.
Es por demás sugestivo que cuando en su historia, el padre Las
Casas dice que tiene delante un documento, éste desaparece total-
mente, hasta el punto de que ni en su repositorio de papeles —obte-
nido por Antonio de Herrera y Tordecillas-- éstos se encuentran. ¿Puede
merecer fe como historiador quien como el padre Las Casas dice que
un testigo de los pleitos ha declarado ufirmando tal o cual cosa, y
observando en estos, aparece lo contrario? ¿o quien como el autor
mencionado confiesa en la propia Historia que va a hacer una apo-
logía en favor de la disminuída persona del navegante?
Pero conformémosno con pensar que la Capitulación no ha su-
frido muchas alteraciones en sus manos. La copia inserta por el padre
Las Casas dice asf: (3)
Las cosas suplicadas y gue Vras altesas dan y otorgan
a don Xpval Colón en alguna satisfacción de lo que
HA DE DESCUBRIR en las (Indias) mares Océanas del
viaje q'agora con la ayuda de dios ha de hazer por
ellas en servicio de Vras altesas son las que siguen:
Primeramente: que vuestras altesas como Señores que
son de dichas mares Océanas, fagan desde agora al
dicho don Cristóbal Colón su Almiranie en todas aque-
llas islas e tierras-firmes, que por su mano e industrias
se descubrieren o ganaren en dichas mares Océanas
para durante su vida y después dél muerto a sus he-
rederos é sucesores de uno en otro perpstuamente, con
todas aquellas preeminencias é prerrogativas pertene-
cientes al tal oficio, € segund que D. Allonso Enriquez
vuestro Almirante mayor de Castilla é los predecesores
en el dicho oficio lo tenían en sus distritos. Place a sus
Altezas. Juan de Coloma.
Otrosí: que Vuestras Altezas facen al dicho D.
Cristóbal Colón su Visorey y gobernador general en
todas las dichas islas y tierras firmes que como es di-
cho, él descubriere o ganare en las dichas mares.--.-
(3) Inserto sólamente la primera parte, que es la que para mi estudio tiene
mayor importancia -
— 107 —
Como puede advertirse en el cotejo con la Capitulación original
que los Reyes firmaron con Colón el 17 de abril, la copia del padre
Las Casas presenta algunas diferencias. Suprime, al cambiar palabras,
toda la actuación que'como marino pudo haber tenido antes de la
magna empresa de 1492, y que la tuvo por cierto. — * ;
No tenía Colón muchos conocimientos, ni había hechos grandes
viajes concebidos por los datos que había podido reunir. Como muy
bien nos acluro Henry Vignaud er, su obra "Vie de C. Colomb” sus
actuaciones se reducen a viajes próximos en barcos de comerciantes, etc.
Esta diferencia entre ambas copias de la Capitulación podemos
admitir que no tenga valor desde el punto de vista de su autenticidad,
pero desde el punto de vista histórico sí la tiene, pues altera el orden. La
Copitulación original mostraría el hallazgo como resultado de los co-
nocimientos náuticos que tenía Colón, lo establecido en la Capitulación,
se le atorgaría como diríamos hoy, en honor a los méritos hechos por
el marino. La copia de Fray B. de Las Cosas muestra la empresa
como una brusca y repentina inspiración, como algo concebido por
Colón de buenas a primera.
En el borrador original del padre Las Casas (4) —como lo hago
notar al transcribirlo= se aprecia con facilidad la palabra INDIA in-
debidumente colocada, aunque el autor mencionado la enmendó luego.
Como se desprende de su simple lectura, este documento —la
Capitulación— (5) es un contrato bilateral, un solemne contrato, tan
solemne que está asentado en los libros de la cámora real, por el
que Colón se compromete a buscar islas y tierra firme, y si cumple,
los reyes se comprometen a otorgarle ciertos privilegios para sí y para
sus sucesores, amén de que para sí lo hacen “Visorey é Gobernador
general de todas las dichas Yslas é tierra firme”.
Todas estas concesiones que lograría Colón si vela coronado su
proyecto de encontrar tierras en les mares de Castilla, se extendieron
mas tarde a su hijo Diego. por una carta de merced, que ha sido
mal llamada “Segunda Capitulación”.
He dicho antes: “Si veia coronado su proyecto de encontrar tierras
en los mares de Castilla. .” y es una frase que aunque exacta, me-
rece una clara explicación.
(4) Se encuentra en la actualidad, en la Biblioteca Nacional de Madrid.-
(5) Considero innecesario insistir que es de fecha 17 de abril porque no hay
confusiones con la del 30 del mismo mes, pués ésta no esuna capitu-
lación sino una carta de metced.-
—= 108 —
Es que Colón iba a esos mares, y de la Capitulación no se
desprende sino ello. La Copitulación dice que envian a Colón a des-
cubrir islas y tierra firme en la Mar Océano “como señores que son
de las dichas mares Océanas”. No es que los reyes se arrogaran de-
rechos que en esos momentos no tenían, sino que efectivamente eran
Señores del mar Océano por donde navegaría Colón Recuérdese que
por esta época en que se firmaron en Santa Fe —Vega de Granada—
las capitulaciones que establecen las condiciones en que era amparada
esa empresa colombina, el señorio que ambos reinos —el de España
y el de Portugal- pudieran tener sobre las océanicas aguas, estaba
perfectamente delimitado y establecido por el Pacto que en Toledo fuera
firmado en marzo de 1480 y ratificado al año siguiente (6).
Por ese Pacto de 1480, los monarcas lusitanos tenian señorio no
solo en la Guinea y ciertas tierras africanas, sino sobre una zona bierr
delimitada y cuyo límite máximo hacia el oeste, llegaba a las cono-
cidas Islas Azores, Cabo Verde, etc, y que por ende pertenecian a
Portugal todos los hallazgos de islas y tierras que se operaran en esa
zona, con excepción de las Conorias y sus mares, que eran de domi-
nio Castellano. El pacto que analizo, y en lo tocante a España, decía
que las islas descubiertas y por descubrir al oeste de las Canarias, que-
daban reconocidas como del Señorio Español, pues a esta noción co-
respondía el Señorio de esas aguas: las aguas situadas al oeste y
a la misma altura de las Canarias. (7)
Por eso es que los Monarcas de España invocan aquel 17 de
abril de 1492, un Señorio legal, existente y claro, si nos situamos en
la época del descubrimiento,
Es que realmente eran Señores de las aguas del archipiélago
Canario y lo meta de C. Colón era alguna de las posibles islas exis-
tentes en esos mares.
“Como Señores que son de las dichas Mares Ácéanas, es una
frase diáfana con perfecto sentido real, y que para ser entendida sólo
requiere en quien tropieza con ella, un adecuado conocimiento de la
(6) Alguns Documentos D'archivo Da Torre Da Tombo.- Lisboa 1892. Pág. 42.-
(7) Es de hacer notar que antes del pacto de 1480 ya la reina Isabel de
Costilla, tenía Señorio sobre las Canarias, hasta el punto de que llegó
—para evitar cuestiones= a comprar una de los islas que cún no fe
pertenecía, Gonzalo F. de Navarrete en su “Colección de Viajes...”
trae en el prólogo unos considaraciones generales donde puede apre-
clorse (pags. 28, 33 y Sgs.) el proceso de ese dominio sobre las
mencionadas islas -
— 109 —-
hora histórica en que fué incorporada a la letra de las Capitulaciones” (8)
La lectura de la ratificación de las Capitulaciones, hecha el 28
de mayo de 1493 por los reyes católicos y a pedido del Almirante,
ratifica lo anteriormente afirmado pues en ella se puede leer lo siguiente:
“e agora por que plugo a Nuestro Señor que Vos fallastes muchas
de las dichas islas y esperamos que con el ayuda suya qfallareis é
descubrireis otras islas en tierra firme en el dicho mar Océano A LA
DICHA PARTE DE LAS INDIAS, nos suplicastes é pedistes por merced
que Nos, confirmásemos la dicha nuestra carta que de uso va encor-
porada é la merced en ella contenida...” y prosigue mas adelante:
“é agora los nuestros Almirantes de las mares de Castilla é de León,
é para en las tierros de los dichas islas e tierra-firme que son descu-
biertas é se descubrieren de aquí adelante en el dicho mar Océano
EN LA OTRA PARTE DE LAS INDIAS por que los pobladores de todo
ello sean mejor gobemados. . .”.
Como se aprecia en este documento de fiel autenticidad, el
destino de la empresa estaba en mares que se encontraban hacia el
lado dé la India y no en la India misma.
Es evidente que de la documentación no se desprende lo que
la tésis tradicional ha asignado como meta del viaje y que habría sido
Asia, a la que se llegaría por el poniente y con ciertos móviles como
eran los de propagar la fe cristiana y aún responder a la política de
expansión del hábil Rey Fernando, que por cierto por ésta época ha-
bía quedado relegada a un segundo plano, mientras día tras día se
producían hallazgos de islas desconocidas qua engrosaban los domi-
mios de la corte portuguesa,
Es que de la Capitulación se desprende como se aprecia, que
Cristóbal Colón pactó para realizar una empresa legal y con destino
claro. Hablo de la empresa que parte del puerto de Palos, el viernes
3 de agosto de 1492, y nó de los viajes posteriores, en los cuales in-
dudablemente sí, el móvil era otro porque ya España “ha descubierto
lo que no ha descubierto Colón”. “Colón ha descubierto una isla, pero
España descubre un destino. España ve lo que Colón no ha visto” (9)
Además de lo que la fiel documentación nos dice, aquella que
no ha podido ser destruida como lo fueron otras piezas con el sólo
(8) Carbia Rómulo D,, “El Señorío del océano y los reyes Católicos” en Rev»
Criterio, NO 37 del 3 de Enero 1935 -
(9) Sierra Vicente D, “El descubrimiento de América ante la conciencia ca-
tólica”, discurso leido por su autor en el acto celebrado por el Colegio
del Salvador, el 29 - X - 1942 -
— 110 —
móvil de acomodar hechos, se hace necesario analizar algo que la
«documentación que estudio no dice. Si bien lo lógico no siempre es
lo exacto, las mas de las veces nos lleva a conclusiones interesantes y
es por eso que habré de analizar en la medida de lo posible, estas
preguntas que me fomulo:
¿Por qué si Colón iba al extremo asiático navegando por el
«poniente, no se dirigió directamente al oeste, acortando distancias, en
vez de tomar el rumbo que imprime a sus naves para llevarlas a aguas
de legales posesiones castellanas?
¿Por qué cuando navegado un cierto tiempo, Colón decide cam-
biar el rumbo de su empresa; cuando de haber sido el destino el que
la tradición le ha asignado, navegando siempre al oeste y con rumbo
fijo, llegoría necesariamente al Japón o al extremo oriental de la India?
¿Qué explicación tiene el que de regreso Colén ya de su pri-
mero y exitoso viaje, los monarcas españoles se apresuraran a solicitar
del Sumo Pontífice la concesión papal que le solicitaron?
En primer lugar he de decir que no tiene otru explicación la dirección
de las naves hacia las Canarias, que la que se desprende del com-
tenido de la Capitulación, ir a mares de los que los monarcas eran
* Señores verdaderos, y por ende hacer que la empesa tuviera la lega-
lidad que la buia del Papa Sixto IV —ratificuda el 21 de junio de
1481— estaba reclamando.
Cae de maduro que de no ser así, C. Colón debía necesaria-
mente salir de la extremidad occidental de España y mantener cons-
tante rumbo oeste. La tésis tradicional no hace mención del porqué
de ésta dirección tomada por las naves inmediotamente de su partida,
pero historiadores que están con ella han argumentado de distintas ma-
neras, algunas de ellas por demás inverosímiles.
Se ha pretendido decir que el rumbo tomado obedeció a la
necesidad de reaprovisionarse de agua dulce, cosa ridícula si se tiene
en cuenta que casi recien salían. Jorge E. Nunn, escritor norteameri-
cono, es autor de una obra titulada "“Geographical conceptions of
Columbus” que en 1924. fué publicada en New York por la "American
Geographical Society” y en la que Nunn entre otros puntos relacio-
nados con la empresa de 1492, ha tocado el que se relaciona con
la dirección que temaron las naves al zarpar en su primer viaje. La
teoría de Nunn dice en sintesis que Colón buscó latitudes mas al sur.
porque sabía que en ellas predominaba en el Atlántico el viento fa-
vorable, mientras que a latitudes mas septentrionales predominaba el
viento de occidente. “La preparación diremos así científica de la gran
navegación, habría pues comporlado también un estudio prewvio de
141 >
parte de Colón, de las condiciones meteorológicas del océano” (10)
El Sr. Nunn ha intercalado entre las páginas de su trabajo, una
carta geográfica magnificamente confeccionada y en la que figuran
claramente los vientos y las corrientes manmnos, y cuyo estudio corrobora
la tésis que el autor sostene. Mas adelante llega a decir que fueron
tan cientificas las razones que movieron a Colón a seguir esa ruta,
que considera al navegante como descubridor de tres cosas: nuevas
tierras y dos rutas, una de ida y una de regreso.
El Sr. Roberto Almagiá ha hecho un estudio del trabojo de Nunn
en un ortículo publicado con similar título en la revista “Colombo” ya
citada, y al finalizar el mismo nos dice: “no creemos todavía que eso
responda a la verdad, el mar ol occidente de las Canarias era en-
tonces absolutamente infrecuentado antes del viaje de Colón” (11)
Los reporos que Almogiá hace a la teoría de Nunn, son justos.
Si Colón hubiera tenido los conocimientos que el autor mencionado
pretende atribuirle, este marino hubiera sido un genio, Es que las co-
sas que Nunn argumenta —desde luego claras y exactas— son cosas
que se pueden decir hoy con los dominios científicos que poseemos
y nó en aquél entonces donde no se podía conocer lo que él expone,
amén de que como dice el Sr. Almagiá, a excepción de las costas
europeas, los del continente negro y las aguas del archipiélago Ca-
nario; las de pleno océano eran “Absolutamente infrecuentadas”,
Colón no tenía los conocimientos que le atribuye Nunn, además
de que si su destino era el que la tradición le osignaba, no podía
haber extendido enormemente el itinerario de su viaje a riesgo de ir
a dar a aguas vedadas por el Pacto de 1480, y correr el riesgo de
que su tripulación fuera arrojada al agua como lo había expresado
Portugal en órden de Ó de abril del mismo año de 1480,
Es que esto está aclarado en gran parte por la respuesta de
la segunda pregunta que me formulo. Si efectivamente el destino era
el que la tradición dá; por qué el día Ó de octubre se cambia el
rumbo y dejan las naves de seguir el paralelo 28 grados para con-
tinuar navegando hacia el sur- oeste?
Es que cuando en Costilla se dá forma al proyecto de Colón,
se lo delimita para encerrarlo en la legalidad necesaria; propónense
los expedicionarios navegar 800 leguas al poniente desde la isla mas
(10) Almagiá Roberto. “La concepción geográfica de Colón,”, en Revista
“Colombo”, No, 1, Pág 23; Roma, junio de 1926.-
(11) Almagiá Roberto. Obra citada.-
—= 12 =
occidental de ese yrupo de islas conocidas que lo era la de Hierro, y
cuando llevaban navegado ya mucho, deciden cambiar el rumbo a
inspiración de Pinzón, pues según los cálculos, las tierras buscadas de-
bían ya haberse encontrado.
Producido el hallazgo de las islas en aguas por vez primera sur-
<cadas, Colón -—-o los que tenlan mayoies conocimientos y que eran.
los Pinzón— se dan cuento de que por la distancia recorrida ya no
estoban en los mares de Castilla (12) y cuando ya de regreso, Colón
entrevista a los monarcas, momentáneamente en Barcelona, y dá cuenta
del hallozgo realizado y en los lugares en que éste había acontecido,
se apiesuran a solicitar del reverendo Pontífice la “Bula de Donación”
comprometiéndose a una empresa misionera. Es que desde el primer
memento en que se ampara C. Colón, todo se hace en forma legal,
y cuando el rey Fernando se dá cuenta de que el hallazgo no esta-
ba amparado por la Bula de 1480, se decide inmediatamente a so-
licitar una nueva que encerrara la coronación de la empresa, bajo el
perfecto órden legal en el que ésta se había amparado desde su ini-
«ciación.
La propia “Bula de Alejandro VI a los Reyes Católicos y sus
sucesores cancediéndoles las tierras de Indias é yslas descubiertas y
por descubrir” (13) no deja lugar a dudas sobre el destino de la em-
presa: “descubrir islas y tierras remotas é incógnitas”, porque esas
son las palabras de la Bula que se expresa así en una de sus partes:
“Entendimos que desde atrás habiudes propuesto en vuestro ánimo de
buscar y descubrir algunas islas y tierras remotas é incógnitas, de otros
hasta ahora no halladas” (14),
No hay lugar a dudas que si el objeto de Colón era “descubrir
algunas islas remotas é incógnitas” no podía en ningún caso ir a la
India que era harto conocida por los viajeros de la época. Es que
la documentación auténtica proclama a gritos el verdadero destino de
la empresa colombina. La lectura de las órdenes enviadas a los ha-
bitantes Jel puerto de Palos. está corroborando lo que afirmo. Efecti-
vamente en la “Provisión para que a Cristóbal Colón que iba con
tres carabelas a ciertas partes del mar Océano, se le facilitase cuanto
pudiese necesitar para repararlas y proveerlas de madera, víveres, pol-
voia, pertrechos, etc.” dice: “sepades que Nos habemos mandado a
(12) De la documentación no se desprende ello pero es de pensar que osi fué -
(13) Fué dada en Roma, en San Pedro, el 4 de mayo de 1493.-
(14) Gonzalo F. de Navarrete, “Colección de Viajes...” T. Il, pág. 35,
Madrid 1859...
— $43 —
C. Colón que con tres carabelas armadas vaya a ciertas parte de la
mar Océana ... (15) Igual cosa se desprende de la lectura de la
órden para que los habitantes de Palos den a Colón las dos carabelas,
y donde figura inserta una frase muy semejante a la de la anterior
órden y que ya he mencionado. (16)
Antes de ver cómo resiste la histormografia posterior a 1492, la
interpretación tradicional, he de transcribir un documento que completa
lo aseverado en estas pocas líneas. La lectura del testamento de C.
Colón, inserto en la Racolta Colombina, parte primera, Volúmen ll,
pág. 262, me ha permitido corroborar lo anterior de que Colón no
iba a la India sino a lugares desconocidos. La Racolta Colombina dice
que Colón al partir de España en 1502 hizo un mayorazgo de sus
bienes y dice en una parte del mismo: “El Rey é la Reina, nuestros
Señores, cuando yo les serví con las Indias, digo servi que parece que
yó por volunta(d) de Dios, Nuestro Señor se las dí como cosa que
era mía: puédolo decir; porque emportuné a sus Altezas por ellas, las
cuales eran ignotas é ascondido el cumino a quantos se fabló d'ellos,
é para las yr a descobryr, allende de poner el aviso é mi persona. ...
COMO RESISTE LA HISTORIOGRAFIA POSTERIOR A 1492,
LA INTERPRETACION TRADICIONAL.-
No corresponde a la indole de éste trabajo, ya que se transfor-
maría er. una publicación excesivamente larga, dar a conocer con to-
dos los detalles, cada una de las obras historiográficas pertinentes al
tema, publicadas con posterioridad al magno hallazgo y que por ende
deben ser consultadas, para con ello apreciar lo que opinaban los
Historiadores y cronistas peninsulares con respecto al destino de la em-
presa colombira. En la forma más sintética y por órden cronológico,
los recordaré.
BERNALDEZ Andrés, “Historia de los Reyes Católicos Dn. Fer-
mando y Da. Isabel” Sevilla 1869, 2 tomos. Este autor, mas conocido
-(15) Gonzalo F. de Navarrete, Ob. cit Página 19.-
(16) “Provisión para que los de Palos den las dos carabelas que les está
mandado por el Consejo”, en; Navarrete, ob cit página 19 -
+ Há. ez
por “El Cura de los Palacios”, fué testigo presencial de los sucesos y
conocía a los protagonistas, de ahí que se lo debu tener en cuenta
entre los cronistas coetáneos al descubrimiento, No menciona la Ca-
pitulación ni estudia el destino de la empresa. Sólo dice que Colón
fué enviado a descubrir. ¿Con relación a La India, pedía hablarse de
descubrirla?
ANGLERIA Pedro Mártir “Fuentes históricas sobre Colón y Amé-
rica”. Madrid 1892.
Este autor, historiador y humanista italiano, fué llevado a España
por el Conde de Tendilla en 1487 y desde entonces estuvo en per-
manente contacto con la corte. El mismo F. B. de Las Casas en su
“Historia de Indias”, dice: “A Pedro Mártir se le debe mas crédito
que a ningún otro...”
Uno de los traductores y prologuistas de Anghiera, Paul Gaffarel en
su: “Recueil de Voyoges et de documents” “De Orbe Novo”, Paris
1807, nos dice que iba en busca de islas vecinas de las que debía
tener noticias de su existencia. '
Ni como testigo presencial ni como historiador, Anghiera nos dice lo
que la tésis tradicional aseveró.
HERRERA Y TORDECILLAS Antonio de “Historia General de los
hechos de los Castellanos en las islas y tierra firme del Mar Océano”.
Madrid 1730.
Este historiador español fué historiógrafo de Castilla e Indias nombrado
por Felipe ll, y su obra fundamental es la citada, conocida come
“Décadas de Indias”. En el libro | Década |, presenta a Colón como
empeñado en encontrar islas de posible existencia y dice: “Conyetu-
¡aba también (Colón) que de la mifma manera que los portuguefes
navegaban al Mediodía, fe podía navegar a Occidente ¡ que de ra=
.cón fe havia (sic) de hallar tierra en aquel camino”.
OVIEDO Y VALDEZ Gonzalo Fernández de “Historia General:
“y Natural de las Indias, Islas y tierra firme del Mar Océano”. Real
Academia de Historia, 4 Vls. Madrid 1851.
Este historiador español (1478-1557) se destaca entre los histo-
iadores clósicos de Indias, y la primera parte de su obra ha sido
.muy difundida. Oviedo y Valdéz teoriza diciendo que lo descubierto
por Colón había sido de dominio español en la antiguedad y dice:
"Yo tengo estas Indias por aquellos famosas islas Hespérides (así lla-
madas del duodécimo Rey de España, dicho Espero) “Pág, 14, T. L.
En ningún momento sostiene este autor que Colón fuera a la India
ni buscara un camino que lo llevara a ella.
IBARRA Y RODRIGUEZ, Eduardo. “Fuentes para el estudio del des-
cubrimiento de América. Cristóbal Colón. Su vida. Génesis del descubri-
miento”, en: Historia del Mundo en la Edad Moderna” T. 23. Pág. 117.
El Dr. Ibarra y Rodriguez ha publicado en la Historia del Mundo
en la Edad Modema, un trabajo titulado: “Fuentes para el estudio del
descubrimiento de América ..” y en el que ha dedicado especial
atención al problema del Descubrimiento de América, profundizando
en cada una de las fascetas que éste presenta. Entre otras cosas sos-
tiene el aludido autor: “Colón propuso a la Junta, ir a descubrir cier-
tos islas situadas en el Océano pobladas y desconocidas; así lo dice
Rodrigo Maldonado, q formaba parte de ella”. Pág. 155. Mas ade-
lante, el autor en cuestión dice: "Es digno de notarse que Colón no
ofrece ir a las Indias ni buscar camino por el oeste para llegar á
ellas, se limita a ofrecer el resultado de sus descubrimientos pasados
y futuros”.
COLON Fernando. “Historia del Almirante Don Cristóbal Colón;
en la que se dá particular y verdadera relación de su vida, de sus
hechos, y del descubrimiento de las Indias Occidentales llamadas
Nuevo Mundo”.
Fernando Colón, hijo natural del Almirante, nacido en Córdoba
el 15 de agosto de 1488, era un hombre de vasta cultura, meticuloso,
poseedor de una excelente biblioteca y una gran documentación per-
tinente al descubrimiento, escribió —según la tradición— una obra re-
latando la vida de su padre y que ha sido tenida como una de las
principales fuentes para el estudio de Colón y de su empresa. Fué
escrita en itoliano, en Venecia en 1517 y el original manuscrito de
la misma NO EXISTE.
Es evidente que Fernando Colón era un hombre por encima de
la medianía y no pudo haber sostenido cosas como las dichas en la
obra (17). Es extraño y sugestivo además, que cuando F. Colón alude
a ciertos fundamentos naturales, argumenta algunos que aparecen fi
gurando exactamente igual en un libro llamado “Tratado de la Esfera”
que se lo conoce como de “Sacrobosco”, (18) que fué publicado re-
cién en 1508, y que por rara coincidencia presenta en el original del
mismo, ciertas acotaciones de puño y letra del Padre Las Casas
Todo ello hace que la obra deba ser analizada con mucho be-
(17) Cuando hace mención de los sabios de la época, señala a Aristóteles,
el que sabemos nació en Estagira en 384 a. J. C.-
(18) “Sacrobosco” quiere decir “Monte Sagrado”
— 116 —
neficio de inventario. Pero hay mas aún, un documento auténtico de
Fernando Colón, que ha sido publicado en la obra: “Monumento a
Colón” escrita en francés por el conde Roselly de Lorgues, en 3 to-
mos, y publicada en Barcelona en 1878, no dice por cierto lo mismo
que la obra.
El documento dice así: “*.. . pues lo principal que había ofrecido
antes que descubriese las Indias, lo había ya cumplido, que era mos-
trar que allí había islas y tierras firme, a la parte occidental; que el
camino eta fácil y navegable, la utilidad manifiesta y las gentes muy
domésticas y desormadas; de modo que, habiendo probado él mismo
todo lo referido, ya no le faltaba mas, sino que sus Altezas siguiesen
“e
la empresa enviando gente que buscase y procurase entender los se-
cretos de aquellos paises .
Respondiendo concretamente a la pregunta: ¿Qué es lo que se
desprende en cuanto al objeto del viaje, de la Cupitulación del 17
de Abril?, he de decir que C. Colón, de acuerdo a lo pactado, a
lo que la documentación fiel nos dice y al contenido de la historio-
grafía pertinente al descubrimiento, partió del puerto de Palos el día
3 de Agosto de 1492 rumbo a mares de legítimo señorío castellano,
y en busca de islas y tierra firme de posible existencia; y si hay dos obras
—piedras basales de la historia tradicional la del padre Las Casas
y la de Fernando Colón, que no corroboran lo que he aseverado; he
de decir, del primero, que es notoria su participación en la tergiver-
sación de documentos y en el plugio de los mismos. Como teoriza-
dor del Derecho Indiano, tiene valor, pero como historiador no lo tiene,
además de haberse confesado en su obra, como lo hace notar E.
lbarra Rodriguez, un apologista en defensa de la persona del gran
navegante. Respecto del segundo, su obra presenta errores que una
persona como Fernando Colón no pudo cometer, y su análisis debe'
ser tomado con sumo beneficio de inventario.-
DOCUMENTOS COMPLEMENTARIOS
Dos piezas de gran valor dentro de la documentación pertinente
a la empresa colombina, y pruebas fehacientes del verdadero destino
de la misma, son dos documentos, que como complemento de lo pae-
tado y estipulado en la Capitulación, son entregados a C. Colón por
Fernando e Isabel. Me refiero a la supuesta carta al Gran Khan o
“carta credencial” y el pasaporte colombino.
Entre los fundamentos de los defensores de la tésis tradicional,
figura una carta que los Monarcas habrian dirigido al Gran Khan,
Eon, PES
uno de los príncipes de la Indid. En cuanto al estudio externo o au-
tenticidad de la misma no es necesario mayor detención, pues con-
tamos con el asiento existente en los libros de la corona de Aragón
—hoy en Barcelona— Registro Real, volúmen 3569, folio 136.
Pero he ahí que lo que la tésis que de antiguo viene conoció
como “corta credencial” y que estaría dirigida al Gran Khan, figura
en el archivo mencionado, y en el lugar del nombre del destinatario,
éste falta dejando lugar a un espacio en blanco, y al final de la
mismu se encuentra esta expresión: Et fuerunt triplicate”,
Antes del análisis interno, veamos lo que dice esa supuesta carta,
Sereníssimo Principe» ....:.«...o...... amico nostro
caríssimo, Ferdinandus el Elisabel, rx el regina Caste-
lle, Aragonie, Legionis, Sicilie, Granate, etc. salulem et
prosperorum, sucesuum incrementa.-
RAEE quod nobis pergratissimumad modum ulii,
quiden et paratos nos offerentes.-
Et civitate nostra Granate XXXe Aprilis anno do-
mini millesimo CCCCLXXXXIHo.
Yo el Rey Yo la Reina
Ei fueruni triplicate
Coloma, Secret.
La lectura del encabezamiento de ésta carta, llevará al lector
a preguntarse, ¿porqué la tésis tradicional afirmó que Colón portaba
esta carta con destino al Gran Khan?, y la respuesta no puede ser
otra que la siguiente: no hay nada que lo compruebe.
El asiento en los registros de la Corona de Aragón tiene el lu-
gar destinado al nombre en blanco, y al pie la frase citada que
muestra la existencia de 3 copias iguales como mínino ¿Puede pedirse
algo mas para decir que es Índice claro de que el documento con
que fué provisto Colón se trata de una circular?
Historiadores tradicionalistas hablan de que en las copias habrian
existido los nombres de los destinatarios, y no falta quien diga que
serían los de los principales reinantes en las primeras islas donde lle-
garía Colón,: el Cathay y el Cipango. Pero todo ello sólo en base a
suposiciones, la documentación no lo corrobora. Por .otra parte, y co-
mo si fuera poco lo expuesto, ¿podria mostrarse que ésa circular res-
pondía a los formulismos de la época? Sí.-
He podido aprecior en Navarrete, “Colección de los Viajes y
Descubrimientos”, la copia de una circular cen que fué provisto C.
Colón al iniciar el cuarto viaje (1502) y que en forma semejante a la
— 118 —
supuesta carta al Gran Khan, tiene el espacio en blanco para que
Colón pudiera hacer uso de ella en las circunstancias determinadas
por la misma.
Lo circular que menciono dice así: “Nos el Rey é la Reina, de
Castilla, de León, de Aragón de Sicilia, de Granada etc.. enviamos
a saludar a VOS... -.... . +. «3 Capitán del Serenísimo Rey de
Portugal nuestro hijo facemos a Vos saber que Nos enviamos
al Almirante D. Cristóbal Colón, levador desta, con ciertos navíos
donde suelen ir é su ida es facia el Poniente...”
Todo está demostrando a las claras que el documento comen.
tado es una carta circular. El estudio del mismo, su contenido, los
formulismos de ¡u época, y hasta. la forma de encabezamiento lo estan
diciendo; porque ese:” Serenissimo Principe ..” de la carta credencial
aparece también como encabezamiento de otros documentos con ca-
racteres de circulares, tal el caso de los numerosos que se observan
recorriendo las páginas del “Archivo Fiorentino” | Diplomi arabi. Apén-
dice. Fiorenze 1867.
En suma que ésta pieza documental en nada ayuda a la tésis
que de antiguo viene, porque aún admitiendo que estuviera dirigida
al Gren Khan, ¿ello significaba que Colón debía ir a la India?. Nó,
porque esa designación de Khan no era única y exclusiva de ese lu”
gar geográfico, era común a muchos lugares y equivalía a “Rey” o
algo menos. Se podrá corroborar lo que asevero, yendo a las páyi-
nas de Giovanni Soranzo en su obra: 11 Papato, L'Europa Cristiana
E, 1. Tartari””. Un secolo Di Penetrazione Occidentale In Asia. Milano
1930; y se encontrarán abundantes ejemplos que comprueban lo que
afirmo. Al final de dicha obra, hay además un cuadro mostrando los
distintos Khanatos, como el Khanato de Turkestán e della Transoxiana,
Khanato di Persia, etc, etc -
EL PASAPORTE DEL 17 DE ABRIL DE 1492
El mismo día que en Santa Fé, los Monarcas de España y C.
Colón firman un solemne contrato bilateral, los primeros hacen entre-
ga al arriesgado nauta, de un documento “pasaporte”, que habría
de servirle como salvoconducto en la empresa a iniciarse. El documento
— $149 —
a que hago mención, se encuentra conjuntamente con la “Carta cre-
dencial” en el registro indicado, folio 136, está escrito en latín y dice
así:
EIUSDEM. Sereníssimiss aique illustrissismis qui-
busvis regibus ac ecrum primogenitis consanguineis et
amicis nostris caríssimis, Ferdinandus et Elisabet Dei
Gratia Rex et Regina Castelle, etc. Salutem, ei prospe-
rorum votorum incrementa-
Mittimus in presenciarum nobilem virum Cristofo-
rum Colon cum tribus carabelis armitis per maria oce-
ana ad partes indie pro aliquibus causis el ulilitatem
nostram concernentibus..-
Darum in Granaiensi XVII Aprilis anno Domini
millesimo quadrigentésimo LXXXXITo.
Yo el Rey Yo la Reina
Dominus Rey et Regina mandates mihi Joannis de Co-
loma. (19)
Y bien, qué es lo que dice este documento que la tésis tradi-
cional tuvo como ayuda para aseverar que el destino de la empresa
era buscar un nuevo camino al par qué portaba una misión evan--
gelizadora?
Es indudable que se trata de un salvoconducto destinado a
cualquier rey que Colón pudiera encontrar en la empresa que inicia-
ba en nombre de los manarcas. Ellos expiden dicho salvoconducto
con el objeto de evitar a Colón cualquier dificultad que se le presen-
tara y el documento en cuestión llega a pedir y a recomendar buen
trato para el navegante en las tierras o regiones desconocidas que
pudiera hallar. Despues de un encabezamiento mas o menos común
a los documentos de ésta indole— Jentro de la época— el mismo mues-
ira claramente el destino de la empresa: “cum tribus caravelis armatls
per maria oceana ad partes indie ..”.-
Es precisamente la frase que expresa el destino de la empresa,
la que dió asidero a la tésis que está dentro de ese circulo que co-
mienza en la obra del Padre Las Casas y termina con la de Fer-
nando Colón, que es obra también del mencionado domínico.
¿Cuál es la traducción que debe darse a la frase od partes
indie? ¿Debe darse la traducción moderna que diría mas o menos
(19) Transcribo sólo una parte del documento, pero que es la fundamental
pués en ella se dá el destino de la empresa,-
— 120 =
así: “por los mares océanicos hacia las partes de la India”, indicando
de esa manera la meta del viaje y nó lo direccion?
La investigación exige que nos ubiquemos con lógica razón en
la época del descubrimiento. Al estudiar ya La Capitulación, y de ella
la frase: "Como Señores que son de las dichas Mares Océanas”,
dijimos que la misma no se comprendía si no nos ubicabamos en la
époza en que ella se firmó y nó estudiamos el Pacto de 1480 en-
tonces en vigencia,
Igual arálisis debemos realizar de ésta pieza y comprobar si la
frase “ad partes” implicaba infaliblemente significar meta, destino; o
por el contrario indicaba dirección
El Dr. Rómulo D. Carbia demostró con un análisis histórico-filo-
lógico que en la época, y en cualquier documentación, aparece la
partícula “ad” indicando dirección y nó destino, y el autor de este
trabajo ha tenido en sus manos mas de cien documentos de la época
que muestran el uso, en todos ellos, de la partícula mencionada indi-
cando siempre dirección.
“Ad partes indie, que gramaticalmente admite la traducción de:
a las partes de la India, acepta también y sin repugnancia, la de:
hacia el lado de la India. Establecida esa dualidad en la versión, co-
rresponde fijar cuál de ellas resulta la históricamente aceptable. Sim
esfuerzo se conviene en que la que goza de ese privilegio es la 2a.,
esto es la que dice: hacia el lado de las Indias. La razón de ello
reside en el hecho, verificable por quien lo desee y en cualquier ins-
tante, de que en la Castilla de la hora histórica en que se firmaron
las Capitulaciones colombinas y los papeles reales que la completan,
la frase que trato de interpretar, se usó de preferencia para determi-
nar tumbo o dirección y nó meta en un camino”. (20)
¿Tiene sentido que se diga en el Pasaporte, que C. Colón vá
hacia el lado de la India, indicando sólo dirección? St Porque es una
alusión clara al deseo de no chocar con los intereses de Portugal,
claramente delimitados por la Pacto de 1480, mostrando que vá a
tomar una dirección opuesta a la de los domumios lusitanos.
Y acaso no es eso exactamente lo que se dice en la Capitu-
lación? En ambos documentos se estipula un viaje en procura de cier-
tas islas de posible existencia, tomando un rumbo opuesto a la costa
africana y en los mares de dominio castellano. Tiene entonces justifi-
(20) Corbia, Rómulo D. "La Nueva Historia del Descubrimiento”. Buenos
Aires 1936.-
== (8l =
cativo que los reyes digan, como lo hacen, que Colón cumplió lo pro-
metido, en una carta enviada por los monarcas a Colón, fechada en
marzo de 1493 y que es publicada por F. de Navarrete, T. Il, Pág, 27,
y donde los monarcas le dicen: “hobimos mucha placer en saber lo
que por ellas nos escribistes”. .. "y de haberse dado Dios tan buen
fin en vuestro trabajo, y encaminando bien en lo que comenzastes
éSi el destino hubiera sido el tradicional, podíuse hablar de que
el marino había cumplido lo estublecido?, nó, porque sólo había ha-
tlado nuevas tierras. Se habla de que el éxito ha coronado la em-
presa porque precisamente ese era el destino que tuvo la misma
cuando partó en el primer viaje. Gonzalo F de Navarrete, en el T.
Il pág. 35 de su: “Colección de Viajes ... publicó la Bula Papal
de Alejandro VI sobre la partición del Océano, y en dicho documento
se reconoce que los monarcas ampararon a Colón con el objeto úni-
co de ir en la búsqueda de las isias cuya existencia se suponia. El
mismo autor antes citado, pág, 191 del T. ll, trae un documento trans-
cripto del original inserto en el archivo de Indias en Sevilia y en vir-
tud del cual los reyes ordenan entregar a Colón la octava parte de
lo que se traiga de India, el mismo fué fechado el 13 de abril de 1495.
En las capitulaciones se decía que Colón obtendría la octava
parte de los bienes, entre ctras cosas, si el éxito coronaba su empresu,
Según desprendese de lo anterior, los reyes culmian por entender que
el Almirante había satisfecho lo establecido por contrato.
Es que ninguno de los documentos que merecen fe, establecen
en absoluto que C. Colón hubiera deseado llegar a la India nave-
-gando hacia occidente. su empresa, como lo establece Vignaud en su
“Histoire Critique.. .” tenía por objeto el descubrimiento de islas o tie-
rras cuya existencia dl afirmaba conocer. -
Después del estudio de un documento capital dentro de las y pie-
zas documentales pertinentes a la empresa Colombino, como lo es la
Capitulación del 17 de abril de 1492, y de dos documentos comple-
mentarios como los son la “Carta Credencial” y el “Pasaporte” del
17 de abril, creo estar en condiciones de afirmar lo siguiente:
A) La Capitulación es un documento de primera mag-
nitud dentro de los que al tema se refieren por-
que:
1) Ll ninguna duda respecto de su autentici-
ad: ]
ID a un contrato secreto y por ende no hay resér-
as al mosirar su contenido, y
IID e seriedad de la misma ia atestiguada por
documentos posteriores que muestran el cumpli-
— 122 —
miento que se dió a lo en ella establecido.
B) La **Carta Crendencial” es un documento que de-
be ser rechazado si se le atribuye el destino que
la tésis tradicional le asignó porque:
D no hay absolutamente nada que demuesire que
efectivamente el destino era el por ella asignado:
ID el único fundamento de que dicha epístola iba
dirigida al Gran Khan está en lo que dice el pa-
dre Las Casas, y ese es un testimonio viciado
de nulidad.
C) El Pasaporte del 17 de abril, es un documento fiel,
auténtico y de veráz contenido, que debe ser te-
nido en cuenta para ratificar o destruir lo que
la tésis antigua aseveró, pero debe ser estudiado,
DD) teniendo en cuenta la época en que él fué es-
crito; Y
1D una vez estudiado en esas condiciones, hacer un
análisis filológico de sus partes radicales, por
lo menos aquellas que orienten el problema e
cuestión."
De un estudio del problema, encarado de ésta manera, se des-
prenderá sin que al respecto quede duda, que Cristobal Colón en
1492 propuso a los Reyes Católicos y pactó con ellos, para ir en la
búsqueda de islas de posible existencia al oeste de las Canarias y
en mares de Legal Señorio Castellano.
La documentación auténtica así lo muestra y la tésis tradicio-
nal nose vé corroborada por la aludida documentación estudiada en
este trabajo, por lo que estimo debe revocarse el destino de la em-
presa colombina, y dejar de asignarle el que durante tanto tiempo le
asignó la tésis que de antiguo viene.
NOTAS Y COMENTARIOS DE TEXTOS.
HOMENAJE A LA ESCUELA:
En el Concurso Literario realizado el año anterior
con motivo del 90%. aniversario de esta Escuela Normal
de Profesores "MARIANO MORENO” la profesora de la
casa Señora NELIDA ESTHER SCATENA obtuvo el pri-
mer premio y medalla de oro con la poesía que publica-
mos a:continuación.-
Tú...
Crecida
en dimensión
y arraigada
en la tierra
como un
úxbol...-
Ya no importa
los años
que te pueblan
los patios ..
Hay tanta luz
de vida
entre tus Muros,
que amaneciste
ayer,
y estás en el
umbral del
centenario. . -
Cómo corren
los años de la
vida ..
Los de ayer
jugados en tus patios
Y éstos, que
van corriendo
día a día,
también entre
los huecos de
tus aulas
Qué profunda
quietud la de
tu mano...
Qué dejarse
llevar...
Qué continuo irse
siempre-..
Como el fluir
de los ríos y el
crecer de los
árholes.
Un cielo
siempre azul...
Un perfume h
de azahar y de
jazmines...
Presentida
sin verte, en el
ayer,
quedado
allá
en la infancia
Casi desconocida
cuendo la
adolescencia
llamaba a
nuestra puerta
Y siempre
Tí...
Hecha llama
en los ojos
del espíritu
Y florecida
en luz,
entre las
monos...
HA
Para siempre
prendida
o mis moñonas
Ya no importan
los años
que me diste...
Han florecido
eternos, en
el alma...
Solo sé
que tu nombre
y tu campaña
han sido
Sangre,
en lr sangre
de mi alma
Que eres un poco
YO, Y Yo soy
su esencia
un poco *
Pájaro o flor
brisa o caricia
azul
de cielo azul
y Írescura
del agua
desbordada
en torrente...
Sin ayer
ni mañana. ..
Eterna. . .
Y como todo lo eterno
sin medida.
Como un inmenso
corazón
latiendo
con la sangre
de tantos
COXAZONOS- - -
Amoneciendo
siempre...
sin 000S0S...
Con la luz
de una estrella
prendida
en tu sayal
de noventa años.-
EL SURREALISMO
Entre los movimientos literarios de los últimos cuarenta
años, el más definido, el de más transcendencia es sin du-
das el Surrealismo cuya repercusión entre los escritores, poe-
las en su mayoría y novelistas en menor grado, alcanza la
época actual. Fue André Breton, antes dadaísia, quien tec-
rizó las bases de la revolucionaria escuela en un período
en que eran frecuentes los manifiestos de los nacientes “is-
mos'que se suceden en los círculos artísticos de posiguerra:
Sus palabras "liminares” nos hablan de automatismo síquico,
rechazan la reflexión y los viejos cánones estéticos y preco-
nizan la expresión real del pensamiento, dejando de lado el
control de la razón y la de toda convención estética o mo-
ral. En esta misma declaración de propósitos de 1929 y en la
segunda aparecida en 1930 insiste en darle primer va'cr a
las imágenes oníricas, que por su natural incoherencia son
la negación de toda lógica, y en atribuir al sueño, al sub-
consciente, una transcendencia semejante a la propia vida
despierta; con la pretensión de encontrar por este camino
aparentemente ilógico, irracionalista, algo así como la ver-
dad heroica o imanente de que hablaba Juan R. Jiménez,
frente a la quiebra de los principios seculares que amena-
zaba destruir los pilares sobre los que había asentado Eu-
ropa la dictadura de una razón fría y deshumanizada. Pero
tan radical pretensión, compartida luego por tantos escrito-
res, encierra en su fondo, una desesperada actitud de re-
beldía que se concreta en una evasión del mundo circun-
dante: por medio de una muy libre modalidad de expresión,
la cual a pesar de sus incongruencias y oscuridades, a pe-
sar de su lenguaje, enfermo de "ocultación" en lo literario,
según las palabras de Guillermo de Torre, trasciende en una
desesperanza y en una angustiosa manifestación del yo fren-
te al maguinismo y a la mecanización de casi todas las acti-
vidades humanas. Es el grito lírico de protesta que revela
atormentada disyuntiva del artista ubicado en una circuns-
tancia difícil, comopocas de las atravesadas por sus antepa-
sados, cercado por un materialismo que se objetiva en
números y en máquinas, quien en la búsqueda de su con-
creción, de su verdadera razón de ser, encuentra frente a sí
sólo caminos de antaño transitados y como medio de expre-
sión, una lengua cuyos términos gastados por un uso sofís-
tico, han perdido la pureza de su significación.
Frente a esa perspectiva desoladora quedaba al poe-
ta entre las posibilidades, la de rehuir el encuentro por la
senda negativa de la evasión que le lleva a recluirse en
los dominios del subconsciente, nueva modalidad del ego-
centrismo y tan exacerbada que el movimiento podrá ser
tildado de super o supraromanticismo.-
1 gran escritor mejicano, Agustín Aragón, primerísimo
cultor del suprarealismo y que luego se incorpora al círculo
de Sartre, considera como génisis del nuevo movimiento la
inspiracion libre, espontánea, natural, y la misma gratuidad
nihilista en cuanto a sus fines, En este desborde de la ins”
piración en libertad absoluta que proclama Aragón, donde
las imágenes aparecen vertidas tan inconexas como se ofre-
cen al subconsciente, y paralelamente a lo que ocurría en
la pintura de vanguardia que transitaba por senda seme*
jante, proliferaron los iniciados, por convencimiento o nove-
dad, dentro de los nuevos cánones, y consecuentemente
irrumpen en la poesía y la novela en formá inusitada un
extraordinario cúmulo de composiciones que tiener como
características similares el automatismo síquico, el predomio
de lo onírico y su natural antirracionalismo. En España, entre
los grandes poetas que lo cultivaron, García Lorca lo hizó
esporádicamente en “Poeta en Nueva York” obra que suponé
un viraje brusco dentro de su manera habitual si la com-
paramos con la transparencia de su "Libro de poemas”, pe-
ro en menor grado en relación con el “R. Gitano” donde se
nola su evolución hacia formas más complicadas. También:
Rafael Alberti, entre tantos otros, escribió composiciones ple-
namente surrealisias como las que componen la colección
de “Sobre los ángeles”; pero el poeta español que se atuvo
más asidua y fielmente a las novísimas normas fue Vicente
Aleixandre por mucho tiempo consecuente con la más pura
expresión surrealista, primordialmente en su libro “Espadas
como labios” publicado en 1932, en el cual dentro de un mar-
co de honda poesia y originalidad se nota la eliminación
de la adjetivación meramente retórica, la búsqueda del epí-
teto original, el pr=ominio del sustantivo, la sinestesia, la
ruptura del sistem 1 de las representaciones y de las formas
lógicas tradicionales, la inusual concatenación de términos;
dispares y finalmente como matiz primordial reiterado en to*
dos los poemas, la incongruencia de las imágenes que se
suceden con profusión inusitada. Así ocurre por ejemplo en
estos versos iniciales de un poema de la colección antes
citada:
Te amo, sueño del viento,
confuyes en mis dedos olvidados del norte
en las dulces mañanas del mundo cabeza abajo
cuando es fácil sonreir porque la lluvia es blanda.
Las mismas características ofrecen sus nuevos poemás
surrealistas reunidos bajo el titulo de "La destrucción o el
amor”, y como intento de llevar a la prosa lírica las posi"
bilidades del nuevo género, llevado ya al pináculo en la
técnica de la novela por J. Joyce en su “Ulysses”, escribe
“Pasión de la tierra” obra sumamente hermética donde el
lenguaje aparece desnaturalizado de su valor comunicativo
y alento únicamente a plasmar las imágenes inconexas que
le brinda el subconsciente.
La ulterior orientación poética de Aleixandre desligada
en forma cada vezmás notoria de los límites demasiados rí-
gvidos del surrealismo, aparece exteriorizada en sus últimas
obras: “Sombras del Paraíso”, **Historia del Corazón” y *“Na-
cimiento último””, donde se puede apreciar el paulatino a-
bandono de la oscuridad y el ocultamiento anterior a la
par de un encauzamiento por una senda de mayor trans-
parencia y claridad, como se puede observar en esta es-
trofa de su poema “Ultimo amor”” de su libro Sombras del
Paraiso:
Niña de amor, tus rayos inocentes,
tu pelo terso, tus paganos brillos,
tu carne dulce que a mi lado vive,
no sé, no sé, no sabré nunca, nunca,
si es sólo amor, si es crimen, si es mi muerle-.
La posición actual de Aleixandre, por tanto tiempo fiel
a esta escuela, semejante a la de otros poetas modernos que
han optado por una salida positiva de la encrucijada surrea-
lista, puede inteprelarse como el comienzo del ocaso de es-
te movimiento de radical y novedosa contextura, pero débil
y negativo en su misma esencia, ya que al desestimar a la
lengua como vehículo de expresión, reducia la sugestión de
sus poemas al lenguaje de las imágenes inconexas.
En síntesis podemos decir que la revolución literaria
en las proporciones prelendidas por el surrealismo puede
inferirse como consecuencia directa de los tenómenos políti-
cos y sociales que agitaban a la Europa de postguerra, y
de acuerdo, por otra parte, con el general sentimiento de
reacción contra la idea tradicional de la literatura como a-
copio de formas estereotipadas, iniciado por Valery a prin-
cipios del siglo. En lo que antañe a su originalidad reco-
noce el surrealismo cierta dependencia del Simbolismo y en
mucho mayor grado del Dadaísmo ya que los cultores de a-
quél figuraron entre los que dieron vida a los efímeros nú-
meros de Dadá. Es evidente que a pesar de ser el surrealismo
uno de los “ismos'”” más definidos no ha podido sustraerse a
la contaminación con otros movimienios de vanguardia que
ofrecían algunos puntos de contacto con aquél; así ocurre
con el dominado Vertigral en quien los discípulos de Joyce
recogen las enseñanza del maestro, y donde se puede ob-
servar el mismo afán de ahondar en el subconsciente a lo
que se agrega el empleo de un lenguaje revolucionario su-
mamente Oscura:
Combatido en la actualidad por el neorraelismo que ha sido
fecundo en la novela y el cine, y más que nada por los es-
critores comprometidos que ha imitación de Sartre buscan
la rehabilitación del lenguaje como medio de comunicación,
aparece el surrealismo como un movimiento en vías de re-
gresión dentro de la predilección de los grandes poetas que
buscan en la actualidad un mínimun de acercamiento con
el lector por medio de un lenguaje de mayor autenticidad.-
ROBERTO A. PARODI
UN PERSONAJE DE
“LA GLORIA DE DON RAMIRO”
Los personajes no se miden ni se valoran por el espa:
cio que ocupan en las novelas o comedias, sino por la fuer-
-za vital, el pensamiento macizo o una cualidad anímica, que
permiten hablar de un carácier o caracieres de las figuras
que en ellas se desplazan.
Don Iñigo, por ejemplo, ocupa parie de la obra, pero
es un pobre viejo, muerto a lieempo, antes que llegara la
venganza de Felipe II.
Sin embargo, de escasa actuación, don Pedro de Bra-
camonte se yergue como una figura magnífica, campeón de
las libertades comunales, par de aquella otra, Juan de Pa-
dilla, que enfrentó: en defensa de los fueros, al monarca
Carlos l, y cuyo final trágico es idéntico al de nuestro per”
:sonaje-
Avila, en la novela, es centro sedicioso, como lo fue
en 1520, pues allí, reunidos los comuneros, designaron un
jefe, después que se levantaron conira el monarca Toledo,
la primera, Segovia, Zamora, Guadalajara, Murcia, Sala-
manca, Madrid, Cuenca, Alicante.
Pudilla y Bracamonte se levantan contra las exaccio-
_nes de los reyes, las exigencias de nuevos tributos y la de-
rogación de los fueros conseguidos antaño. Es lógico pensar
que, aparte de la injusticia en sí del hecho, los recaudado-
res los cobraran en forma violenta, validos de la represen-
tación real. Envalenionados corchetes, alguaciles deshones-
tos, privados protegidos constituirían la recua famélica de oro
para llenar las arcas públicas y las propias:
Diego de Bracamonte, de mostacho, tusado cabello,
barba entrecana; cejas retintas, piel pálida, mirada áspera,
gesto soberbio, caráter colérico -tal la descripción del autor-
sobresalía en aquel concurso de varonss que acudían a la
mansión de don Iñigo de la Hoz.
La palabra encendida, con broncos acentos por ins-
tantes, resuliado de su carraspera, lograba entusiasmar a
muchos, aunque pocos lo siguieran por temor al brazo largo
de Felipe. Su d«:rogancia y valentía aumeniaban si advertía
ser escuchado por supuestos delato: es.
La advertencia de la reunión de los sediciosos es he-
cha por un personaje secundario y en el que menos se cre-
vera, Casilda. Pero el verdadero delator es Vargas Orozco,
a quien ésta habia informado antes que a su amo.
Gradualmente se va presentado la posibilidad de de-
lación: primero es una exclamación contra la deslealtad;
«después el alejarse, para evitar comprometerse, de las reu-
niones de los revoltosos; luego la reacción del lectoral por
las expresiones sinceras e impregnadas de juvenil rebelión
por la injusticia, proferidas por Ramiro: -**Aunque así fuera,
«es menester seguilles. Ellos son los valientes y los honrados”
La concesión “aunque así fuera” es réplica a las pa-
labras de Vargas Orozco: - “Todo esto habrá de concluir
sobre un cadalso”
Otra prueba es la contestación vaga de Vargas Orozco
a Ramiro que le pregunta que quién ha dado los nombres
de los conjurados.
“Alguno será -replicó el lectoral- que ni quiso ver a
España destrozada otra vez por la revuelta, como en tiem-
pos del Emperador”.
- . Los argumentos utilizados, si bien esgrimidos con dia-
léctica jesuítica y sutil para impresionar a su pupilo, no son
convincentes, pues les atribuye a los jefes levantiscos "hon-
do despecho de no haber merecido honor alguno en su vida”
Se disminuye la maguitud del propósito justiciero de
preservar los derechos antiguos: causa exigua para expo-
ner la cabeza.
Bracamonte no vacila en la disyuntiva honra-muerte,
prefiriendo perder la vida que aquélla.
-“¡Eal: mostremos que de algo vale aquella sangre delicada
que heredamos de nuestros mayores"». (Delicada significa
aquí exquisita, en extremo cuidada, escrupulosa)
Más levantado el gesto rebelde de Bracamonte defen-
diendo la pervivencia ae los fueros de Aragón, no los pro-
pios castellanos hollados por Carlos V años anies. Pero es
que él advierte los designios de Felipe 11 y admitir lo de
Aragón significa prohijar la tiranía.
Lo dice con admirables palabras: “Ya sabe vuestra
Reverencia que, según los antiguos, la pendiente de la t-
ranía todo está en empezalla; y si a tal se atreven con Ara-
gón, que lan celosamente ha guardado hasta aquí sus li-
beriades, iqué no osarán luego con nosotros. .]"
Y el más altivo caballero avilés es ajusticiado un día
de llovizna.
El ambiente tenso de la ciudad, las bocas amordaza-
das por el miedo, las letanías amodorrantes de las distintas
órdenes religiosas, el paso multiplicado de las mulas y ca-
bailos de la caravana de la muerte, las ropas oscuras de
los frailes y las negras de los alguaciles y corchetes y el
día gris de llovizna, habían convertido a Avila en una ciu-
dad siniestra. Es la ciudad de Diego Bracamonte, "hombre
de mucha honra... gran caballero, no pudo ser aleve ni
traidor...”
No impresiona en este soberbio caballero, en el último
gesto de su vida, su serenidad de ánimo nisu resuelta mar-
cha hacia el patíbulo, sino el tomar con sus manos el ma-
dero ajustador del cuello al tronco y ofrecer “el pescuezo al.
espantoso cuchillo”.
Como sucede a casi todos los héroes civiles, a los de-
fensores de las grandes causas, el revoltoso don Diego mu-
rió solo, sin que nadie tuviera, por lemor, una palabra de
rebeldía ante tamaña injusticia, excepio la expresión de
Ramiro, valiente y pública: -“¡Dios reciba ha alma, gran ca-
ballero!.-
MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ
ALEJO PEYRET PUBLICISTA
La llegada de Alejo Peyret a a en pao
incidió con el triunfo, en el Río de la Plata, e N9s p ES
que se definía como liberal y progresista. De a a
co de conocerse su labor periodística en aquella ci >
fuera invitado a trasladarse a Enire Ríos, E ie
cía campo propicio para desenvolver su activida: sus al
ra. En efecto, Entre Ríos era puntal de las da plan "9 a
tinas gracias a la acción .civilizadora Saa . a E a
personaje de mayor gravitación política del momento:
uiza.
CD a E conocida es su obra como o? pa
la provincia, sobre todo en el aspecio cultural. E or su inicia:
O a ea
nombrar una sola de (
Colemia Hisiórico, su heredaro, desafiando desde su sugen
las tendencias oscurantistas y retrógradas que pa nio
por imponerse Y preparando generaciones a SS as
en la gran obra civilista que inaugurara sn je a
tras el gobernante porteño volvia los ojos prat nos ES
colonial, el entrerriano, con visión amplia y aaa e
tiempos, se lanza decididamente a poraSión Y a an
ideales de mayo, larga e injustamente posierga , a
Entre los extranjeros ilusires que AER a ns
grande empresa merece destacarse la ps ds Ale o
Peyret Era de origen francés. Nació en dla e Spano
mento de Bswarn (región de los Pirineos). y ja pr En
en Pau, continuando estudios super: ves de qe 2 y
rís. Alí se adhiere al movimiento pende E 0
ciando sus primeras armas en el campo de a a :
mo secretario de uno de los jsfes republicanos. Ena a
sobrevenir la dictadura de Luis Napoleón, a psa ol =s
buscaron el camino del destierro; entie ellos par , quie
con sus hermanos se radica definitivamente en ao, 1
En 1855 el Dr. Alberto Larroque. a la sazón | +] al
Colegio del Uruguay. loinvitó a integrar el cuadro 2 En
Íesores de ese establecimiento, iniciando sus AOS SS us E
vas que años más tarde continuaría en la Universida: E
Buenos Aires para posteriormente retornar a o pa
de adopción: Se le encomendaron las cátedras e Pa
de las Instituciones libres además de las de als onte A
poránea y Francés que le dieron ide ac de en
evidencia la amplia cultura y la formación livperal reci
ís natal.
se 3 producción literaria es abundante Y de ie qn
versación le permite emprender con la misma a e a q
“Historia de las religiones” como traiar los pro pas ms
arduos y complejos de la vida del agro. Pero sin E as
dudas, gran parte de su obra de publicista estuvo ES +
da a difundir sus proyectos colonizadores. El EOS lo 5
nifiestaz “Todo hombre debe fener una idea al servicio
la cual consagre su existencia. La mía era la colonización
Y le sacrifiqué un largo período de años, pues creía traba-
jar por la felicidad de la humanidad y por el porvenir del
mundo en estas hermosas regiones de América del Sud”. Ya
en Francia había formado parte de un comiié de agricultu-
Ta Y colonización como contribución al movimiento que pre-
tendía “regenerar y transformar la sociedad” y al dispersar-
se sus miembros en 1851 “yo me vine a la América del Sud
—dice— siempre con la idea de la colonización”.
El 11 de Julio de 1857 se le encarga la administración
de la futura colonia San José con una asignación de $ 120
mensuales. Lo vemos, entonces, dirigirse a Esperanza a efec-
los de estudiar la organización de esa colonia pero con
gran sorpresa descubre que no tenía ninguna. Á fines de
julio se hace cargo de la misión encomendada corriendo
por su cuenia los contratos de colonización y la administra-
ción de la nueva colonia, En 1862 se creó el Juzgado de Paz
y el administrador de la colonia fue designado primer juez.
Su larga experiencia al frente de aquélla y sus pro”
vecios sobre colonización le valieron el ser enviado, en 1881,
por la Dirección de Tierras y Colonias a Misiones, con el ob-
jeto de informar sobre la conveniencia que ofrecía el terri-
torio para una futura colonización. Fruto de esos viajes fue-
ron los relatos dirigidos al diario “Tribuna Nacional” que se
recopilaron ese mismo año bajo el nombre de “Cartas sobre
Misiones”. El viajar por esas regiones había sido un proyecto
largamente acariciado por Peyret. “Cuando Martin de Moussy
emprendió sus exploraciones -manifiesta- yo me ofrecí para
acompañarlo. Anteriormente había formado con Amadeo
lacques el proyecto de recorrer toda la América; Jacques
salió de Montevideo con esa idea, pero se detuvo en Tucu-
mán donde se hizo panadero y tahonero”. .
En 1889 reune bajo el nombre de “Una visita a las
colonias de la República Argentina” las cartas que dirigiera
a “Tribuna Nacional” con motivo de haber realizado una
misión similar a la de 1881. Estas relaciones, como que han
sido escritas para un periódico, relatan en forma amena y
ágil las impresiones recibidas día a día en sus viajes, que
él matiza con algunas consideraciones de carácter histórico,
sociológico, educativo, intercalando anécdotas, descripciones
geográficas y costumbres indígenas. En suma, interesándo-
se por todo, desde lo autóctono hasta la crítica de carácter
político. Pero como su idea dominante es la colonización, no
deja de aportar datos interesantes sobre la materia. Se
muestra partidario de la inmigración artificial que considera
debe llevarse acabo conciliando la aución oficial con parti-
culares, pues a pesar delos fracasos de los primeros inten-
ios colonizadores, sin el empuje inicial del estado hubiera
sido imposible atraer la gran corriente inmigratoria. Se opo-
nía así a la inmigración espontánea sostenida por Alberdi,
pues, entre oiros inconvenientes, encontraba que no se selec-
cionaban los elementos dedicándose, algunos de ellos, a
ljareas ajenas a la producción de la tierra. Además veía la
competencia que en materia inmigratoria ejercían los EE. UU.,
Brasil y Australia. Peyret, que se hallaba como adherido a
nuestra tierra, trataba de encontrar las causas que entorpe”
cían la política inmigratoria. “Aquí decía— los mismos go-
biernos no saben todavía de que tierra pueden disponer 3
las guerras civiles entorpecen los planes mejor inspirados,
la libertad de cultos que a pesar de enconirarse en forma
expresa en la constitución, dista de ser una realidad palacios
En este aspecto se sabe de la polémica que mantuvo con e
sacerdote Cot quien pretendía ejercer discriminación religio-
sa sobre los elementos humanos que habia ido a contratar
a Europa. Como era lógico pensar, esa extralimitación de
de las funciones del presbítero provocaron la justa indig-
nación del general Urquiza que ordenó a Peyrei escribir en
el periódico “El Uruguay” para desvanecer los iemores que
tal aciitud había desperiado en el viejo mundo: Esos artícu-
los, vertidos al irancés por su aulor. fueron publicados con
el nombre de ““Emigralion et colonisation- La colonie San
José” para ser distribuidos en Europa.
En otro orden de cosas, paro siempre afín con la colo-
nización, se manifiesta en 18/8 partidario del movimiento coo-
perativista, afirmando que no basta erigir una a E
abandonarla sino que debe lomentarse la instalación e
instituciones cooperativas: Bancos de crédito agrícola cl
ayudar a los trabajadores rurales, cooperativas agricolas
donde el agricultor pueda comprar artículos de consumo a
precios ventajosos y donde pusda depositar su cosecha E
espera de una venia conveniente, por último, instalación e
usinas cooperativas que beneficien a la producción y al pro
ductor. Por tal circunstancia, podría considerarse a Peyret
como propulsor del movimiento cooperativista de Entre Ríos.
En 1872 había presentado a la legislatura entrerriana
un proyecto de colonización y con posterioridad se le acon-
sejó fundar una colonia en Paraguay pero la iniciativa no
prosperó.
Peyret consideró, como nuestros grandes estadistas, que
el problema de estas tierras se reducía, en última instancia,
aun problema de despoblamiento. “Los hombres que rodea-
ban al Gral, Urquiza, Carril, Gutiérrez, Gorostiaga, Fragueiro,
Peña —explica — habían comprendido que el poblamiento
del territorio argentino debía ser el complemento de Case-
ros; veían claro que no bastaba hacer la más hermosa de las
constituciones. que esta constitución quedaría en estado de
quimera aplicable, de letra muerta, en tanto que quedara
reducida a reinar en el desierto”.
En sus escritos, en repetidas ocasiones expuso sus ide-
as sobre educación. Mostróse partidario de reformas edu-
cativas tendientes a imponer una enseñanza primaria obli-
gatoria y gratuita, “quese formen menos doctores a expen-
sas del estado y que se dé a todos los niños rudimentos
indispensables de instrucción primaria" decía en 1883. Pro-
pugnaba una educación integral que debía desarrollar las
facultades físicas, intelectuales y morales del hombre por
igual, para quese convierta en elemento útil de la sociedad
que integra. La escuela debía formar hombres que apren-
dieran a reflexionar y no simples repetidores de la ense»
fñanzas del maestro, agregaba. Este debe actuar como estí-
mulo y guía y las verdades. descubiertas por el alumno, tal
como acontecíia con los alumnos de Sócrates.
Sin tomar parte en las luchas políticas que agitaron a
la provincia a la muerte del general Urquiza, creyó su de-
ber el tomar partido, diciendo por qué ideal se inclinaba.
Algunas de las opiniones que se le atribuyen sobre la crisis
porque atravesaba Entre Ríos en 1873, cuando la provincia
se levantaba desafianie en defensa de su autonomía, apa-
recieron en la “República” y luego reunidas en el folleto
“Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre-Ríos
por un extranjero”, publicadas en Buenos Aires en el mismo
año. Como republicano fervoroso, fiel a las ideas que los
obligaron a abandonar su patria, se muesira en completo
desacuerdo con la medida tomada por el gobierno nacio-
nal y fustiga severamente la práctica intervencionista de los
presidentes Mitre y Sarmiento. Su condición de extranjero le
permite superar las pasiones y los conflictos personales que,
muchas veces, llegaron a dominar a nuestros próceres y a
juzgar a los contendores con imparcialidad; combatiendo, sí,
los principios equivocados, las malas instituciones, las prác-
ticas eleccionarias, las arbitraridades. Tratándose de un ob-
servador ian agudo como Peyret, quien supo captar la reali-
dad circundante en todcs sus aspectos, interesan sobrema-
nera sus apreciaciones sobre el momento político que vivía
Enire Ríos. “Algunos mecalifican de jordanista disfrazado
cuando no soy más que un amigo de la verdadera política:
y del país que me dió la hospitalidad, y a quien quisiera
ver grande, próspero y libre en el seno de las pain 5
republicanas”, manifestaba. Como solución a estos pro e
mas preconiza la práctica sincera de las instituciones rea
blicanas, la elección directa y la reforma del ejecutivo, segú
j suizo. 2 .
E Minos a ideas institucionales que sostenía quien había
enviado a sus compatriotas un proyecto de constitución o
Francia. Tal las ideas de un extranjero, cuya larga perm E
nencia en el país donde trabajó y contribuyó a su paa
y bienestar le hicieron ps E RARA el se
imi ralista que animaba a s E
A a! en Buenos Aires a pineicios as
nuestro siglo- La trascendencia de su obra en beneficio
país que generosamente le abrió sus puertas, adquiere sin-
gular resonancia y su nombre se halla ligado A
a los que colaboraron en la gigantesca obra de la orga
zación.”
SARA ELENA BRUCHEZ
PRESENCIA -Revista del Instituto Nacional del Profesorado.
! de Paraná Año l, No. 1, 1963.-
En septiembre de 1963, apareció el primer número de
PRESENCIA, Revista del Instituto Nacional del Profesorado
de Paraná, bajo la dirección del prestigioso educador e his-
ioriador Facundo A. Arce.
PRESENCIA es toda una realidad; es el logro de un
objetivo largamente esperado -como se lee en sus propósitos”
"cumple la misión de divulgar preferentemente el pensa-
E Y las inquietudes de sus profesores, alumnos y egre-
sados”.
Su finalidad fundamental es la cultura, pero como ex-
presión por sobre jodo, de las cosas entrerrianas, es decir,
nuestra comarca pedagógica, lo que está volcada en sus
emotivas páginas. No hay dudas de que ello se ha logrado
cabalmente. Lo apreciamos de la lectura de sus trabajos
donde surgen nombres conocidos en nuesiro quehacer in-
telectual y en la variedad de los títulos, lo que habla elo-
cueniemente del valor de la revista que comentamos. Miguel
A. Andreetto se hace presente con Fedro y sus fábulas; Elsa
E. Fehleisen de Ibañez, con El magisterio de Joaquín V. Gon-
zález; Alicia S. Gericke de Etchegorry, con Notas para Gon-
zalo de Berceo; Osvaldo F. Melella, con Hombres, héroes y
dioses en la mitología helénica; Roberto A. Parodi, con Co-
rrelación y paralelismo en la poesía de Bernardez, Antonio
R. Turi, con La poesía y las palabras; Juan M. Jozami. con
Arboles y arbustos cultivados en la Plaza 10. de Mayo de
Paraná; Facundo A. Arce, con Sesquicentenario de la Villa
de Nuestra Señora del Rosario del Paraná; Manuel E. Mac-
chi, con Urquiza en algunos aspectos dela economía nacio-
nal: Alberto J. Masramón, con Las tendencias separatistas de
Cataluña; Juan C. Wirth, con Impresiones de una fugaz visita
al Museo de Arie Cretense de Candia; Oscar Reula, con
Lugar de la Matemática en la enseñanza media; Juan C.
Calvoso, con Ciencia, cuerpo y mundo en la psicología con-
iemporánea; Lidia B. Guggiari, con El arte de Vincent Van
Gogh; Celia O. de Montoya, con El idealismo lógico y el
idealismo volitivo en la educación; Filiberto Reula, con Los
ideales de nuestra educación y Rubén L. Vasconi, con Ale-
jandro Korn y la filosofía actual.
Una savia nueva alienta pues a estos inquietos estu-
diosos que ponen sus ideas al servicio del pueblo, y «u fe
que lo consiguen a través de la lectura de sus 242 páginas.
PRESENCIA se complementa con notas bien logradas
sobre Aniversarios, Homenajes, Distinciones, Bibliográficas
“y Misceláneas.
Sus realizadores saben que la voluntad hace posible
a lo que se aspira, que es -para el caso que comentamos”,
construir en el mundo del conocimiento. El contenido de la
entrega muestra sus notables alcances que valoramos como
«xpresión de inquietud e inteligencia.
Ha sido impresa .en los Talleres del Boletín Oficial e
Imprenta de la Provincia de Paraná.
Sólo nos resia añadir que este esfuerzo logre su per-
manencia en el tiempo, como exponente de esa gran casa
de estudios que es el Instituto Nacional del Profesorado Se-
cundario de Paraná.-
ALBERTO J. MASRAMON
NAVIDAD Y POESIA
El lema de la Natividad de nuestro Señor, motivo de
regocijo para lodos los fieles, es juntamente con el culto de
la virgen María, uno de los que más sedujo a los poetas y
dramaturgos desde los albores de la latinidad cristiana. El
análisis de la literatura del medioevo revela que así como
los cantos en homenaje a nuestra Señora constituyen los pri:
meros ensayos líricos de la poética monacal, las represen”
taciones del nacimiento de Jesucristo fueron en lo concer-
nienie a las experiencias dramáticas a tal punto imporianies,
que el ieairo en los pueblos románicos nace de los oficios
divinos y especialmente del sacrificio de la misa. Esta bifur-
cación de las expresiones literarias en dos motivos cultiva-
dos con preferencia dentro de la lírica y el drama respecti-
vamente, es notable en las lenguas romances y originaria-
mente en la provenzal, la primera que alcanzó “disciplina
rítmica” según Menéndez y Pelayo, en cuyas canciones
generalmente artificiosas y en contraste con una temática
en su mayor parte erótica y personal. encontramos poesías
dedicadas a loar las excelencias de la Virgen. Estas compo-
siciones, en mayor número y transidas de honda devoción,
se observan en la lírica gallega, primogénica entre las his-
páúnicas, nacida a consecuencia de la influencia provenzal,
que se había hecho conocer através del famoso camino de
los peregrinos, trovadores y juglares en su mayoría, a San-
tiago de Compostela.
En ese hermoso dialecio escribió Alfonso el Sabio las
famosas Cantigas al igual que, cuarenta años antes, lo ha-
bían hecho Gautier de Coincy en Francia y Berceo en la
misma España, ésie último dentro de los monótonos versos
del mester de clerecía, a través de los cuales hizo conocer
a los fieles de La Rioja, sede de su monasterio, el poder de
la fe y de la oración que inspiran los milagros de nuestra
Señora, tan numerosos que el autor termina la introducción
diciendo: “más son que arenas en la riba de la mar”. Esta
veneración por la madre del Señor y en la cual rivalizan
los poetas por loar mejor sus virtudes, la gracia, la inocen-
cia y el albergue espiritual que ella representa, se vuelca,
sin detenernos en los Gozos. Loores y las Cantigas piadosas
del Arcipreste de Hita, en los numerosos cancioneros de la
epoca en cuyas páginas encontramos a cada paso poesías
en su alabanza o canciones destinadas a celebrar la Navidad.
En tanto el tema del Nacimiento porsus características,
por los molivos que le acompañan: la llegada a Belén, la
adoración de los pastores y la posterior de los Reyes Magos,
era recogido por los dramaturgos y se concretaba en Autos
y Representaciones, el más antiguo de los cuales se guar-
da en la catedral de Nevers y data del año 1060, Esta pro-
pensión a encararlo en forma dramática se manifiesta tam-
bien en España, y al igual que en la lírica por influencia
francesa, siendo la primera y única por mucho tiempo Re-
presentación conservada, el *“Misterio de los Reyes Magos”,
escrito posiblemente en la primera mitad del siglo XII y al
cual un crítico llamara “solitaria expresión de nuestro teatro
hasta el siglo XV”.
El fragmento que se conserva recrea el diálogo de los
Reyes sobre la llegada del Salvador y la forma de recono-
cer sies el verdadero Mesías. En los años siguientes es prác-
ticamente nula la existencia de manuscritos, posiblemente a
causa de que la frecuencia con que era tratado el tema ha-
cía innecesaria su documentación.
Recién con Gómez Manrique. poeta de la corte de los
reyes católicos, nos encontramos con un ejemplo semejante
titulado: “Representación del nacimiento de nuestro Señor”
que fue puesio en escena en el monasterio de Calabazanos-
Escrito en versos octosilábicos, trasunta una candorosa ino-
cencia, sobre todo la canción final llamada: “Para callar al
Niño”, especie de villancico formado de una mudanza de
ires versos y un cuarto que obra a manera de vuelta como
en el zégel:
Callad vos, Señor,
nuestro Redenter,
que vuestro dolor
durará poquito
Angeles del cielo
venid dar consuelo
a este mozuelo,
Jesús, tan bonito.
Con posterioridad a Manrique las Represer.taciones
llamadas, desde entonces, con preferencia Autos, abundan
en los códices y en las colecciones teatrales y prácticamente
no hubo dramaturgo en España que no las escribiera; Juan
del Encina, Gil Vicente y tantos otros escritores que antici-
pan el gran siglo hispánico, compusieron innumerables pie-
zas devotas, más tarde acrecentadas en épocas de Lope y
Calderón.
Pero junto a estas manifestaciones de la poesía culta,
los siglos XVI y XVII nos ofrecen el inagotable repertorio
del Romancero en cuya temática piadosa se cultiva tanto el
iema del Nacimiento como el de la admiráción de la Vir-
gen. Todas las composiciones de este tipo trasuntan la re-
ligiosidad profunda y fervorosa del pueblo como acontece
con este ejemplo iradicional en toda la península:
Caminando va José,
caminando va María,
caminan para Belen
para llegar con el dia.
Cuando llegan a Belén
toda la gente dormía.
Abre las puertas portero,
portero de portería...
O este otro titulado “Camino de Belén” muy común en
Asturias:
Caminando va la Virgen
en derechura a Belén
con un niño de la mano:
Jesucrisio, nuestro bien...
En el siglo XVII! Góngora escribió también numerosos
romances líricos y letrillas dialogadas en los cuales los pas:
tores celebran la llegada del Creador; en el XIX Zorrilla
trató los mismos temas dentro de las nuevas formas puestas
de moda por el Romanticismo; y para abreviar las citas que
serían incontables, damos los nombres de dos grandes poe-
jas contemporáneos: José M. Pemán en España Y Francisco
Luis Bernárdez en nuestro país, dignísimos e inspirados cul-
tores de tantos temas religiosos. da
El primero nos ofrece ejemplos tan líricos Y bellos como:
“Meditación de la soledad de María”, “Presencia de Dios
y las demás que llenan las páginas de sus poesias sacras.
Bernárdez por su parte, escribió versos tan prolundamente
piadosos como éstos que inician el “Soneto del dulce nombre”:
Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanio amor como agua fría,
se llamaría por amor María,
y no lan sólo mar como se llama. .-
O como aquellos versos largos incluidos en sus '“Poe-
mas elementales” para celebrar la llegada del Salvador de
los que sacamos esios ejemplos:
Esta es la noche de las noches, ésta es la noche prometida
Y esperada.
Esta es la noche en que los cielos se reconcilian con la tie-
rra castigada»
Canta la estrella en el espacio como el ardiente ruiseñor en
j la espesura.
Todos los ángeles del cielo cantan en coro “gloria a Dios
en las alturas”.
Y los pastores se arrodillan, enceguecidos por la luz y por
la música.
Porque en Belén hay un pesebre, y en él un Niño que ha
venido a rescatarnos.
j iñ D lla: trono del Rey, fuente del
Y junio al Niño una Doncella: tr da Abel
ROBERTO A. PARODI
DERECHO A “JUIR”
Creo haber hallado en la legislación argentina del si-
glo pasado, en la de la Banda Oriental y en la hispanolusobra-
sileña de Río Grande del Sud, como, así también, en los
usos y costumbres acepiados y cumplidos bajo “opinio finis
vel neccesitatis” por los hombres y mujeres que habitaron
las llanuras pastosas, abiertas e incomensurables, de la
maravillosa cuenca del Plata, elementos más que suficientes,
para puder afirmar que se estaba configurando en esta
parte de la América meridional, hasta casi el filo del comien
zo de la centuria que vivimos, una órbita jurídica distinta,
originalísima, que por sus características propias, el medio
ambiente en que nació y se desenvolvió. podría denominar-
se, presumo que acertadamente y sin caer en un excesivo
nativismo. con el título pomposo; pero significativo, de DE"
RECHO GAUCHO.
No cabe tratar aquí, en extenso, tan curiosa como iné-
dita materia, cuya existencia no ha sido señalada hasta el
presente, ni por legistas ni por tradicionalistas; a pesar de
que, muchas de sus figuras jurídicas fueron notorias en su
époza. Y, otras, superviven, aunque desfallecientes, en me-
dio del escaso campesinado criollo que resistió milagrosa-
mente al alud inmigratorio. Tiempo vendrá, Dios mediante,
en que darán a luz los portentosos montes, Y, entonces, todos
los antecedentes que he reunido, compilado y anatado so-
bre el particular, serán publicados. Se conocerá así, a tra-
vés de ellos, una faceta oculta de un mundo caduco, de
una sociabilidad casi perdida. La escena antigua quedará
iluminada con un haz distinto que permitirá hacer resaltar
un aspecio de la cultura gauchesca inexplicablemente des-
conocido.
El “derecho a juir”, que expongo a continuación, es un
enfoque parcialísimo, mínimo, diríamos, dentro del vasito pa-
norama del DERECHO GAUCHO; un mero acápite dentro
del frondoso conjunto incodificado de normas nativas con
sabor telúrico. Si hago referencia a él en esta ocasión y no
a otro derecho o a otro tipo de relación jurídica. es por que,
al mismo tiempo en que lo doy a conocer, tributo simulid-
neamente un homenaje a Pancho Ramírez, el ilustre gaucho
entrerrieno que usó el título de “Supremo” y vistió casaca
de general, quien tuvo el don, único, de legislar, pampea-
namente, sobre la materia, en los famosos reglamentos que
dició para el buen orden de su efímera república mesopo-
iámica; verdadero antecedente, americano, aun no catalo-
gado, al derecho de asilo consagrado en el Tratado de
Montevideo.
El “derecho a juir” surgió espontáneamente del dere-
cho natural. Lo utilizó el gaucho, sin desmedro de su valor
ni de su hombría de bien, en cuanta situación puso en pe-
ligro, irrazonablemente, su libertad o su vida. Martín Fierro,
en un pasaje de su relato inmortal, nos narra, sin un ápice
de desprecio o de asombro, que un sujeto; uno como tantos
otros, que no queria servir en una ignominiosa reclutada:
"Tuvo tambien que juir”
“a guarecerse en la sierra”
El mismo Fierro y su amigo Cruz, tambien “Guirán» para el
desierto cuando las condiciones en que se desenvuelve su
vida deniro la sociedad se hagan intolerables y la pérdida
de su libertad inminente. La vida libre era consustancial
con el gaucho y su privación un suplicio mortal. A don To-
más de Rocamora le costó la destitución y el mando de Entre
Ríos Y, quizá, toda una brillante carrera, la prisión de un tal
Méndez, un criollazo de ley, que se suicidó al verse some-
tido en Gualeguay a una prisión injusta impuesta por el
comandante español. Enterado el virrey del escándalo de
la muerte lo alejó a Rocamora rápidamente del “continente”
de sus amores.
Este derecho innato en el gaucho tue llevado a la ca-
tegoría de norma inalienable por Pancho Ramírez. En 1820
había dividido su república en departamentos, al frente de
cada cual había colocado un comandante, que por sus atri-
buciones castrenses, policiales, judiciales, fiscales y políticas,
más que un funcionario era un verdadero señor de horca
y cuchillo. Todo le estaba permitido para poder así mante-
ner el orden, la disciplina, la cohesión y el patriotismo en
aquellos tiempos primitivos y heroicos, menos una cosa; qui-
zá la más sencilla: la de fusilar. Esta potestad estaba Teser-
vada para el Supremo, que la utilizaba, a veces, frente a
<asos insolubles para la justicia cimarrona. ,
Deniro de un sistema tan rígido, tan férreo, jan des-
pótico, impuesto sin duda por las circunstancias dramáticas
en que se vivía, fácil es colegir las injusticias que se come-.
lerían a veces o los abusos de poder en que se podía in-
currir en perjuicio de la poblazión sometida a la férula del
comandante; máxime, teniendo en cuenta que ni siquiera se
podía salir del territorio del departamento para recurrir en
queja a la autoridad superior, pues el artículo 100. del Re-
glamento de Orden Político, establecía que ningún individuo,
podía trasladarse a otra jurisdicción sin estar munido de
una licencia, otorgada por escrito, por el propio comandan-
te, que sin duda no la facilitaría a quienes se sintieran
agraviados por su conducta.
Por otra parte no era fácil aventurarse a viajar sin
pasaporle en la república ramiriana. El artículo 17 del Re-
glamento de Orden Militar establecía terminantemente que
bajo ningún título ni pretexto podrá el comandante de un
departamento admitir en el suyo, ningún vecino de otro de-
partamento sin licencia por escrito del comandante de quien
dependa; so pena, nada menos, que de la cesantía del co-
mandante o del subalterno que lo admita. Además, el 18
facultaba prácticamente a cualquier autoridad departamen-
tal, judicial, policial o militar, para pedir el pasaporte a cual-
quier iranseunte y en caso de no tenerlo este por escrijo,
arrestarlo, asegurarlo y remitirlo a disposición del señor co“
nte.
er último, en caso extremoso, quedaba el recurso de
esconderse en casa de algún conocido o pariente; pero, el
sisiema policiaco imperante no favorecía esa clase de qe
pedaje adventicio, y el Bando fechado el 29 de Septiem re
de 1820, conminaba a los vecinos, en su artículo 80, a noa
mitir en las moradas a persona alguna sin previa Asia
a la autoridad competente, con especificación precisa En
individuo de que se trata. No se me diga que de acuerc o
al artículo 27 del Reglamento de Orden Político, “ningún in
dividuo podrá ser privado del sagrado derecho de reclamar
justicia en el Tribunal Superior” porque cabe al da el
tarse quién A Ea, el gesenbal al gato?. La apelación
a el comandante. E
ll ms aquí es donde aparece el “derecho a juir” san”
cionado por ese gaucho admirable que fue Pancho Ramírez:
El Supremo advirtió que todo ese sistema debía q — e
sariamente una válvula de escape, sobre todo en or o
paisanaje sufrido, carne de cañón de sus ejércitos, 40 a
sistema político instaurado, que hoy los catedráticos E ==
cho constitucional, clasificarían como de democracia a +
“Sólamente que en caso que un individuo sea ne o lo
—prescribe el artículo 200 del Regluamenio de Orden a itar:
por el comandante del departamento, y reclame ed E
al jefe supremo, deberá ser admitido sin pasaporte o
rablel Y agrega el artículo 210, completando la E ic
idea: “En el caso dicho de violencia inferida por e señor
comandante. ..podráú el individuo de un Apis io an
que sea e para ser admitido en otro, guardando lo ex
en el artículo anterior”. E j
Pl emocionante constatar la existencia de este
artículado jurídico gauchesco y advertir en Ramírez 5 da
lador práctico, humano, conocedor a fondo de los. ombres
y de la indiosincracia de su pueblo. El derecho a ze = 2
cionado implica necesariamente el correlativo del de asi e
pues la admisión en otro departamento, sin paraboia o li-
cencia escrita, del individuo que ponía los pies en po de
sa para escapar de las garras de su comandante nara
y la autorización para permanecer en él. hasta que se ac a
raran las cosas, tiene todo el significado y todas las carac
terísticas primordiales que configuran lo que llamamos en
derecho americano: “asilo”. Por ello, es que decia al dia
cipio, que en los reglamentos ramirianos había un e a
dezro antecedente, valiosísimo, al Tratado de Montevideo”.
CARLOS ALBERTO ROCA
FILIGERTO REULA: “Hisioria de Entre Rios-Política,
Emica, Económica, Social, Culiural Y Moral”. Tomo I-
Editorial Castelvi Soc. Anón. Santa Fe -Enire Bios. 282
páginas.-
Esie primer tomo que nos enirega el Prof. Filiberto Reu-
la abarca desde los tiempos prehistóricos hasta 1954, es de-
cir hasta la primera presidencia argentina, la del General
Justo José de Urquiza.-
Presenta esta obra una peculiaridad, pues a la par
que nos va mostrando la evolución política de nuestra pro-
vincia, en capítulos apartes nos refiere los aspectos econó-
micos, sociales. culturales y morales de los distintos periodos
históricos de nuestra tierra natal. Su autor manifiesta 'el por-
qué de ésie contenido integral, al decirnos en su introduc-
ción lo siguiente: “Puesto que la Historia tiene por objeto
la reviviscencia del pasado humano, mediante la reconstruc-
ción, la descripción, la explicación y la comprensión de los
hechos que influyen en la existencia Y en el devenir de
hombres y pueblos, su contenido debe estar integrada por
los acontecimientos de todos los órdenes, que lengan dicha
condición y no tan solo, como ocurre tradicionalmente, por
los de carácter político militar”. Es decir que toma el aspecto
político para desarrollar su historia. porque considera «u este
hecho como resultante de los anteriores, haciendo destacar
el aspecio económico. pocas veces estudiado por nuestros
historiadores, pero no afirma, por supuesto, que es el único
determinante.
Divide su obra en tres grandes periodos o épocas his-
ióricas. al igual que la nacional: Prehistórica, colonial Y na-
cional.
La primera abarca desde la aparición del hombre
hasta el año 1520; la segunda desde 1520 a 1810 Y la tercera
desde 1810 a 1963.
Salvo la primera parte, que es sumamente breve, las
oiras dos están divididos en capítulos en los cuales trata ca”
da uno de los aspectos citados más arriba.
La obra que se comenta detalla los acontecimientos
históricos en forma objetiva, sintética y moderna. Aunque
si bien no trae material inédito, eran necesarios nuevos es-
tudios y enfoques sobre este tema, porque no deben olvidar
los argentinos, que Entre Ríos ha ejercido una enorme gra-
vitación en los sucesos nacionales y ha contribuido con in-
fiuencias p:eponderantes en la organización institucional de
la República.
Esfuerzos de este tipo no había desde la aparición de la
historia de Entre Ríos de Leoricio Gianello, pero lo más im-
portante, volvemos a repetir, del trabajo del Señor Filiperto
Reula, es su aspecio económico; muy superficialmente toca-
do en otras obras consideradas como clásicas en nuestra
bibliografía y que permitirá al historiador o al estudioso de
nuestros problemas internos, lener un cabal conocimiento de
la Patria Chica.
Destacamos por último, que esta obra ha llenado efi-
cientemente este vacío dentro de nuestra historiografía y,
como dije en un comentario anterior, ver "conscientemente,
el valor que tiene la historia de Entre Ríos dentro de la his-
ioria nacional, corrigiendo definitivamente el error de hacer
girar en torno a Buenos Aires toda la evolución del país”.-
CELOMAR JOSE ARGACHA
IMPRENTA COMERCIAL
BARBISAN Y ROMERO
CONCEPCION DEL URUGUAY
ENTRE RIOS